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La Infanta Sofía, en una imagen de archivoGTRES

Sofía de Borbón en París: todo lo que le espera en el campus a 20 minutos del Louvre

El próximo septiembre cambiará Lisboa por la Ciudad de la Luz para cursar su segundo año de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales

La Infanta Sofía se prepara para desembarcar en París. Tras un primer curso en Lisboa, la hija menor de los Reyes Felipe y Letizia pondrá rumbo a la Ciudad de la Luz para cursar su segundo año de carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Pasar de la acogedora capital de Portugal a la inmensidad francesa es un gran cambio, pero quienes ya han pisado esas aulas saben que la experiencia ofrece libertades increíbles y también baches logísticos.

El nuevo hogar de la infanta será la Cité Internationale Universitaire de Paris (CIUP), un hervidero multicultural a tan solo 20 minutos en coche del Museo del Louvre. En este escenario, la exalumna portuguesa Madalena Gouveia celebra que la tradicional rivalidad académica desaparece para dar paso a un ambiente de colaboración y a un profesorado volcado en «ayudar a los estudiantes a desarrollar todo su potencial», algo ideal para un modelo donde, como apunta en Vanity Fair, se aprende debatiendo en grupos pequeños y acostumbrándose a «comparar enfoques y defender argumentos».

La Infanta Sofía, en una imagen de archivoGTRES

Pero el verdadero fuerte será el día a día fuera de las aulas, donde la riqueza cultural compensa cualquier tarde gris. El danés Svend Emil Fage-Fjord relata entusiasmado que la rutina es perfecta para oxigenarse, ya que «una sesión de estudio se puede interpretar con un paseo por el parque de la Cité University, una carrera hasta los Jardines de Luxemburgo o un crepe en el Panteón». Al caer la tarde, Madalena confirma que «el campus de CIUP sigue muy animado», ideal para sumergirse en los debates nocturnos de la sociedad diplomática o disfrutar de sus obras de teatro, que para ella son siempre una «prioridad». Por su parte, el deporte se revela como otra vía fantástica para complementar esa vibrante vida social, existiendo la opción de sumarse a partidos de fútbol semanales junto a decenas de alumnos internacionales para estrechar lazos y hacer buenos amigos de todas las nacionalidades.

Buen nivel de francés

La otra cara de la moneda exigirá altas dosis de organización, empezando por el terreno social. Al estar los alumnos dispersos en distintas residencias por todo el campus, los propios estudiantes advierten que puede resultar complicado encontrar tiempo y espacio para todo el grupo cuando se pierde la ventaja de vivir puerta con puerta. Desde la experiencia de quienes ya han pasado por el campus parisino, se coincide plenamente en este diagnóstico: verse en la capital francesa requiere un esfuerzo adicional para contactar con los compañeros y concretar planes, una tarea que a menudo es más fácil de decir que de hacer, especialmente cuando el ritmo académico se acelera.

Tampoco habrá margen para descuidar los codos; ambos veteranos recuerdan que las asignaturas son difíciles y, como recalcan, «se requiere dedicación». Además, la Infanta tendrá que demostrar su fluidez con el francés: «No siempre es fácil moverse por Francia si no se habla francés». A pesar de los contratiempos, el consejo de los dos compañeros es unánime. Madalena propone el truco de «combinar las quedadas con amigos con otras actividades», mientras Svend lanza un último y rotundo mensaje directo a la infanta: «¡Sal y explora la ciudad!» y, sobre todo, «no te centres únicamente en los estudios».