Fundado en 1910

29 de febrero de 2024

Reconstrucción artística de la vida en un mercado romano de Jerusalén

Reconstrucción artística de la vida en un mercado romano de JerusalénWikimedia Commons

Mujeres en la Antigüedad

Egeria, una mujer intrépida en Tierra Santa o la primera gran viajera de la historia

Su cuaderno de viaje es el más antiguo escrito de nuestra historia, redactado con naturalidad y expresiones sencillas, donde nos revela a una mujer verdaderamente piadosa, inquieta, decidida, curiosa y muy valiente

En el año 1844, el erudito italiano Gian Francesco Gamurrini encontró en la biblioteca de Santa María de Arezzo un códice que contenía un itinerario incompleto, en el que una mujer describía con bastante detalle parte de su viaje por Oriente Próximo, además de la liturgia que se practicaba por aquellos lugares. ¿Quién era su autora?
Seguramente los que han viajado a Tierra Santa han oído hablar de esta singular mujer y de su viaje, pero en general es bastante desconocida para nosotros. Hoy sabemos con certeza que se llamaba Egeria y que nació en el siglo IV en la Hispania romana, en la provincia de la Gallaecia, en el extremo occidental del mundo conocido entonces.

Peregrina, viajera y escritora

Entre las mujeres de la aristocracia romana se puso de moda en el Bajo Imperio visitar los Santos Lugares, descubiertos y popularizados por santa Elena, la madre del emperador Constantino el Grande. Al igual que Egeria, sabemos que otras mujeres hicieron este viaje, Paula de Roma, Melania la Mayor y Melania la Joven, tres mujeres de la nobleza romana que renunciaron a sus riquezas y adoptaron una forma de vida ascética en Tierra Santa. Pero al parecer Egeria fue la única que escribió sobre su viaje.
Egeria

Egeria

Entre los años 381 y 384 Egeria emprendió un largo viaje para visitar los lugares santos. Viajó a lomo de caballos, en barco y a pie. Llegó a Constantinopla en el año 381. De ahí partió a Jerusalén y visitó Jericó, Nazaret y Cafarnaúm. Un año después, desde Jerusalén viajó hacia Egipto, visitó Alejandría, Tebas, el mar Rojo y el Sinaí. Fue luego a Antioquía, Edesa, Mesopotamia y Siria desde donde regresó vía Constantinopla.
Escribió sus impresiones en el libro Itinerarium ad Loca Sancta, donde narra de forma minuciosa y animada anécdotas y curiosidades de su extraordinario viaje. En realidad, es un conjunto de cartas dirigidas a unas amigas, dominae sorores (señoras y hermanas), lo que hace pensar que pertenecía a una comunidad religiosa. De hecho, muchas veces se la llama la monja Egeria, aunque este concepto no existía aún en aquel momento.
Una copia incompleta del Itinerario de Egeria forma parte de este códice creado en el scriptorum de la Abadía de Montecassino

Una copia incompleta del Itinerario de Egeria forma parte de este códice creado en el scriptorum de la Abadía de Montecassino

En su relato narra las dificultades con que se encontró al transitar por paisajes y regiones inhóspitas. Sin duda, no era un viaje fácil, especialmente para una mujer. Es cierto que iba acompañada y que llevaría algún salvoconducto para poder atravesar determinados lugares, pero el viaje era complicado y no estaría exento de peligros.
Su cuaderno de viaje, el más antiguo escrito de nuestra historia, está redactado con naturalidad y expresiones sencillas, en el latín vulgar y coloquial que se hablaba por aquel entonces. Y, desde luego, revela que era una mujer verdaderamente piadosa, inquieta, decidida, curiosa y muy valiente.
Una de las muchas anécdotas que Egeria nos transmite refiere que el obispo de Segor, Zóar, sugirió visitar el lugar donde se encontraba la mujer de Lot convertida en estatua de sal, tal como relata la Biblia. Egeria escribió a sus amigas: «Creedme, venerables señoras (…) cuando nosotros inspeccionamos aquel paraje, no vimos la estatua por ninguna parte. No puedo engañaros». Para que nos vamos a engañar… No hay estatuas de sal.

La primera gran viajera

No hay datos sobre cuándo y dónde murió Egeria, no sabemos si regresó finalmente a Hispania, o se quedó por aquellos lugares, porque sus cartas terminan con su estancia en Constantinopla.
Lo que sí sabemos es que tiempo después, san Valerio del Bierzo o de Astorga, un abad del siglo VII, escribió una carta a sus monjes en la que elogiaba la valentía de la peregrina Egeria: «La bienaventurada Egeria, con la llama del deseo de la gracia divina, con el sustento de la majestad del Señor, emprendió un largo periplo por todo el orbe, con todas sus fuerzas y con un corazón intrépido».
Desde luego, nuestra Egeria, la primera gran viajera de la que tenemos conocimiento, fue una mujer intrépida, que buscaba la verdad, y que no se detuvo ante las cortapisas de la época en la que le tocó vivir.
Comentarios
tracking