Fundado en 1910
Enrique Riquelme en el estadio Alfredo Di Stefano

Enrique Riquelme en el estadio Alfredo Di StefanoGtres

La comida de Enrique Riquelme en el templo de los madridistas

El candidato a presidir el Real Madrid es un gran amante de la buena mesa

La carrera por la presidencia del Real Madrid no solo se decide en los grandes despachos. En la capital, las decisiones más trascendentales y los pactos que agitan el mundo del fútbol también se cocinan a puerta cerrada, entre plato y plato, durante almuerzos y encuentros informales. El último ejemplo de ello lo protagoniza Enrique Riquelme, el joven candidato a presidir el club blanco, quien ha sido visto en el restaurante Zalacaín.

Ubicado en El Viso, este establecimiento no es un escenario cualquiera: es el auténtico sanctasanctórum del madridismo y de la alta sociedad española. Riquelme, de quien quienes le conocen aseguran que es un hombre de excelente comer y mejor beber, eligió este blindado refugio gastronómico justo antes de lanzar un importante golpe de efecto. Tras su discreto almuerzo, el candidato desvelará ante los socios del club el nombre de «una de las grandes estrellas» futbolísticas que liderarán su proyecto deportivo; un anuncio que promete agitar los cimientos del club mientras él planea su estrategia en el comedor más influyente de Madrid.

Que Zalacaín sea el centro de operaciones de un aspirante a la presidencia blanca responde casi a una tradición obligada. Las paredes de este templo de la cocina, que arrastra ya más de 50 años de historia a sus espaldas, han sido testigo de los pactos más inverosímiles del fútbol moderno. Sin ir más lejos, en sus salones privados fue donde Florentino Pérez y Nasser Al-Khelaïfi escenificaron una tensa pero obligada tregua institucional en 2022, compartiendo una comida de directivas entre el Real Madrid y el PSG que se prolongó durante una hora y cuarenta minutos.

El restaurante Zalacaín

El restaurante Zalacaín

Sin embargo, el magnetismo de este local va mucho más allá del balón. Fundado en 1973 por el visionario navarro Jesús Oyarbide con la idea de replicar el refinamiento de la Nouvelle cuisine francesa y bautizándolo en honor al famoso personaje de Pío Baroja, el local se convirtió en el primer restaurante de la historia de España en alcanzar las ansiadas tres estrellas Michelin. En sus reservados, de hecho, se limaron las asperezas más duras de la Transición hasta afianzarse los contenidos de la Constitución de 1978. Sirvió de refugio habitual para el Rey Juan Carlos I y Adolfo Suárez, mientras que la Reina Sofía lo utilizaba para evadirse los fines de semana, siendo además el lugar donde conoció a su exyerno Jaime de Marichalar.

Sentarse a comer allí es una experiencia que garantiza saborear la historia viva de la alta cocina rodeado de un aura de absoluta exclusividad, con una factura que rara vez baja de los 100 euros por persona. Tras un doloroso bache provocado por la pandemia que llevó al cierre temporal del restaurante, el célebre chef vasco Íñigo Urrechu y el empresario Manuel Marrón tomaron las riendas para devolverle el brillo y encaminarlo hacia una nueva etapa de esplendor.

Bajo la dirección gastronómica de Urrechu y la complicidad de un equipo legendario que se mantiene en la casa (con Jorge Losa en la cocina, Roberto Jiménez y Luis Miguel Polo como maîtres, y Raúl Revilla custodiando la bodega como sumiller), el restaurante sigue ofreciendo sus mitos ineludibles. Los comensales aún acuden entregados a por 'El pequeño búcaro Don Pío' (un excelso consomé de carne gelificado con huevos de codorniz, salmón ahumado, caviar de Beluga y crema agria), su pionero steak tartar preparado directamente en la mesa al compás de sus crujientes patatas suflé, o caprichos más modernos como la terrina de hígado de oca con teja crujiente por 39 euros y el jamón ibérico de bellota cortado a mano por 43 euros.

Entre kokotxas de bacalao, tartas de lubina y sus famosas tejas redondas de almendra, las grandes fortunas y los intelectuales de la ciudad siguen compartiendo espacio con los fantasmas de antiguos clientes de la talla de Salvador Dalí, Mario Vargas Llosa o los mismísimos Rolling Stones.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas