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Alejandra Silva y Richard GereGtres

Alejandra Silva habla por primera vez de su regreso a Estados Unidos con Richard Gere

La estancia en Madrid nunca fue un adiós a EE.UU., sino una experiencia más dentro de su vida nómada y binacional

Después de casi un año en España que parecía el inicio de una nueva etapa familiar, Richard Gere y Alejandra Silva han vuelto a instalarse en Nueva York, una decisión que pilló por sorpresa a muchos porque la pareja había apostado fuerte por Madrid y por una vida más tranquila en La Moraleja, ese barrio rodeado de verde, mansiones discretas y vecinos que uno suele ver en revistas o películas, y ahora ha sido Alejandra quien ha dado más detalles sobre este cambio en una entrevista para ¡Hola!

La publicista, que regresó a la capital para asistir a una cena organizada por la firma de joyas Suarez, explicó que este retorno no significa una ruptura con su tierra, sino una pausa dentro de un camino que describe como lleno de movimientos, aprendizajes y equilibrios, porque como ella misma afirma, «España es mi hogar, y aunque mi vida transcurra entre distintos lugares, siempre necesito mantener ese lazo con mi tierra, con su gente y con su manera de sentir». Durante su año en Madrid hicieron vida normal y planes de todo tipo, desde comidas relajadas en el jardín de su casa hasta una visita a San Ginés para tomar chocolate con churros.

La estancia estaba pensada para durar más, pero finalmente decidieron volver a la nación estadounidense un año después de mudarse, algo que Silva explica con serenidad al decir que «ha sido un proceso lleno de aprendizajes. España nos dio muchísimo, especialmente a nivel familiar, y volver a Estados Unidos fue una decisión meditada. Nos sentimos bien, fuertes, en paz. En realidad, no lo vivo como una despedida, sino como una etapa más en nuestro camino. Seguimos con un pie en cada lugar, y eso también es un regalo».

Por ahora no descarta volver en el futuro porque, como insiste, «Es parte de quién soy». Cuenta que su vida está muy centrada en sus hijos, no solo en los pequeños (Alexander, de seis años, y James, de cinco) sino también en su hijo mayor, Alexander, de trece, fruto de una relación anterior, y que su prioridad es acompañarlos donde más lo necesitan. Aun así siente que su país natal sigue siendo un lugar al que vuelve casi por instinto, hasta el punto de que confiesa que «cada vez que aterrizo, lo primero que hago es oler el aire, sentir el sol... ese olor a casa que solo España tiene», un pequeño ritual que repite siempre que puede escaparse al mar o al campo, aunque sea solo un día, porque le recarga y la conecta con sus raíces.

Mientras tanto la familia ya disfruta del invierno estadounidense, algo que ella dejó ver en unas historias de Instagram donde aparecen los primeros copos de nieve cayendo en su jardín, un entorno que parece de casa de campo, con césped amplio, árboles que delimitan la parcela y un porche cubierto lleno de plantas, aunque no han querido desvelar dónde residen exactamente. Lo único seguro es que ya no están en su antigua mansión de Connecticut, vendida por 10,7 millones de dólares.

Este ir y venir sorprende también porque Gere había contado que su llegada a nuestro país era una manera de corresponder a Alejandra después de que ella pasara seis años viviendo en su mundo, y llegó «creo que es justo que yo le dé al menos otros seis viviendo en el suyo», un plan que, por circunstancias, no han podido completar.