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01 de marzo de 2024

El Parque Arqueológico de Copán Ruinas, en Copán (Honduras)

El Parque Arqueológico de Copán Ruinas, en Copán (Honduras)EFE

Un río y los humanos: las peores amenazas para el parque arqueológico maya en Honduras

«En términos de impacto sobre la zona arqueológica, Copán está subutilizada», indica el arqueólogo Ricardo Agurcia y critica la acción dañina del ser humano en el yacimiento

Descubierto en 1570 por el español Diego García de Palacio, Copán es uno de lo sitios arqueológicos más importantes que quedan de la civilización Maya. Sin embargo, según indican los arqueólogos el río Copán y la acción del ser humano están amenazando la conservación de este importante yacimiento maya.
Ricardo Agurcia, quien descubrió en 1989 el templo Rosalila perteneciente al conjunto arqueológico, expresó tras finalizar el Congreso Arqueológico 2023 que «el río Copán se ha convertido en un ente tremendamente inestable. El río está más alto que antes y, por ende, amenaza más al sitio, esto es producto de la deforestación y destrucción del medio ambiente».
El Parque Arqueológico de Copán Ruinas, en Copán (Honduras)

El Parque Arqueológico de Copán Ruinas, en Copán (Honduras)EFE

Por otro lado, también indicó que la acción de las personas en esta antigua urbe es «el ente más dañino» en el sentido de la destrucción del medio ambiente: «En términos de impacto sobre la zona arqueológica, Copán está subutilizada, tenemos capacidad de duplicar o triplicar la cantidad de visitantes siempre y cuando se desarrollen los lineamientos para que el daño sea mínimo, se proteja dónde están visitando, qué están tocando, qué no deben tocar», destacó el profesional.
Por esta razón urge «trabajar arduamente en restaurar la zona arqueológica y el ambiente que rodea el sitio, proteger las cuencas y aprender mejores técnicas del uso de los suelos en la cuenca del río Copán», subrayó el experto.

Proteger el patrimonio cultural

Agurcia indica que desde el descubrimiento del templo Rosalila se han «enfocado mucho en investigar su significado, su historia, colocarla dentro de las diferentes etapas de los reyes de Copán». No obstante, ante la amenaza que suponen estos dos factores, ahora es «más importante la preocupación por la conservación y el cuidado del hermoso templo Rosalila, ya que se trata de una joya que no puede ser reemplazada y por la que hay que velar».
El templo, del que figura una réplica al tamaño natural en el Museo del parque arqueológico de Copán Ruinas, ha dejado plasmado no solo la información sobre las creencias de los mayas, sus ritos y su religión, sino también sobre su arte y arquitectura, que son sumamente importantes para conocer los monumentos de Copán, por lo que es un deber y obligación que tienen los hondureños de cuidarlos.
«Rosalila nos ha dejado un legado extraordinario, es un templo que –los mayas– dejaron expuesto y en el cual realizaron ceremonias venerando al fundador de la dinastía por quizás 200 años, fue un sitio de veneración importante que no lo enterraron y destruyeron como otros», subrayó el arqueólogo.
Vista hoy del Parque Arqueológico de Copán Ruinas, en Copán (Honduras)

Vista hoy del Parque Arqueológico de Copán Ruinas, en Copán (Honduras)EFE

El esplendor de la civilización maya

El explorador español escribiría una carta dirigida al Rey Felipe II en el que decía: «En el primer lugar de la provincia de Honduras que se llama Copán, están unas ruinas y vestigios de gran población y de soberbios edificios tales que parece que ningún tiempo pudo haber en tan bárbaro ingenio como tienen los naturales de aquella provincia, edificios de tanto arte y suntuosidad, es ribera de un hermoso río y en unos campos bien situados de tierra de un mediano temple, harta de fertilidad y de mucha caza y pesca. En dichas ruinas hay montes que parecen haber sido hechos a mano y en ellas muchas cosas de notar. Antes de llegar a ellos se encuentra una piedra grandísima en figura de águila y hecho en su pecho un cuadro de una vara de largo y en él, ciertas letras que no se sabe que sean»
Siglos más tarde, el coronel Juan Galindo dirigiría una nueva expedición a las ruinas en 1834 y escribió sobre el sitio para publicaciones en Inglaterra, Francia y América del Norte. Siguiendo su ejemplo, el estadounidense John Lloyd Stephens y el inglés Frederick Catherwood visitaron Copán e incluyeron una descripción, mapa y dibujos detallados en el relato Incidentes de viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán publicado en 1841.
Las exploraciones y estudios continuaron hasta el siglo XX cuando empezaron los proyectos para evitar una mayor destrucción de la acrópolis, víctima –en numerosas ocasiones– de las fuerzas de la naturaleza, sobre todo, la erosión fluvial y el saqueo de este sitio declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980 por la Unesco.
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