Teresa Rivero, en una imagen de archivo
El día a día de Teresa Rivero, la viuda de Ruiz-Mateos una década después de su muerte
De presidenta de un club de fútbol a abuela dependiente, su historia es la metáfora viva de cómo la fortuna puede evaporarse en apenas una generación
Han pasado diez años desde que José María Ruiz-Mateos murió en El Puerto de Santa María en septiembre de 2015. Con él se apagaba la voz más estridente de un clan que durante décadas fue sinónimo de fortuna, poder y escándalo. Su célebre «¡que te pego, leche!» quedó como epitafio popular de un empresario que hizo del desafío al sistema su bandera, aunque terminara atrapado en su propia telaraña de negocios. El ocaso de la familia Ruiz-Mateos se observa con los hijos dispersos entre prisiones y litigios y su viuda, Teresa Rivero de 90 años, convertida en una figura silenciosa.
María Teresa Rivero Sánchez-Romate, nacida en Jerez de la Frontera en 1935, fue durante décadas el rostro amable de la saga. Madre de trece hijos, siempre recordada por su melena rubia, sus peinados con volumen y esa apariencia de señora de alta sociedad que destacaba en el palco del Rayo Vallecano.
Teresa Rivero y José María Ruiz-Mateos
Desde finales de 2019 reside entre Jerez y la urbanización Vistahermosa, en El Puerto de Santa María. Lo hace en la casa de su hija Paloma, después de que las residencias familiares en Somosaguas, Aravaca y Cádiz fueran embargadas. Sus rutinas son sencillas: misa diaria, partidas de cartas, té con amigas y, sobre todo, compañía familiar. No percibe pensión ni ingresos propios; depende del sostén de sus hijas y nietos, y ejerce un papel simbólico como referente emocional en un clan quebrado por la justicia y las disputas internas. Su salud, frágil por la edad, requiere cuidados constantes. Pese a ello, sus allegados insisten en su «fortaleza» y destacan una capacidad de resistencia que sorprende. Sus apariciones públicas son escasísimas. La última confirmada tuvo lugar en abril de 2024, cuando asistió discretamente a la boda de un nieto en Plasencia.
Una presidenta en el fútbol
La trayectoria de Teresa estuvo marcada por los designios de su marido. En 1994, en una jugada de imagen, Ruiz-Mateos la colocó al frente del Rayo Vallecano, convirtiéndola en la primera mujer en presidir un club de fútbol de Primera División. Ella misma reconocía no tener conocimientos futbolísticos, pero su figura maternal suavizaba la imagen de un empresario permanentemente enfrentado a políticos y jueces. Curiosamente, su mandato coincidió con la etapa más brillante del club: clasificación para la Copa de la UEFA, un histórico pase a cuartos de final y, en categoría femenina, el título de la Copa de la Reina en 2008. La afición la encumbró al dar su nombre al estadio de Vallecas. Pero la luna de miel se quebró con el hundimiento de Nueva Rumasa: en 2011, acosada por cánticos de protesta, acabó vendiendo el club a Raúl Martín Presa. Años después, fue condenada por delitos fiscales relacionados con esa etapa, aunque siempre defendió que solo acudía «al palco y a los viajes del equipo».
De derecha a izquierda: Álvaro, Zoilo, José María, Pablo, Francisco Javier y Alfonso, los seis hijos del empresario José María Ruiz-Mateos
Si en los noventa la familia se mostraba como un bloque unido en torno a la fe y al apellido, la última década ha sido un rosario de fracturas. Varios de los hijos varones cumplen condena por delitos económicos, mientras que las polémicas entra las hermanas se multiplican por pleitos por herencias. El caso más sonado fue la denuncia de Begoña contra sus propios hermanos.
Resulta paradójico que uno de los recuerdos más felices que guarda Teresa no corresponda a los años de lujo, sino al exilio en Frankfurt, cuando en 1983 su marido huyó de la justicia española tras la expropiación de Rumasa. En un modesto apartamento, ella se encargaba de la cocina y de las tareas domésticas. «Nunca he sido más feliz», confesaba entonces, «porque podía disfrutar de mi marido en paz». Ese paréntesis terminó pronto, dando paso a décadas de batallas judiciales, condenas y un intento fallido de reconstruir el emporio bajo el nombre de Nueva Rumasa. La aparición de una hija secreta, confirmada en 2017 tras la exhumación del empresario, fue el golpe definitivo a la fe ciega de Teresa en su marido. Sin embargo, sigue aferrada a la religión como tabla de salvación.