El Rey Harald de Noruega y la Reina Sonia
Realeza
Harald V, el Rey que siempre quiso vivir como un noruego más
Consiguió algo que no siempre resulta sencillo para un monarca, que sus compatriotas vieran primero al hombre y después a la Corona
El vals en el jardín de palacio con el que los Príncipes de Noruega celebraron sus 25 años de matrimonio
Harald V nació el 21 de febrero de 1937 en Skaugum, hijo único varón de los Príncipes Olav y Märtha y nieto del Rey Haakon VII. Tenía tres años cuando la invasión alemana de Noruega cambió para siempre su infancia. La Familia Real abandonó el país y el pequeño Harald pasó parte de los años de guerra en Estados Unidos.
Al regresar a Oslo en 1945, sus padres se empeñaron en que recibiera una educación lo más parecida posible a la de cualquier niño noruego. Fue después soldado, estudiante en Oxford y, sobre todo, deportista.
Harald de Noruega en su époa de soldado
La vela fue su gran pasión: compitió en tres Juegos Olímpicos, llevó la bandera noruega en Tokio 1964 y llegó a proclamarse campeón mundial y europeo. Hasta 2022 siguió participando en regatas. El mar, la montaña, la pesca y la naturaleza fueron siempre su territorio favorito, mucho más que el protocolo.
Harald V y Sonia el día de su boda, en 1960
También fue un Príncipe que quiso casarse por amor. Harald llevaba nueve años de relación con Sonja Haraldsen (Sonia de Noruega), una joven de Oslo sin sangre azul, cuando consiguió finalmente el permiso de su padre para casarse con ella en 1968.
El Rey Harald de Noruega cuando era príncipe heredero en la década de 1950
Muchos consideraban que aquel matrimonio podía poner en peligro la monarquía. Ocurrió justo lo contrario: Sonia acabaría convirtiéndose en una de las reinas más populares de Europa.
El rey Harald asiste al Día de la Liberación y al Día Nacional de los Veteranos en la fortaleza de Akershus, en Oslo
Tuvieron dos hijos, Märtha Louise y Haakon, y cuando Olav V murió en enero de 1991, Harald, con 53 años, heredó la Corona que llevaba décadas esperando. Su reinado mantuvo esa misma filosofía: una monarquía cercana, poco amiga de las distancias y muy consciente de que detrás de una institución hay personas.
El Rey Harald de Noruega y la Reina Sonia
Quizá el mejor ejemplo llegó en 2001, cuando su hijo Haakon anunció su boda con Mette-Marit Tjessem Høiby, una mujer divorciada, madre de un niño y completamente ajena a los círculos reales. La decisión provocó polémica, pero Harald volvió a reconocer en su hijo el derecho a elegir su propia felicidad.
La boda del Príncipe Haakon y Mette-Marit, el 25 de agosto de 2001, en Oslo
En el banquete de boda recibió a Mette-Marit con unas palabras que resumían perfectamente su manera de entender la familia: «No eres una mujer corriente. Eres una mujer extraordinaria». Habló de su honestidad, su determinación y su valentía y celebró que hubiera elegido una vida «extraordinaria» junto a Haakon.
La Reina Máxima de los Países Bajos con el Rey Harald de Noruega durante el banquete de Estado, en Oslo.
Con los años, aquel Rey que había sido Príncipe olímpico terminó convertido en patriarca. Vio crecer a sus hijos, conoció a sus nietos y, en 2004, llevó en brazos durante su bautizo a la Princesa Ingrid Alexandra, la niña destinada algún día a ocupar el trono después de su padre.
El Rey Harald de Noruega en los Juegos Olímpicos de invierno
Harald V nunca necesitó grandes gestos para construir su imagen. Su sello fue precisamente el contrario: la cercanía, el humor, la pasión por el deporte y una vida familiar en la que las viejas reglas de la realeza fueron perdiendo peso.
El Rey Harald de Noruega y la Reina Sonia
Durante más de tres décadas, el hombre que llegó al trono después de esperar media vida consiguió algo que no siempre resulta sencillo para un monarca, que sus compatriotas vieran primero al hombre y después a la Corona. «Alt for Norge» (todo por Noruega). Ese fue su lema. Y también la medida de su reinado.