Restaurante El 61
Así es por dentro el restaurante de Chamberí donde se reunieron los futbolistas del Real Madrid
En pleno Chamberí, en el número 61 de la calle José Abascal, hay un restaurante del que casi no hay información pública. No tiene carta visible en su web, su cuenta de Instagram es privada y apenas ofrece datos más allá de su dirección. Se llama 61 (se pronuncia sixty one) y en pocos meses se ha convertido en uno de los locales más exclusivos y comentados de la noche madrileña.
Abrió en diciembre de 2025 como la primera incursión en la capital del Grupo Mosh, responsables de iconos marbellíes como La Cabane, Playa Padre o Momento. La fórmula era clara: trasladar esa energía sofisticada y festiva a Madrid, pero bajo códigos más discretos y urbanos. El resultado es un híbrido entre restaurante de alta cocina, galería de arte y club nocturno.
Esta semana, los 24 jugadores del Real Madrid lo eligieron para una cena de vestuario organizada por Vinícius Júnior, socio del proyecto. Sin entrenador, sin cuerpo técnico. Solo ellos. No era la primera vez que se reunían en este espacio, pero sí una de las más comentadas. La imagen compartida en redes ha disparado la curiosidad sobre el lugar donde el equipo decidió reforzar su unión.
El interiorismo, firmado por Archidom Studio, combina romanticismo decadente con líneas industriales contemporáneas. En una de sus salas principales, largas mesas vestidas con manteles blancos impolutos se alinean bajo techos con molduras clásicas y focos discretos. Sofás tapizados en terciopelo verde profundo recorren la pared, frente a una sucesión de obras de arte de gran formato, algunas con relieves dorados que reflejan la luz tenue. Las piezas, de artistas emergentes y consolidados, se renuevan cada seis meses, garantizando que cada visita ofrezca nuevas perspectivas.
La experiencia sensorial está medida al milímetro. Las velas de Loewe iluminan y perfuman el ambiente. El personal viste uniformes diseñados por Casoná, la firma española sostenible creada por Carmela Osorio e Inés Sainz, y calza una edición exclusiva de Nike. Nada es improvisado.
Si uno intenta curiosear en Instagram, se encuentra con un perfil cerrado que juega deliberadamente al misterio. Sin embargo, los propios comensales han ido revelando pistas. En Google pueden leerse comentarios que elevan el mito: «La milanesa de Wagyu y los tacos, increíbles. Tortellini con caviar, de locos», escribe uno. Otro resume la velada así: «Súper recomendable. La comida está increíble, el servicio es excepcional y la música es muy top. Si quieres una cena divertida y después poder tomarte algo con buena música y un ambiente excelente, no te lo pienses».
Las imágenes compartidas muestran platos que combinan clasicismo y lujo contemporáneo. Pasta rellena servida en un fondo oscuro, coronada con generosas cucharadas de caviar; patatas fritas presentadas en recipientes metálicos minimalistas; una milanesa perfectamente marcada, crujiente por fuera y jugosa en el interior, servida sobre bandeja metálica. Todo bajo una iluminación cálida, con copas de vino estratégicamente dispuestas y velas que aportan un aire íntimo.
Al frente de la cocina está el chef argentino Franco Franceschini, que apuesta por producto premium y brasa como eje central. Costillitas angus, lenguado meunière, empanadillas criollas y esa pasta con caviar que ya circula por redes forman parte de una propuesta cuidada al detalle. El flan de la abuela Nelly es uno de los cierres más celebrados. El ticket medio supera los 100 euros por persona y la experiencia completa suele elevar la cifra.
Discoteca
La transformación llega avanzada la noche. Las luces bajan de intensidad, la música sube y, sin cambiar de espacio, la cena muta en club. Sin embargo, no todo son aplausos. Entre las reseñas también aparecen críticas: precios excesivamente elevados, solo tres baños para todo el aforo, mesas que no se retiran para ampliar la zona de baile o el constante tránsito de camareros que puede restar comodidad cuando el restaurante se convierte en pista. El lujo, como siempre, tiene su cara B.
Por sus mesas han pasado Mbappé, Arón Piper, Ester Expósito u Ozuna, además de empresarios y figuras del deporte que priorizan discreción.