25 de septiembre de 2022

Mapa general de Atlantropa

Mapa general de Atlantropa

Cuando un alemán quiso garantizar la independencia energética de Europa en 1927

En los años 20 del siglo pasado, un megaproyecto de ingeniería se planteó para solventar cuestiones de índole geopolítica como estas

Las noticias de este verano pintan un panorama poco alagueño para Europa: la guerra en Ucrania, la falta de independencia energética, por no hablar del protagonismo creciente de China y EE.UU. En el fondo, estamos ante problemas que no son nuevos: en los años 20 del siglo pasado, un megaproyecto de ingeniería se planteó para solventar cuestiones de índole geopolíco como estas. Su ideólogo fue el arquitecto alemán Herman Sörgel.

Herman Sörgel y Atlantropa

Herman Sörgel (1885-1952) creía que la única manera de evitar la Segunda Guerra Mundial era la cooperación tecnológica en un enorme proyecto: Atlantropa. Ni la política ni la diplomacia conseguirían la paz. Comienza a trabajar y dar forma a su proyecto en 1927, tras la Primera Guerra Mundial, en plena República de Weimar y habiendo perdido Alemania su imperio colonial en África. El objetivo era hacer de Europa y África un supercontinente, con un peso internacional reforzado. Embarcar a los europeos en algo así haría que sus diferencias ideológicas pasasen a un segundo plano.
Herman Sörgel, c.a. 1950

Herman Sörgel, c.a. 1950Deutsches Museum

El objetivo era hacer de Europa y África un súpercontinente, con un peso internacional reforzado

La ejecución de Atlantropa implicaba ganar tierras al Mediterráneo, del orden de 660.200 km², tras provocar un descenso en el nivel del mar. El resultado serían dos cuencas: la occidental, fruto del descenso de 100 metros del nivel del agua, y la oriental, con un descenso de 200 metros. La comunicación entre las cuencas y el Atlántico se garantizaba con esclusas. El descenso del agua haría que se pudiera ir andando de Mallorca a Menorca y de Sicilia a la península Itálica. Venecia quedaría a 500 km del Adriático, por lo que se proyecta un dique que evitaría que la laguna del mismo nombre se secase. La idea de tener nuevos terrenos gustó a destacados judíos, pues al haber más terreno se podrían establecer en la zona palestina sin problema, lo que parece que no agradó al nacionalsocialismo.
Las nuevas tierras servirían de sustento para más de 100 millones de personas. La producción de alimento habría que ponerla en duda: no ha sido hasta 2019 cuando los científicos han inoculado a la alfalfa bacterias tolerantes a la sal. Sí habría terreno para construir nuevos núcleos de población e infraestructuras: carreteras, puertos, vías de ferrocarril, túneles y puentes, que permitirían, por ejemplo, ir de Berlín a Ciudad del Cabo atravesando el estrecho de Gibraltar o el estrecho de Sicilia.

El descenso del agua haría que se pudiera ir andando de Mallorca a Menorca y de Sicilia a la península Itálica

Mapa general de Atlantropa: Obras de Gibraltar con presa y central eléctrica, nuevos terrenos, irrigación del Sahara, túnel para ferrocarril Londres - Dakar, puente para ferrocarril Berlín - Ciudad del Cabo, línea central, 1932

Obras de Gibraltar con presa y central eléctrica, nuevos terrenos, irrigación del Sahara, túnel para ferrocarril Londres - Dakar, puente para ferrocarril Berlín - Ciudad del Cabo, línea central, 1932Deutsches Museum

Para hacer una Europa interdependiente energéticamente, Atlantropa recurre a grandes obras de ingeniería: presas y centrales hidroeléctricas. La mayor presa estaría entre Europa y África, cerca de Gibraltar. Limitaría la entrada de agua del Atlántico al Mediterráneo, aprovechando el flujo del agua para generar electricidad. Sólo su construcción ocuparía a un millón de trabajadores, solucionando el problema del desempleo. Su central daría electricidad a Europa y África y estaría supervisada por un organismo independiente, con poder para cortar el suministro de energía a cualquier país que amenazara la paz. También se construiría una presa entre Sicilia y Túnez, que evitaría que el nivel del Mediterráneo bajara demasiado y facilitaría la conexión entre África y Europa, y otra en los Dardanelos, que cerraría la entrada de agua desde el Mar Negro.
En una segunda fase, el río Congo y el lago Chad se represarían y generarían electricidad, además de crear artificialmente un «segundo» Nilo, que ayudaría a ganar tierras de cultivo en el Sahara y desembocaría en Túnez.
Puente colgante entre Sicilia y Túnez

Puente colgante entre Sicilia y TúnezDeutsches Museum

Para llevar a cabo todo lo anterior, cada país debería invertir tanto dinero y capital humano que ninguno tendría recursos suficientes para financiar una guerra, cumpliéndose de esta forma el objetivo de Sörgel de evitar otra guerra mundial.

Nada o casi nada es nuevo en Atlantropa

La originalidad de Sörgel reside en el hecho de aglutinar ideas y adelantos de ingeniería y asumir hipótesis científicas sin confirmar.
El nombre original del proyecto fue Panropa, del apócope de Paneuropa. La idea del supercontinente euroafricano se había formulado en los años 20 del siglo pasado: se hablaba del proyecto euroafricano y de la integración de Europa. África se veía como parte natural o necesaria de la esfera geopolítica de Europa. En 1929, Richard Coundenhove-Kalergi afirmaba que «África podría proporcionar a Europa materias primas para su industria, nutrición para su población, tierra para su superpoblación, mano de obra para sus desempleados y mercados para sus productos».
Sörgel defendía la teoría de que la cuenca mediterránea no estaba originalmente cubierta por agua. Por esta razón habla de «recuperar», y no «ganar», tierra al mar. Difusor de esta teoría fue el novelista británico H.G. Wells, autor de obras como La guerra de los mundos (1898) y Esquema de la historia universal (1920), en el que hay un capítulo titulado La inundación de Valle Mediterráneo. Si bien es cierto que el Mediterráneo quedó aislado del Atlántico, se secó y se convirtió en una gran salina, lo que se conoce como la Crisis de Salinidad del Messiniense no se aceptó hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
En cuando a los adelantos técnicos, entre 1927 y 1932, los holandeses construyeron el proyecto Zuiderzee («Mar del Sur») para ganar tierras al mar. El túnel de Gibraltar está en dos obras alemanas de ciencia ficción: Auf zwei Planeten (Entre dos planetas, 1897) y Der Tunnel (El Túnel, 1913).
Dos antecedentes importantes sobre la irrigación de terrenos áridos: el cultivo de algodón en terrenos áridos que anhelaban los zares, que aceptaron el apoyo americano para cumplir este propósito en 1911, igual que los bolcheviques entre 1928 y 1932.

El peso que hoy tienen Rusia y China en África hace que esta idea esté hoy, si cabe, más lejos de alcanzarse que en 1927

Impacto de la desecación parcial del Mediterráneo

Sólo la desecación parcial del Mediterráneo haría que se dibujaran profundos cañones en la desembocadura de los ríos. A la vista de lo sucedido en el mar de Aral, habría que contar con la pérdida de especies y medios de subsistencia, la desaparición del efecto dulcificador del mar en el clima y problemas respiratorios por las sales en suspensión en el aire.
Por si lo anterior fuera poco, los científicos relacionaron la Crisis de Salidad del Messiniense con «un pico de actividad volcánica»: la evaporación del agua redujo la presión que esta ejercía sobre la litosfera, lo que hizo más fluido el magma acumulado en la corteza y que llegara más fácilmente a la superficie. Quién sabe si Atlantropa provocaría un pico de actividad en el Vesubio, el Etna, el Estrómboli, etc.

Final de Atlantropa

Dos hitos marcaron el final de Atlantropa: el fallecimiento de Sörgel el 25 de diciembre de 1952, atropellado mientras iba en bicicleta, y la puesta en marcha de la primera central nuclear de la historia en 1954. De todas formas, parece que, al menos, uno de sus ideales cuenta con adeptos de renombre: en 2007, Nicolas Sarkozy afirmó que «Lo que Francia quiere con África es preparar el advenimiento de ‘Eurafrica’, un gran destino común que espera a Europa y África». El peso que hoy tienen Rusia y China en África hace que esta idea esté hoy, si cabe, más lejos de alcanzarse que en 1927.
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