Fundado en 1910

Peng Liyuan, en una imagen de archivoGTRES

Gente

Peng Liyuan, la estrella de la televisión y cantante del ejército que se convirtió en la primera dama china

Su sonrisa nunca falta. No importa el país, la cámara o el protocolo; la esposa del presidente Xi Jinping sonríe siempre

A sus 62 años, Peng Liyuan es mucho más que la esposa y segunda mujer del presidente Xi Jinping. Cantante de ópera, figura pública y símbolo de la diplomacia china, su vida combina talento, disciplina y una elegancia que parece ensayada frente al mundo. Estos días vuelve a ocupar titulares como anfitriona de la Reina Letizia en Pekín, con motivo del primer viaje de Estado de los Reyes de España a China, celebrado del 11 al 13 de noviembre y con paradas en Chengdú y la capital. Una cita que la devuelve al centro de la escena internacional y que sirve de pretexto para repasar la historia de una mujer que ha sabido transformar la voz del arte en el lenguaje del poder.

Mucho antes de convertirse en primera dama, Peng ya era una celebridad nacional. En la China de los años ochenta, su voz de soprano la convirtió en un símbolo de orgullo patriótico. Nació en 1962 en la provincia de Shandong y, con solo catorce años, ingresó en la Universidad de Artes como estudiante de formación profesional especializada en canciones populares.

Poco después se unió al Ejército Popular de Liberación, donde trabajó como «guerrera artística y cultural», un cargo destinado a elevar la moral de los soldados mediante la música y las representaciones escénicas. Su debut en la gala de Año Nuevo de la televisión estatal, en 1983, la catapultó a la fama. Desde entonces, comenzó a viajar por todo el mundo representando la música tradicional china, aunque siempre bajo la atenta supervisión del aparato propagandístico del partido.

Su vida cambió en 1986, cuando conoció a Xi Jinping, entonces vicealcalde de la ciudad portuaria de Xiamen. Él quedó prendado de inmediato y ella vio en él al hombre ambicioso y seguro que aspiraba a grandes metas. Se casaron al año siguiente y, en 1992, nació su hija, Xi Mingze, apodada Mizu, que más tarde estudiaría Psicología y Literatura Inglesa en la Universidad de Harvard, bajo un seudónimo para mantener la discreción.

Durante un tiempo, la mujer más observada del país de ópera fue mucho más famosa que su marido, pero el equilibrio cambió cuando Xi empezó a ascender dentro del Partido Comunista. Su carrera artística comenzó entonces a desvanecerse, limitada a contadas actuaciones en actos oficiales.

Peng LiyuanGTRES

La célebre soprano dio paso a una figura más institucional, moldeada por las exigencias del cargo y las expectativas del régimen. Así, la artista que una vez cantó para elevar el espíritu del pueblo se transformó en la primera dama perfecta, el rostro amable de un poder que rara vez muestra su sonrisa.

Impecable sentido de la imagen

Es embajadora de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud y enviada especial de la Unesco para la educación de las niñas y las mujeres. Desde esos cargos habla en nombre de las causas sociales y culturales, aunque nunca de política. Su papel no consiste en cuestionar la narrativa oficial, sino en suavizarla. En un sistema donde la voz femenina apenas se oye, ella se ha convertido en el rostro amable de un poder tan firme como jerárquico.

Durante décadas, China ha buscado una figura como la suya: una mujer elegante, culta y mediática que represente la apertura sin poner en duda la autoridad. En Peng se proyecta esa idea de modernidad controlada que Pekín quiere mostrar al mundo. Su presencia en actos internacionales añade un brillo que el liderazgo masculino no alcanza, pero también pone de relieve los límites del papel femenino en la política del país.

Los Reyes Felipe y Letizia, en su visita a China junto a Xi Jiping y Peng LiyuanGTRES

Más allá de su influencia institucional, su estilo también ha dejado huella. Trajes estructurados, seda en tonos suaves, joyas discretas y un peinado siempre impecable se han convertido en su sello. Muchas mujeres la imitan y las marcas locales agradecen el impulso. Frente al lujo occidental, ella prefiere los diseñadores chinos, una elección que ha favorecido el crecimiento de la moda nacional y ha dado lugar a una discreta pero poderosa «pengmanía», un fenómeno comparable al llamado «efecto Letizia» en España.

En el fondo, Peng Liyuan soñó con ser una artista libre, quizá una figura pública al estilo de Michelle Obama. Sin embargo, la realidad de su país le impuso otro destino. Con el tiempo ha aprendido que, en lugar de altavoz, debe ser espejo; en lugar de voz, símbolo. La «hada de las peonías», como la llaman en su país, ha sabido florecer dentro de un jardín vigilado.