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La cantante AlaskaJesus Briones

Alaska confiesa que ha sido infiel y se pronuncia sobre su vida sentimental

Ni los 27 años de sólido matrimonio con Mario Vaquerizo han podido ocultar el secreto mejor guardado de Alaska

Alaska nunca ha sido una mujer de medias tintas ni de verdades edulcoradas. Tras casi cinco décadas bajo los focos, la musa de la movida y líder de Fangoria ha decidido romper el cristal de su propia perfección pública para adentrarse en los terrenos más pantanosos de su intimidad. En un momento vital donde muchos optarían por el silencio cómodo de la leyenda, ella prefiere la crudeza del presente. No solo regresa a la carretera con Nacho Canut bajo el brazo y un nuevo disco titulado La verdad o la imaginación, sino que lo hace desnudando capítulos de su vida sentimental que hasta ahora permanecían bajo llave. La cantante, que ha hecho de su imagen una máscara imperturbable, reconoce ahora que la libertad tiene un precio y que el amor, incluso el más icónico, no está exento de manchas y resquemores que el tiempo no siempre logra borrar.

Aunque Alaska no pone nombre y apellido al destinatario de aquella deslealtad, el morbo está servido al echar la vista atrás a su historial amoroso. Antes de consolidar su icónica unión con Vaquerizo, la vida de la artista estuvo marcada por dos figuras clave: el músico y productor Pedro Pastor y, especialmente, su mánager Pitu. Con este último mantuvo una relación intensa que, según el entorno de la cantante, la marcó profundamente y definió gran parte de su madurez emocional.

Sin embargo, lo más demoledor de su confesión llega cuando reflexiona sobre la posibilidad del perdón en la actualidad. Su visión es árida, despojada de cualquier idealismo romántico: "Ahora no lo sé, porque como las he perdonado y no lleva a ningún lado, porque siempre queda un resquemor y no perdonas de verdad”.

Alaska y Mario VaquerizoJesus Briones

Más allá de los deslices del corazón, el encuentro también arroja luz sobre su verdadera relación de «clase media de la música» y sus frustraciones personales. A sus años, no tiene reparos en admitir que se le pasó el tiempo para terminar su carrera de Historia o para cumplir su extravagante sueño de ser campeona de culturismo, una disciplina que hoy ve lejana debido a la edad. Lo que realmente le quita el sueño no son las arrugas, sino la posibilidad de no valerse por sí misma, una cuestión que vincula directamente con la dignidad humana porque, tal y como dice, ”se acaba la libertad". Además, la artista sentencia que su vínculo más estable no es el matrimonial, sino el que la une a Nacho Canut, un matrimonio artístico de medio siglo que sobrevive a base de una relajación absoluta y una simbiosis que los ha convertido, a ojos del mundo, en una misma entidad.