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Aarón Guerrero, en una imagen de archivo

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El imperio millonario de Aarón Guerrero, Chechu en 'Médico de familia'

Hoy, el actor que conquistó a toda una generación dirige varios restaurantes, organiza eventos y hasta tiene su propio vino

Hubo un tiempo en el que millones de españoles se sentaban frente al televisor para ver Médico de familia, una de las series más exitosas de los años noventa. Entre sus personajes más queridos estaba Chechu, el travieso hijo del doctor Nacho Martín interpretado por Emilio Aragón.

Detrás de aquel niño estaba Aarón Guerrero, que con apenas ocho años se convirtió en todo un fenómeno televisivo. Lo que pocos imaginaban entonces es que, décadas después, aquel pequeño rostro familiar acabaría levantando un próspero negocio lejos de los focos. Y sin convertirse en el típico «juguete roto». «Todo lo contrario. Los doce años que trabajé como actor me dieron grandes experiencias y el dinero que gané me permitió empezar mi carrera como empresario», ha contado en alguna ocasión.

Nacido en Madrid en 1986, su llegada a la televisión fue casi casual. Una clienta de la tienda de ropa de su madre sugirió que el niño probara suerte en una agencia de actores especializada en menores. Así empezó todo. Primero con un pequeño papel en la serie Canguros, protagonizada por Maribel Verdú, y poco después con el personaje que marcaría su infancia: Chechu.

Durante 119 capítulos dio vida al pequeño de la familia en aquella ficción que arrasaba cada semana en audiencia. La serie llegó a rozar el 50 % de cuota de pantalla, cifras prácticamente impensables hoy en día. La popularidad fue tal que incluso lanzó un disco titulado Mucha experiencia, algo bastante habitual entre los niños estrella de la televisión de aquellos años.

Tras aquella etapa dorada siguió ligado a la pequeña pantalla durante un tiempo. Participó en Ana y los siete, la exitosa serie protagonizada por Ana Obregón, y más tarde hizo alguna aparición puntual, como tres capítulos en Yo soy Bea, que acabarían siendo sus últimos trabajos como actor. Con el paso del tiempo decidió dar un giro a su vida profesional.

Tras pasar más de un año sin recibir ofertas televisivas, optó por apostar por otra de sus grandes pasiones: la hostelería. Corría el año 2007 cuando comenzó su aventura empresarial utilizando parte del dinero que había ganado durante su etapa en la televisión. Antes de centrarse en los restaurantes también probó suerte en el mundo de la noche. Llegó a dirigir discotecas tan conocidas como Elite, Empire o incluso Pachá Madrid, además de crear una empresa dedicada a la organización de eventos.

El primer gran paso en la restauración llegó en 2009 con la apertura del restaurante Alta Costura en el centro de Madrid junto a su amigo Luis Torremocha, conocido relaciones públicas de la capital. Años después abrió también el Gastrobar, aunque ambos locales terminaron cerrando con el tiempo.

Lejos de rendirse, en 2016 volvió a apostar fuerte con La Malaje, un restaurante especializado en cocina andaluza que abrió junto al chef Manuel Urbano. El éxito fue inmediato: ese mismo año lograron el premio a Restaurante Revelación y por sus mesas han pasado artistas como Leiva o Joaquín Sabina. A partir de ahí su proyecto empresarial no dejó de crecer.

Bajo el paraguas del Grupo Mimosa, impulsado junto a su hermano Mesala y varios socios, ha puesto en marcha distintos negocios gastronómicos en Madrid. Entre ellos destacan las tabernas La Tía Feli, con dos locales muy populares para tomar el vermut, además de otros establecimientos que durante años le llevaron a gestionar hasta siete locales en la capital.

En lo personal, la vida hoy es mucho más tranquila y alejada de la televisión. Está casado con Salomé Gadea, diseñadora de interiores, con quien tiene un hijo llamado Beltrán. La familia vive en Chamartín, en un piso de unos 80 metros cuadrados decorado por su propia esposa con un estilo ecléctico y muy luminoso. El salón, abierto a la cocina, combina tonos blancos, madera y detalles naturales que aportan un aire casi nórdico.

Pero si hay algo que define su hogar es el cuidado por los pequeños detalles. En el salón nunca faltan flores naturales, que cambian cada semana para mantener siempre un ambiente fresco y acogedor. Además, reconoce que le encanta cocinar en casa, una afición que también aplica a sus restaurantes siempre que puede.

Y como buen empresario inquieto, sigue sumando proyectos. El último ha sido lanzar su propio vino blanco, Cayetana, elaborado junto a una bodega de la Ribera del Guadiana para poner en valor esta variedad extremeña poco conocida. Un vino con carácter que ya se sirve en algunos de sus locales y que puede encontrarse por unos 7,95 euros. Una muestra más de cómo aquel niño que conquistó a toda una generación en la televisión ha sabido construir una nueva vida lejos de los plató.