Ana de Soto, la primera mujer infante de Marina
Quién fue Ana de Soto, la primera mujer que sirvió en la Infantería de Marina española
Ana se retiró con el grado de Sargento Primero de los Batallones de Infantería de Marina, puesto que su arrojo y valentía así lo acreditaban
Aunque pueda parecer chocante, la Real Armada del siglo XVIII no sólo fue una empresa masculina, sino que muchas mujeres tuvieron un papel clave y destacado, por ejemplo, en los astilleros. En la Infantería de Marina, Ana María de Soto y Alhama es una de estas féminas ilustres, cuya historia no es todo lo conocida que merece.
Doña Ana nació el 16 de febrero de 1775 en la cordobesa localidad de Aguilar de la Frontera, hija de Tomás de Soto y de Gertrudis de Alhama. Sería unos años después, en 1793, cuando nuestra protagonista se alistó en la Infantería de Marina. Entró como soldado en la sexta compañía del undécimo batallón, respondiendo al nombre de Antonio María de Soto.
Estos años finales del último tercio del XVIII, son momentos de mucha actividad para el Real Ejército y Armada. La España de Carlos IV está nadando en un complejo contexto internacional, puesto que la Revolución Francesa estaba en ebullición, al tiempo que los británicos seguían siendo una preocupación notable. El talento, dedicación y gallardía de nuestros marinos y militares iba a ser el recurso clave en unos momentos tan complicados y Ana María no iba a defraudar.
Su primer destino fue la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, encuadrada dentro de la escuadra del comandante Juan de Lángara. Nuestra protagonista tomó parte en las operaciones para socorrer Bañuls y Rosas, que estaban siendo sometidas a un intenso ataque por parte de las tropas francesas. Pese al enorme esfuerzo, no se pudo frenar a los revolucionarios galos y España se vio obligada a sentarse en la mesa de negociación con Francia y se acabó pactando la Paz de Basilea de 1795.
La Mercedes fue construida en el Real Astillero de La Habana, estando dotada con 34 cañones y operaba continuamente en las aguas hispanas, manteniendo las conexiones entre diferentes puntos de la España europea y la americana. En un complejo contexto internacional, pero estando españoles y británicos en paz, en 1804 la Royal Navy decidió atacarla y hundirla, segando la vida de buena parte de su dotación, en un acto propio de corsarios. Posteriormente, embarcaría en otros buques de la Real Armada, como fueron las también fragatas Balvina, Santa Dorotea y Matilde.
Batalla del Cabo de San Vicente (1797)
Continuando con su servicio, doña Ana tomó parte en uno de los combates más importantes del siglo XVIII: la segunda Batalla del Cabo San Vicente (1797), donde se enfrentaron la Real Armada, formada por una flota de 35 unidades al mando de José de Córdoba, frente a la escuadra británica de 22 buques mandados por Jervis y Nelson. El combate fue muy duro, pero la Royal Navy se mostró superior y cuatro navíos españoles acabaron capturados: el 74 cañones San Isidro, el 80 San Nicolás de Bari, el 112 San José, diseñado por Gautier, y el Salvador del Mundo, conceptualizado por Romero Fernández de Landa.
Este último buque contenía las últimas innovaciones españolas de este ingeniero onubense. Fue un golpe muy duro para la escuadra, pese a que el esfuerzo de Ana María y del resto de efectivos fue inmenso.
Sin embargo, los españoles nos cobraríamos la revancha unos meses después en la defensa de Cádiz y Santa Cruz de Tenerife, donde Nelson fue duramente derrotado. La tacita de plata nuevamente sería el objetivo de la Royal Navy de Jervis, pero la Real Armada y Ejército eran perfectamente conscientes de ello y prepararon la defensa de la plaza, que estaba bajo responsabilidad del ilustre bilbaíno don José de Mazarredo.
El bloqueo duró meses, pero fue eficazmente contenido. Con una cierta periodicidad, los británicos hacían pequeños ataques en diferentes puntos de Cádiz, que eran convenientemente rechazados.
Una de estas incursiones fue realizada por los hombres de Nelson el día 3 de julio, pero Gravina y sus más de cien lanchas cañoneras consiguieron su completo rechace. Finalmente, los británicos abandonarían el ataque a Cádiz y doña Ana de Soto pasó a la fragata Matilde, su último destino, en que serviría hasta julio de 1798. Fue en esta fragata, botada en 1778 en La Habana y dotada con 40 cañones, en que se descubrió que Antonio María de Soto era realmente una mujer que respondía al nombre de Ana María de Soto, puesto que fue sometida a un chequeo médico al haber caído enferma. Había sido capaz de guardar su secreto durante más de cinco años en que eficazmente sirvió a España.
Cuando Mazarredo se enteró de esta circunstancia, ordenó que fuera desembarcada de inmediato y doña Ana se retiró con el grado de Sargento Primero de los Batallones de Infantería de Marina, puesto que su arrojo y valentía así lo acreditaban. Se reencontraría con sus padres unas semanas después y viviría el resto de su vida, con un estanco, en Montilla hasta su fallecimiento en 1833. Eso sí, la resolución de Carlos IV le permitía usar los colores de la Infantería de Marina.