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Pepe Rodríguez

Pepe Rodríguez explica por qué no dio de comer en su restaurante al Rey Juan Carlos

¿Tiene un Rey a su alcance todo lo que desea con solo levantar el teléfono? Cualquiera pensaría que la respuesta es un «sí» rotundo, pero en la casa de Pepe Rodríguez las reglas son otras y la jerarquía la marca el libro de reservas. El carismático juez de MasterChef y alma de El Bohío ha demostrado que su restaurante en Illescas se rige por un valor que no entiende de linajes ni de protocolos: la justicia absoluta hacia el cliente. Para el chef toledano, el respeto a quien ha reservado con meses de antelación es sagrado, una convicción que lo llevó a protagonizar una de las anécdotas más comentadas de la gastronomía española el día que tuvo que decirle «no» al Rey Juan Carlos.

La historia ocurrió un 11 de marzo, en plenas fiestas de Illescas, una fecha en la que el municipio se convierte en el epicentro taurino y el restaurante cuelga el cartel de «completo» con casi un trimestre de margen. El revuelo comenzó con una llamada que dejó a la plantilla paralizada. Un camarero, visiblemente asustado, interrumpió el trabajo de Pepe para decirle que el monarca estaba al teléfono. El chef, acostumbrado a las bromas de sus amigos, no dio crédito: «Pensé que era Carlos Latre gastándome una broma», ha confesado en el programa 100% únicos. Sin embargo, al otro lado de la línea no había un imitador, sino el propio Rey, que pretendía reservar una mesa para almorzar junto al entonces Embajador de Estados Unidos.

A pesar de la magnitud de los comensales, Pepe mantuvo la coherencia que define su casa desde 1934. Con la naturalidad que le caracteriza, le explicó al monarca que, sencillamente, no quedaba ni un solo hueco en el comedor. «Le dije que estábamos completos y que lo único que podía hacer era invitarle a comer a mi casa particular. Le dije que ya lo sentía y colgó», relata el chef.

El Rey Juan Carlos en Sevilla

Para él, la decisión era una cuestión de principios: «No tengo privilegios con nadie; hay restaurantes que si al minuto llama el Rey tienen mesa, pero en mi casa si hay, la hay, y si no, no la hay para nadie. No hacemos distinciones, todos los clientes son iguales». Esta firmeza le costó una bronca inmediata del presidente de la Real Academia de Gastronomía, momento en el que Pepe empezó a ser consciente de que su negativa era un asunto casi de Estado, aunque no dio su brazo a torcer por respeto a quienes ya tenían su mesa confirmada.

Para entender este gesto hay que comprender qué significa El Bohío para Pepe Rodríguez. No es solo un local con una estrella Michelin desde 1999; es el hogar donde nació y creció. Literalmente, uno de los actuales comedores era su habitación y el otro la de sus padres, una herencia que comenzó con su abuela y que él defiende con uñas y dientes. En sus fogones, platos tan manchegos como los callos de Pepe, las lentejas con butifarra o la sopa de ajo «a su manera» son el reflejo de una saga de hosteleros que busca la excelencia sin perder la humildad. Para Pepe, es su casa, y en su casa, la palabra y el turno del comensal valen más que cualquier corona.