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Jesús Cintora, en una imagen compartida en su InstagramRedes

Jesús Cintora vende haberse criado en una casa sin agua caliente pero se le olvida decir que estudió en la universidad privada

Al presentador de Malas Lenguas, en RTVE, le gusta subrayar sus orígenes humildes en un pueblo de Soria

Jesús Cintora vuelve a ocupar titulares en un momento delicado para RTVE, la pública al servicio del Gobierno de Pedro Sánchez. Un reciente informe del Consejo de Informativos cuestionó el rigor de varios programas de actualidad, entre ellos Malas Lenguas, el espacio que se emite en La 1 y La 2, tras recibir más de un centenar de quejas de espectadores y profesionales de la casa. El documento señala prácticas que, a su juicio, afectan a la credibilidad de la corporación y ha reabierto el debate sobre los límites entre información, opinión y servicio público en la televisión estatal.

Detrás del comunicador que hoy analiza titulares y discursos políticos hay una biografía que él mismo ha convertido en parte central de su relato público, hasta el punto de mantener una página web personal donde desgrana su propia historia con detalle. Sus 48 años que suele narrar como una crónica de origen humilde y vocación temprana por los medios.

Nació un 27 de enero en Ágreda, un municipio de la provincia de Soria, con algo más de 3.000 habitantes, a los pies del Moncayo. Hijo de una ama de casa y de un ganadero, nieto de dos amas de casa, un peón de albañil y un ganadero, es el segundo de cuatro hermanos. En entrevistas le gusta reseñar siempre una casa sin agua caliente ni electrodomésticos, donde su madre calentaba el agua en latas de conserva y el baño se improvisaba en la misma pila donde luego se fregaban los platos. La infancia transcurría entre la plaza, el campo y los viajes de madrugada con su padre en el camión, una rutina que suele citar como su primera escuela de disciplina y trabajo.

Jesús Cintora, en su programa Malas lenguas

Ese origen rural convive con otro eje menos subrayado pero clave en su trayectoria: la formación académica. Estudió en un colegio público en su pueblo, cursó el Bachillerato en Tarazona y se licenció en Comunicación en 1999 en la Universidad de Navarra. La universidad es conocida por sus costes significativamente más altos que los de la enseñanza pública, con matrículas que varían según la titulación y pueden situarse, según los datos de los últimos cursos, entre los 9.000 y más de 19.000 euros anuales en los grados más caros.

Durante la carrera ya frecuentaba estudios de radio local, escribía en prensa provincial y daba sus primeros pasos en televisión en Canal 4 Navarra. A los nueve años había hablado por primera vez en un programa de RNE que visitó su colegio; con once, un maestro empezó a enviar sus textos a los periódicos de la zona. La vocación por contar historias apareció pronto y se mantuvo como una línea constante en su recorrido.

El salto a la televisión nacional fue rápido. Pasó por Mediaset, Atresmedia y RTVE, al frente de formatos como Las mañanas de Cuatro, Cintora a pie de calle, La línea roja, Las cosas claras o Carretera y manta. Ha contado en más de una ocasión que su primer programa lo condujo sin piloto previo ni ensayos, con invitados que, con el tiempo, acabarían ocupando los principales cargos políticos del país. Desde entonces, su perfil ha quedado ligado al análisis político.

Entre la biografía que reivindica -marcada por el trabajo en el campo, la escuela pública y una infancia sin comodidades- y la trayectoria profesional que lo ha llevado a ocupar una franja clave en la televisión pública, se dibuja un recorrido de contrastes. Por un lado, el relato del niño humilde que jugaba en la calle; por otro, el comunicador formado en una universidad de élite, que ha hecho de los platós su principal escenario y que, según informaciones publicadas por distintos medios, se retribuiría en torno a los 3.100 euros por cada emisión del programa Malas Lenguas dentro del contrato de producción del espacio.