El empresario Amancio Ortega, en una imagen de archivo
La imagen de Amancio Ortega y su mujer navegando en la ría de Aldán
Ropa cómoda, calas de aguas turquesas y una vuelta rápida para no perderse la fiesta del Dépor
Cuando el termómetro empieza a apretar y el calor pide tregua, mirar hacia el norte es siempre un sí rotundo. Hay rincones donde el verano se estrena con otra luz, y Amancio Ortega tiene la suerte inmensa de tener ese paraíso a tiro de piedra de su casa. Mientras el común de los mortales busca un hueco en la arena, el fundador de Inditex inauguró el buen tiempo en su refugio predilecto: la ría de Aldán, un tesoro en Cangas que se ha convertido en el santuario de desconexión de la familia. Acompañado por su mujer, Flora Pérez, y su núcleo duro de amigos, el empresario pasó un fin de semana redondo flotando sobre las aguas turquesas a bordo del Valoria B, su imponente yate de 47 metros de eslora. La escapada terminó el domingo a media tarde, cuando el grupo desembarcó con maletas y bolsos listos para poner rumbo de vuelta a La Coruña tras unos días de absoluta privacidad.
Huir del radar mediático es un arte que Ortega domina a la perfección, y la ría de Aldán es el cómplice perfecto porque funciona como el brazo más íntimo y luminoso del Morrazo. Escondida entre Cangas y Bueu, esta zona regala un paisaje idílico de calas de aguas translúcidas, arena blanca y pinares que llegan hasta el mismo mar, un entorno tan espectacular que muchos lo bautizan con razón como «el caribe del sur gallego».
Aquí impera una ley no escrita de respeto y silencio; los vecinos protegen la intimidad del matrimonio como a uno más, permitiéndole al magnate pasear y desembarcar sin agobios. Para la ocasión, Amancio no arriesgó y apostó por su uniforme infalible de vacaciones: ropa cómoda, colores neutros, una chaqueta ligera, pantalón marino y deportivas discretas, demostrando que la verdadera elegancia está en la sencillez.
Amancio Ortega en Split en 2019
Según revela el diario Faro de Vigo, que ha adelantado todos los detalles, el regreso a tierra firme del grupo tuvo un porqué muy futbolístico y ligado al amor que el empresario siente por sus raíces. La tripulación amarró la lancha auxiliar en el muelle de Aldán pasadas las siete de la tarde para que el magnate pudiera llegar a tiempo a casa y no perderse nada de la gran fiesta gallega del fin de semana: el ansiado ascenso del Real Club Deportivo de La Coruña a Primera División. Además, las mismas fuentes que presenciaron el desembarco se quedaron boquiabiertas con la tremenda forma física de Ortega. A sus 90 años, el gallego demostró una agilidad envidiable y subió las escaleras de piedra del puerto sin ayuda de nadie y con paso firme. Tras una despedida muy cariñosa y efusiva con sus amigos a pie de muelle, se subió al coche con la satisfacción de quien sabe exprimir la vida.
La joya de la corona de estos días de sol es el Valoria B, una espectacular obra de arte flotante que le ha costado al empresario 182 millones de euros. Entregado en 2024 por el prestigioso astillero neerlandés Feadship, este coloso de superlujo cuenta con varias cubiertas blindadas contra miradas indiscretas, jacuzzi, un jardín interior, una piscina de 3,3 metros y hasta su propio helipuerto. Pensado para el máximo confort de sus invitados, el barco dispone de cobertura wifi en toda la embarcación, un gran comedor para 12 comensales, una amplia zona de estar, dos terrazas idílicas, una suite principal y nueve camarotes de ensueño. Su nombre es un guiño directo al imperio familiar, ya que bautiza a una de las sociedades patrimoniales de Ortega, relevando al antiguo y emblemático Drizzle -un gigante de 68 metros que el creador de Zara vendió en 2023 por 76 millones de euros-.
Una imponente joya sobre el agua que se suma al vasto patrimonio de un empresario que, de forma paralela y a golpe de talonario invertido en los mejores edificios de las grandes capitales, se convierte también en el mayor magnate inmobiliario del mundo.