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La escritora Margaret AtwoodEP

Margaret Atwood: la dama de las letras que recibirá al Rey Felipe VI en su propio hogar

La autora, que creció entre bosques y expediciones científicas, recibirá de manos de Felipe VI el III Premio Internacional Joan Margarit

El próximo miércoles 20 de mayo de 2026, la ciudad de Toronto será el escenario de un encuentro literario y diplomático de primer nivel. El Rey Felipe VI viajará a Canadá con una misión muy especial: entregar personalmente el III Premio Internacional Joan Margarit de Poesía a la escritora más célebre del país, Margaret Atwood. A sus 86 años, la autora que el mundo entero reconoce por la visión profética de El cuento de la criada recibirá este galardón en la Victoria University, un lugar que no es casual, pues fue allí donde una joven Atwood inició sus estudios universitarios en 1957. Este premio no solo reconoce su fama mundial, sino específicamente su maestría en la poesía, un género que cultiva desde 1961 y en el que el jurado ha destacado su capacidad para tratar con dominio absoluto temas tan actuales como el feminismo, la ecología y la búsqueda de la identidad humana.

El acto será una ceremonia cargada de simbolismo y emoción. Contará con la presencia de Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, y la familia del añorado poeta Joan Margarit, quien fue Premio Cervantes en 2019 y mantuvo una relación muy estrecha con la Casa Real española. De hecho, existe una conexión entrañable en esta historia: en 2020, justo después de que Margarit realizara una de sus últimas lecturas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía participaron en una lectura virtual de El Quijote. Ahora, es el Rey quien cierra este círculo entregando el premio a Atwood, quien ha preparado para la ocasión un discurso titulado significativamente Poetry in hard times (La poesía en tiempos difíciles). La velada estará amenizada por el cuarteto de cuerda de la Toronto Symphony Orchestra, que interpretará música de Joaquín Turina, poniendo la nota española a una tarde canadiense dedicada a la excelencia literaria.

El entonces Príncipe de Asturias y Margaret Atwood en 20028Gtres

Conocer a Margaret es entender a una mujer que parece haber vivido varias vidas en una sola. Nacida en Ottawa e hija de un zoólogo y una nutricionista, pasó gran parte de su infancia en los bosques del norte de Quebec debido a las investigaciones de su padre sobre insectos. Esa conexión temprana con la naturaleza la convirtió en una ecologista pionera mucho antes de que el término fuera tendencia. Aunque hoy es un icono global gracias a la adaptación televisiva de sus novelas, ella se considera, ante todo, una escritora total. Con su característica sorna, siempre ha defendido que no hay por qué elegir entre ser poeta o novelista, asegurando que ambos impulsos conviven de forma natural en el cerebro humano. Curiosamente, en sus inicios en los años 60, le resultaba mucho más fácil publicar poesía en pequeños fanzines bohemios que encontrar una editorial para sus novelas, las cuales eran costosas de editar en el Canadá de la época.

La vida personal de Atwood también refleja la coherencia de sus ideales. Tras un primer matrimonio, compartió casi cinco décadas de vida con el novelista Graeme Gibson, con quien tuvo a su hija Eleanor. Juntos formaron un equipo inseparable en la lucha por las causas progresistas, el medio ambiente y los derechos LGTB, hasta la muerte de Gibson en 2019. Quienes la conocen de cerca dicen que su incansable actividad actual, viajando por todo el mundo a sus ocho décadas, es su manera de llevar el duelo: manteniéndose activa y lejos de los rincones compartidos que le traen recuerdos de su compañero. Vive desde hace décadas en una casa eduardiana en el área de Annex, en Toronto, y sigue siendo esa mujer irónica y brillante que, mientras estudiaba literatura victoriana en Harvard durante la crisis de los misiles de Cuba, pensaba que el mundo volaría por los aires mientras ella discutía sobre poesía antigua.

La entrega de este premio por parte del Rey Felipe VI es, en definitiva, el reconocimiento a una mujer que nunca quiso ser una «escritora convencional». Atwood siempre bromea diciendo que, cuando era joven, no encajaba en el mundillo literario porque no era alcohólica ni quería suicidarse, simplemente quería escribir.