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Rafa Jódar

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Rafa Jódar vuelve a Leganés: quién es quién en el círculo que le apoya tras su derrota ante Zverev

El joven de 19 años cae en cuartos en Roland Garros tras firmar una actuación excelente

No pudo ser. A sus 19 años, Rafa Jódar ha despertado del sueño parisino y este martes ha caído ante Zverev en la Philippe-Chatrier. Toca regresar a casa, hacer balance y refugiarse en su familia. Durante este periplo ha estado acompañado en todo momento por su padre, su entrenador y confidente, e incluso llegó a dar un toque de atención por la cantidad de gente que acabó sentándose en su box.

«Él siempre ha estado conmigo, ha sido mi mayor apoyo desde que soy niño. Los jugadores tenemos el derecho de decidir quién se sienta en nuestro box y el único que puede hacerlo en el mío es mi padre. Tenemos una conexión muy especial; fuera de la pista se ven cosas que no se ven desde dentro y me ayuda mucho». Bajo esta firme declaración de intenciones se ha regido el día a día de Rafa Jódar en Roland Garros, un torneo donde el banquillo del madrileño genera una especie de cortocircuito visual en el tenis actual, donde los palcos de los jugadores parecen el camarote de los Hermanos Marx por la cantidad de agentes, psicólogos, fisioterapeutas, marcas de ropa y amigos de la infancia que se amontonan para aplaudir cada punto.

Allí, en la arcilla de París, solo había una silla ocupada por su padre, Rafael, un espacio sagrado que el joven de Leganés defiende con la mirada y avisando al juez de silla si algún aficionado despistado osa colarse. Esta minimalista puesta en escena no es un capricho de estrella emergente, sino el reflejo de un ecosistema familiar hiperconcentrado en el que creció, en el barrio madrileño de Arroyo Culebro, siendo un hijo único sin hermanos con los que repartir la atención ni la herencia genética de unos padres profesores, por lo que en su casa no se respiraba tradición tenística sino un estricto orden pedagógico.

Que haya llegado tan lejos en Roland Garros se debe a un plan maestro cocinado entre las paredes de un garaje de Leganés, donde su progenitor le lanzaba las primeras pelotas, y las canchas del Club Chamartín.

Detrás de este imperio en construcción está Rafael Jódar sénior, un licenciado en INEF y profesor de Educación Física que llegó al tenis por puro descarte tras saborear la élite en el baloncesto femenino ganando títulos con el Rivas Ecópolis (donde tuvo a sus órdenes a la mítica Amaya Valdemoro mientras el pequeño Rafa correteaba con la raqueta a cuestas), cuya quiebra lo obligó a reinventarse como el entrenador, mánager y guardián del hoy número 29 del mundo. Quienes conocen al padre lo definen como un «Richard Williams en positivo» por ser metódico al extremo, capaz de contar cada bola golpeada en un entrenamiento, pero siempre respetuoso con los técnicos que han guiado la evolución del joven tenista en una hoja de ruta que siempre desafió los manuales del tenis moderno. Mientras otras promesas de su generación se trasladaban a academias de élite y cursaban estudios online, Rafa siguió un camino diferente al priorizar su formación académica, completando el bachillerato en Leganés y compaginando el tenis con sus estudios universitarios en la Universidad de Virginia, donde cursaba una carrera de ciencias, hasta que finalmente decidió dar el salto al profesionalismo.

Paris (France), 31/05/2026.- Rafael Jodar of Spain during his Men's 4th round match against Pablo Carreno Busta of Spain at the French Open Grand Slam tennis tournament at Roland Garros in Paris, France, 31 May 2026. (Tenis, Abierto, Francia, España) EFE/EPA/CHRISTOPHE PETIT TESSON

Rafael Jódar en Roland GarrosEFE

Con sus 1,91 metros de estatura, su pasión por el ajedrez, la música de Coldplay y su costumbre de dedicar en alguna ocasión la victoria al futbolista del Real Madrid, Jude Bellingham, Jódar mantiene los pies en la tierra gracias a ese cordón umbilical que lo une a su box en París, confesando que mirar ahí y ver que solo está su padre lo hace todo muy fácil en un pacto de lealtad absoluta entre un progenitor que prefiere el anonimato de la última fila y un hijo que ha aprendido a conquistar el mundo sin más compañía que la mirada de quien le enseñó a golpear su primera pelota.

Fuera de las pistas, su círculo más cercano gira prácticamente en torno a ese núcleo familiar y a un grupo reducido de amigos de siempre, manteniéndose ajeno al ruido mediático que ha despertado su irrupción al usar las redes sociales solo para hablar con sus padres y amigos, sin pareja conocida y declarándose fan del universo de Harry Potter, de las películas de Piratas del Caribe y del actor Johnny Depp, al que cita como su preferido, mientras admite entre risas que su verdadero placer prohibido es dormir, encantándole las siestas largas siempre que la agenda se lo permite.

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