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El cantante Luis Miguel en Los Cabos, MéxicoGTRES

Las llamativas exigencias de Luis Miguel durante su ingreso médico en Nueva York

El cantante ha abandonado el hospital de Nueva York tras someterse a una operación que estaba totalmente programada

El Sol de México ha decidido refugiarse en su propio santuario para sanar el que, sin duda, ha sido uno de los mayores sustos de su vida. Tras el gran revuelo causado por su bache de salud, Luis Miguel ya descansa en tierras aztecas, donde encara la recuperación de la operación de corazón a la que se sometió en la Gran Manzana bajo la estricta mirada del eminente cardiólogo español Valentín Fuster.

Su paso por las instalaciones del hospital Mount Sinai ya es agua pasada; con el alta médica bajo el brazo, el divo de la música romántica ha preferido blindarse frente al mundo, buscando el calor de su círculo más íntimo y huyendo del implacable ruido mediático. Como viene siendo habitual en su hermética existencia, el silencio ha sido la respuesta oficial de su entorno ante el torrente de rumores de las últimas semanas. Sin embargo, quienes mejor conocen al artista respiran tranquilos y confirman que su mejoría ha sido notable y constante. Aquel paso por el quirófano, lejos de ser una urgencia de última hora, respondía en realidad a una intervención meticulosamente planificada de antemano que los médicos tildaban de necesaria, y que afortunadamente se saldó con un éxito rotundo y sin el más mínimo contratiempo.

Luis Miguel en ParísGTRES

Fiel a su leyenda de estrella inalcanzable, Luis Miguel convirtió su estancia hospitalaria en Nueva York en un auténtico fortín contra las miradas indiscretas, haciendo gala de un nivel de exigencia digno de los mitos de Hollywood. La crónica social desvelada por Informalia saca a la luz los singulares deseos del cantante, quien exigió para su ingreso la suite más lujosa y exclusiva del complejo médico. Un antojo de altura que, caprichos del destino, se truncó al estar la habitación reservada para la hija de un poderoso magnate estadounidense. Lejos de conformarse con un cuarto convencional, el intérprete impuso su particular sello personal y mandó redecorar por completo su estancia, obligando a pintar las paredes de un blanco impoluto para calmar su conocida obsesión por el orden y la pulcritud. Este despliegue estético se completó con un férreo dispositivo de guardaespaldas privados que blindaron el ala médica para evitar que se filtrara el más mínimo detalle de su convalecencia.

En mitad de este blindaje de película, la presencia de Paloma Cuevas ha vuelto a alzarse como el auténtico pilar emocional del cantante. La diseñadora de alta costura ha ejercido de perfecta medicina para el artista, demostrando una destreza impecable al compaginar sus compromisos transatlánticos con la atención constante que requiere su pareja.

Si bien es cierto que el momento exacto en el que Luis Miguel abandonó la clínica neoyorquina sorprendió a la cordobesa en España por inaplazables obligaciones familiares, la distancia no enfrió su entrega absoluta. Su hoja de ruta está clara: cruzará el océano las veces que haga falta para convertirse en su sombra en tierras aztecas. Además, el Sol de México no ha caminado en solitario durante estos días en el hospital; el relevo familiar funcionó a la perfección y su hija, Michelle Salas, lideró el cuidado a pie de cama. Ahora, a sus 56 años, el divo se dispone a recuperar la vitalidad bajo el cielo mexicano.