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Saludo de los Reyes al embajador de Irán, Reza Zabib.GTRES

El invitado que le negó la mano a Doña Letizia

La Reina Letizia y el embajador de Irán protagonizaron el momento más comentado de la recepción al Cuerpo Diplomático en el Palacio Real

El Salón del Trono del Palacio Real de Madrid volvió a ser este viernes, 23 de enero, el escenario de una mezcla de diplomacia, moda y pequeños gestos que no pasaron desapercibidos. Don Felipe y Doña Letizia recibieron al Cuerpo Diplomático acreditado en España, una cita que reúne a más de un centenar de embajadas y que, año tras año, deja imágenes que van más allá de lo puramente institucional. En esta ocasión, todas las miradas se centraron en un momento concreto: el saludo entre la Reina y el embajador de la República Islámica de Irán, Reza Zabib.

El embajador de Irán saluda a los Reyes

La mañana arrancó con el ritual de siempre. Los Reyes fueron recibidos por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, antes de dar paso al tradicional besamanos. El orden de los saludos no es casual, sino que lo marca la antigüedad de cada embajador en España, lo que coloca en primer lugar al nuncio apostólico de la Santa Sede, una figura con una larga trayectoria diplomática en el país.

Entre los representantes hubo ausencias y presencias que llamaron la atención. Por un lado, no acudió el embajador de Rusia. Por otro, el representante iraní volvió a protagonizar uno de los gestos más comentados del acto. En su turno, estrechó la mano del Rey Felipe VI con normalidad, pero cuando llegó ante Doña Letizia, en lugar de darle la mano, se llevó la mano al pecho e inclinó ligeramente la cabeza. La Reina respondió de la misma manera, con un gesto sencillo y respetuoso que mantuvo la naturalidad del encuentro.

Para muchos, no fue una sorpresa. Este tipo de saludo forma parte de la práctica habitual en la diplomacia iraní. Desde finales de los años setenta, sus representantes siguen normas religiosas y culturales que evitan el contacto físico entre hombres y mujeres que no pertenecen al mismo entorno familiar. Por eso, el saludo se sustituye por gestos simbólicos que buscan mostrar respeto sin romper con sus tradiciones.

Terciopelo azul para la Reina

Mientras se sucedían los saludos, la Reina volvió a convertir el protocolo en una pequeña pasarela. Rescató un vestido azul marino de terciopelo, diseño de Felipe Varela, que ya había lucido en otras ocasiones y que se ha convertido en uno de los clásicos de su armario oficial. Con su cuello tipo Claudine, las mangas estructuradas y la botonadura decorativa, el conjunto encajaba a la perfección con el tono solemne del acto. Además, esta recepción es una de las pocas citas del año en las que Doña Letizia viste de largo, junto a la tradicional Pascua Militar del 6 de enero.

Los complementos completaron la imagen. La Reina eligió pendientes de zafiros y diamantes, mientras el Rey Felipe VI lució el chaqué con la venera del Toisón de Oro y una corbata a juego con el estilismo de su esposa, en un guiño de coordinación que no pasó desapercibido.

El ambiente del Palacio Real contrastaba con la intensidad de la semana en la agenda institucional. La recepción llegaba después de actos como la inauguración de Fitur, los homenajes por la muerte de Irene de Grecia y la visita de los Reyes a Adamuz, en Córdoba, tras el grave accidente ferroviario que sacudió al país.