Jon Kortajarena
El pueblo pesquero donde Jon Kortajarena desconecta y construyó la casa de sus sueños
El actor y modelo atraviesa una de sus etapas más dulces tras ser padre
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Mientras el bullicio de los platós y la adrenalina de las promociones marcan el ritmo de su vida pública, Jon Kortajarena guarda un refugio muy alejado de los focos. Este miércoles es el invitado estrella en El Hormiguero para presentar la nueva temporada de El inmortal. A sus 41 años, el actor y modelo atraviesa una de las etapas más especiales tras convertirse recientemente en padre y continúa encontrando su verdadera paz en Lanzarote. Allí, donde la piedra volcánica se funde con el océano Atlántico, se levanta uno de sus proyectos más personales: Casa Sua, una vivienda concebida como un refugio íntimo en plena naturaleza.
Al norte de la isla, junto al imponente Risco de Famara, el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Famara no es un simple destino costero, sino un lugar capaz de transformar a quien lo visita. Arena dorada, vientos constantes y un paisaje volcánico único forman parte de este enclave que el artista César Manrique llegó a definir como uno de los lugares más mágicos del planeta. Fue precisamente aquí donde Kortajarena decidió echar raíces en 2014, cuando adquirió por 350.000 euros una antigua construcción de los años setenta para transformarla por completo. El proyecto fue desarrollado junto al arquitecto José María Pérez Sánchez, siguiendo una premisa clara: respetar al máximo el entorno natural.
Casa Sua, en Lanzarote
Casa Sua
Lejos de imponerse al paisaje, la vivienda se integra en él. Inspirada en la filosofía de Manrique, la casa se mimetiza con la roca volcánica que la rodea, dando lugar a una arquitectura que parece emerger de la propia tierra. El resultado es una villa inundada de luz natural cuya silueta se funde con el paisaje negro de Lanzarote. «Me han llegado a decir que la casa refleja mi personalidad. Por fuera es más glamurosa, pero por dentro es algo muy íntimo. Su belleza está en lo austero, en lo sobrio, donde no hay nada de superficialidad», explicó el propio modelo en una entrevista para la revista AD.
Uno de los espacios más llamativos es la gran terraza orientada hacia la playa de Famara. Allí, el diseño artesanal adquiere un protagonismo especial gracias a una bañera circular de metal fabricada por un herrero navarro y a una ducha y un inodoro esculpidos directamente sobre bloques de piedra volcánica.
Casa Sua, en Lanzarote
Sin embargo, el elemento más sorprendente son sus muros exteriores revestidos con paneles espejados. Esta solución arquitectónica crea un espectacular efecto visual que hace que la vivienda prácticamente desaparezca, reflejando el paisaje que la rodea y confundiendo sus límites con el horizonte.
Sin televisión
Una decisión deliberada que encaja con la filosofía de desconexión que impregna toda la vivienda. Aquí el silencio no se rompe con notificaciones, pantallas ni televisión, sino con el vaivén constante de las olas y el silbido del viento alisio, que acompañan al visitante durante toda la estancia.
Aunque Kortajarena concibió este lugar como un refugio privado en el que escapar del ritmo frenético de su profesión, la propiedad funciona actualmente como un exclusivo alojamiento vacacional. Su gestión corre a cargo de Alexia, una anfitriona especialmente valorada por los huéspedes, que acumula excelentes reseñas y una puntuación perfecta de cinco estrellas.
La villa está distribuida en cuatro unidades independientes repartidas en dos niveles y cuenta con capacidad para alojar hasta 14 personas. Dispone de siete dormitorios, cinco baños, amplias zonas de estar de concepto abierto y cocinas completamente equipadas.
Jon Kortajarena en Casa Sua
Gracias a su ubicación y a su singular diseño, el enclave se ha convertido en un destino muy demandado tanto por quienes buscan retiros de yoga y conexión con la naturaleza como por prestigiosas firmas de moda y publicidad, que utilizan sus espacios como escenario para campañas fotográficas y producciones audiovisuales.
Eso sí, disfrutar de este refugio frente al Atlántico no está al alcance de todos los bolsillos. Las tarifas superan habitualmente los 1.000 euros por noche y pueden alcanzar los 8.400 euros por una estancia de cinco días en determinadas épocas del año. Durante los meses de verano, además, la disponibilidad suele agotarse por completo, alimentando la incógnita de si la vivienda está ocupada por afortunados viajeros o reservada para el disfrute personal de su propietario.