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José Luis Rodríguez Zapatero y Sonsoles, en el verano de 2004 en Menorca

José Luis Rodríguez Zapatero y Sonsoles, en el verano de 2004 en MenorcaGTRES

El día en que Zapatero pidió matrimonio a Sonsoles Espinosa en un Seat 1500

Su exsecretaria de la Moncloa, María Ángeles López de Celis, ha recordado su faceta más personal

A José Luis Rodríguez Zapatero se le acumulan las llamadas para rendir cuentas ante la Justicia. La política española asiste al complejo escenario de ver a un expresidente del Gobierno imputado formalmente por la Audiencia Nacional en el marco del «caso Plus Ultra», la investigación dirigida por el juez José Luis Calama sobre el polémico rescate de 53 millones de euros concedido a la aerolínea durante la pandemia. Al exlíder socialista le ha caído encima una batería de acusaciones que quitan el hipo: presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias, falsedad documental y blanqueo de capitales por sus vínculos con diversas compañías privadas.

Por si fuera poco, el temporal judicial ha terminado salpicando de lleno el salón de su casa; sus hijas, Alba y Laura Rodríguez, se encuentran en el ojo del huracán debido a las actividades bajo sospecha de su empresa de marketing y comunicación, una firma que facturó la llamativa cifra de un millón de euros en apenas cinco años y que, según las pesquisas, camina de la mano de la trama de Plus Ultra.

Ante semejante panorama en los tribunales, donde los delitos graves se cuentan por parejas, a Zapatero parece que solo le va a quedar un clavo ardiendo al que agarrarse para pasar el mal trago: la nostalgia. En mitad de estos días grises de citaciones y defensas legales, su exsecretaria de la Moncloa, María Ángeles López de Celis, ha acudido al plató de Y ahora Sonsoles para refrescarle al público que siempre habrá un lugar feliz en su memoria al que regresar cuando la Audiencia Nacional apriete demasiado.

López de Celis, que se pasó 32 años consecutivos en la secretaría de Presidencia viendo los trapos sucios de los primeros cinco mandatarios de la democracia, se ha quedado de piedra con el asunto, compaginando el repaso al romance del expresidente con su propio estado de estupefacción televisada: «Aún estoy en shock, es un mazazo para España, para el socialismo, para la democracia y para nuestro prestigio internacional», soltó la funcionaria condecorada, quien a pesar de los pesares sigue recordando al leonés en las distancias cortas como «el jefe perfecto».

Zapatero y su mujer, Sonsoles Espinosa en la boda de don Felipe en 2004

Zapatero y su mujer, Sonsoles Espinosa en la boda de don Felipe en 2004GTRES

Y es que, puestos a buscar un refugio mental contra las acusaciones de organización criminal, la historia de amor de José Luis y Sonsoles tiene el tamaño perfecto para evadirse de la realidad. Según el relato de la exsecretaria, el romance nació en un ambiente que ya vaticinaba que lo suyo eran las grandes citas: se conocieron en la manifestación de protesta al día siguiente del golpe de Estado del 23F, en 1981.

Aquello dio paso a un noviazgo de ocho años donde el expresidente ya mostraba una absorción tan extrema por la política que, cuando por fin pasaron por el altar, el gran viaje de luna de miel se quedó en una breve escapada de unos pocos días a Sevilla. El verdadero despliegue de medios de Zapatero se había vivido durante el cortejo: se dedicaba a pasear a su novia en un Seat 1500 de color blanco mientras la ponía en bucle No hago otra cosa que pensar en ti, de Joan Manuel Serrat, su canción favorita de siempre. Entre el traqueteo del coche clásico y la matraca diaria de Serrat sonando en el radiocasete, el político terminó por ablandar a Sonsoles y le pidió matrimonio allí mismo, entre los asientos del vehículo.

Esa fijación por la vida pública que hoy le ha llevado directo al banquillo de los investigados se fraguó cuando Zapatero tenía 18 años y escuchó por primera vez en un mitin a Felipe González, una experiencia que él mismo describía como si de repente «hubiera visto la luz al final del túnel». Se afilió al PSOE de inmediato y convirtió al líder andaluz en la bandera de una carrera que le llevó a lo más alto de la Moncloa, aunque el túnel actual de la Audiencia Nacional tenga una luz bastante menos idílica.

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