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Los recuerdos que la Princesa Leonor compró en Gran Canaria: del mojo canario a una joya volcánica

Es un secreto a voces que a la heredera le encanta llevar joyas con significado y, al igual que su madre con su icónico anillo de Coreterno, la Princesa Leonor ya busca su propio talismán

Uno cuando viaja siempre busca llevarse recuerdos que capturen la esencia del lugar, trofeos cotidianos que congelen los momentos de felicidad compartidos. En el caso de la Princesa Leonor, su paso por el archipiélago canario no fue una excepción y su cesta de la compra desveló sus dos grandes pasiones secretas: el misticismo y la gastronomía local. Cruzando el umbral de Kactus Teror (el establecimiento primigenio y buque insignia de la prestigiosa cadena Artesanía Kactu's S.L., una firma nacida en este mismísimo pueblo en octubre de 2004 que hoy lidera el sector turístico con siete tiendas estratégicas en la isla), la heredera seleccionó personalmente dos sugerentes tesoros.

Tienda de Souvenirs a al que acudió la Princesa Leonor en Gran Canaria

El primero, un tarro del icónico mojo canario por un precio de 4,30 euros, la salsa picante e imprescindible que corona las tradicionales papas arrugadas, asegurándose así de exportar a la península el sabor más intenso y pasional de la gastronomía isleña. Sin embargo, el verdadero objeto de deseo fue una delicada pieza de joyería de bajo coste que esconde un profundo significado geológico y espiritual: un elegantísimo anillo de olivina que adquirió por menos de 20 euros.

El anillo de olivina que adquirió la Princesa Leonor en su último viaje por menos de 20€

Este mineral semiprecioso de intenso color verde y deslumbrante brillo cristalino es una auténtica rareza que nace directamente de las entrañas de las rocas volcánicas que definen el alma de las islas. Una elección que no sorprende a quienes siguen de cerca sus pasos, ya que es bien conocida la gran afición de la heredera por lucir joyas y accesorios con un sentido especial, convirtiendo cada pieza en una declaración de intenciones.

Toda esta estudiada selección de recuerdos ocurrió lejos del estricto protocolo que habitualmente encorseta cada uno de sus movimientos institucionales, desprovista de la mirada vigilante de los grandes actos de Estado y sumergida en una atmósfera de absoluta desconexión junto a sus compañeros de la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier. Como cualquier joven de su tiempo que a sus 20 años disfruta escuchando a Bad Bunny, divirtiéndose con sus amigas, viajando e integrándose de maravilla allá a donde va, la futura Reina se camufló como una turista más en la fisonomía de uno de los municipios más bonitos y emblemáticos del interior de Gran Canaria, regalando a los lugareños una estampa tan cercana como insólita al recorrer a pie las históricas y empedradas calles de la pintoresca villa de Teror. Este viaje de fin de curso supone su última aventura militar antes de iniciar una etapa totalmente distinta el próximo curso, cuando comience el Grado en Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid.

Durante la jornada, la localidad mariana vio alterada su apacible cotidianeidad cuando el rumor de la presencia real comenzó a propagarse como la pólvora entre los icónicos balcones de madera labrada de su casco histórico, justo después de que el grupo inmortalizara el momento frente a la imponente fachada barroca del siglo XVIII y la inconfundible torre amarilla de la Basílica de Nuestra Señora del Pino. Aunque la Casa Real había solicitado la más estricta discreción y sin prensa, la naturalidad de la heredera transformó la jornada en una auténtica fiesta de la espontaneidad. De hecho, una vecina relató entusiasmada a un medio canario cómo Leonor la vio desde el parque Teresa de Bolívar, le devolvió el saludo con total soltura y accedió de inmediato a fotografiarse con ella, asegurando que es «muy linda, encantada de conocerla, se ve que es buena persona, muy agradable y simpática». Esta cercanía quedó totalmente demostrada en las terrazas locales, especialmente en la conocida cafetería Iris, donde la Princesa compartió confidencias y se tomó emotivas fotografías mientras agarraba cariñosamente de la mano a las vecinas del lugar antes de despedirse de una isla que ya forma parte de su historia personal.