01 de diciembre de 2022

Francesco Bernardi, “Senesino” (izq.) y Gaetano Berenstadt (der.) en la ópera Flavio de Händel, en el grabado de John Vanderbank (Londres, 1723)

Francesco Bernardi, «Senesino» (izq.) y Gaetano Berenstadt (der.) en la ópera Flavio de Händel, en el grabado de John Vanderbank (Londres, 1723)

Los castrati: los niños que fueron mutilados para que conservaran sus voces agudas

Se castraba a los niños para que éstos sustituyeran a las mujeres en el canto. A través de esta mutilación conservaban la voz blanca o infantil

En la primera carta a los Corintios San Pablo dice: «Como en todas las Iglesias de los Santos, que las mujeres callen en las reuniones, pues no les está permitido tomar la palabra». Ésta fue la base para que se iniciara la castración. A principios del siglo XVI, al crearse la Capilla Pontificia el Papa Julio II autorizó la castración ad honorem Dei. Pero no todos los castrati acabaron cantando en las iglesias, con los años el mundo de la ópera les reclamó.
Se castraba a los niños para que éstos sustituyeran a las mujeres en el canto. A través de ella conservaban la voz blanca o infantil. Los niños, antes de realizar el cambio, mantienen una voz parecida a la femenina. Una vez realizado el cambio, evolucionan hasta convertirse en tenores, barítonos o bajos. En pocas palabras, pierden la feminidad de su voz. Por eso se castraba a los niños que tenían entre 7 a 12 años. Éste es el inicio. Ahora bien, ¿cómo se castraba?
Había dos métodos de castración. La primera era extirpar los testículos. El segundo método era remojar los testículos con leche, para ablandarlos y, después, eran presionados para aplastarlos completamente. Las medidas higiénicas eran nulas. En muchas barberías de Italia había un letrero que ponía: «aquí se castra limpiamente». Por lo que muchos niños morían, a posteriori, como consecuencia de las infecciones.

Mientras unos fueron admirados por todas partes, otros sobrevivieron en corazones parroquiales

Un método para mantener la voz aguda

Tengamos en cuenta algo. Nadie les había garantizado a los padres que, después de la castración, tuvieran una buena voz o que pudieran dedicarse al canto. Las familias pobres, que tenían muchos hijos, cedían uno a la castración esperando que llegara a ser una gran estrella y pudiera sacarles de la pobreza. Esto ocurrió muy rara vez. ¿Cuántos de los niños castrados llegaron a cantar?
Si en los tres siglos que hubo castraciones se produjeron unas cien mil, solo un 10 % llegó a dedicarse al canto y, de éstos, solo un 1 % fueron famosos. Es decir, mil castrati gozaron de cierta fama a lo largo de tres siglos. Y de estos 1.000 los nombres que recordamos hoy en día se pueden contar con los dedos de las dos manos. Algunos castrati famosos fueron Matteuccio; Senesino; Farinelli; Carestini; Caffarelli; Gizziello, Marchesi; Crescentini; Velluti; Mustafá; o Moreschi. La castración era una lotería en la que muy pocos acertaban. Mientras unos fueron admirados por todas partes, otros sobrevivieron en corazones parroquiales.
Farinelli, famoso castrato del siglo XVIII

Farinelli, famoso castrato del siglo XVIIIDidier Descouens / Wikimedia Commons

Los niños ya castrados eran internados en conservatorios en los que estaban una media de diez años. Allí les enseñaban a respirar y desarrollar una técnica muy particular de inspirar y respirar, con el propósito de garantizar una técnica vocal única. Además, eran educados en la técnica vocal de la ornamentación. Es decir, el castrati debía adquirir y dominar perfectamente todos los ornamentos típicos de la época. La preparación musical también incluía aprender a tocar un instrumento.
Una vez fuera de los conservatorios, el joven castrati estaba preparado para triunfar. Tengamos en cuenta que las óperas estaban escritas para castrati, por lo que no les faltaba trabajo. Teniendo en cuenta esto, ¿qué caché económico ganaban? En esa época las temporadas operísticas no duraban tanto como hoy en día. En Italia se cantaba un máximo de cuatro meses. Lo mismo ocurría en Inglaterra. Así pues, un castrati de prestigio podía cantar, como máximo, seis meses al año. Sus ganancias les permitían sobrevivir el resto del año. Los de segunda fila debían buscarse la vida.

Las óperas estaban escritas para castrati, por lo que no les faltaba trabajo

¿Cuánto dinero podía llegar a ganar durante esa temporada? Para saber esto pondremos varios ejemplos. Senésimo, en Nápoles, recibía 3.692 ducados por función. Esto supone a algo más de 6.000 euros. Tengamos en cuenta que el compositor solo ganaba 200 ducados. Caffarelli, Senesino o Cuzzoni ganaban en Inglaterra 1.000 guineas –unos 6.000 euros– por temporada. Mientras, Farinelli llegó a cobrar 2.000 guineas –unos 12.000 euros– por temporada. Estas cifras las tenemos que comparar con el coste de la vida de esa época. Un caballero podía vivir con 100 libras al año, con las que podía mantener una casa, una criada y una cocinera. Unos ingresos de 200 libras al año le proporcionaba un muy buen pasar.

El fin de los castrati

Si bien Farinelli fue el mayor de todos los castrati, como suele ocurrir, a éstos les llegó la decadencia. Fue a finales del siglo XVIII. La razón es que habían pasado de moda. Además de esto, hubo dos aspectos que fueron fundamentales para su decadencia. En 1798 el Papa Pío VI revocó la prohibición y las mujeres volvieron a cantar en los escenarios. El segundo aspecto fue la llegada, en la escena, de los «falsetistas». Eran hombres que falseaban su voz como Alfred Deller o Philippe Jarousky.
La decadencia dio paso a un período de confusión. Algunos castrati, por su parecido a mujeres, iniciaron lo que hoy conocemos como travestismo. Tuvieron un gran impacto en la sociedad de su tiempo, pero también decayó su estrella. Los dos últimos grandes castrati de la historia fueron Crescentini y Velluti. Ambos dejaron de cantar durante la primera mitad del siglo XIX. Se puede decir que aquí finalizó la historia de los castrati en los escenarios, pero no el fin de los mismos. La Capilla Pontificia los mantuvo hasta el año 1913.
Perosi rodeado por los niños de la escolanía de la Capilla Sixtina

Perosi rodeado por los niños de la escolanía de la Capilla Sixtina

Los últimos castrati de la Capilla Pontificia fueron Mustafá y Alessandro Moreschi. El maestro de capilla del Vaticano, Lorenzo Perosi, fue el que convenció al Papa León XIII para que prohibiera esta práctica. En 1902 publicó una bula donde se prohibía definitivamente la utilización de los castrati en la música religiosa. Aquella dio fin a un período de tres siglos de castraciones. Ahora bien, la Capilla Pontificia todavía contaba, en 1902, con castrati. ¿Qué hacer con ellos? Se llegó al acuerdo de seguir manteniéndolos hasta que se retiraran. Y vivieron en el Vaticano hasta su muerte. El último de ellos, Moreschi, se jubiló en 1913 y murió en 1922. De Moreschi y el coro de castrati del Vaticano existen varias grabaciones históricas.
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