Fragmento del Lienzo de Quauhquechollan, una narración visual indígena del siglo XVI que documenta la Conquista de Guatemala.
Jorge de Alvarado: el conquistador eclipsado por su hermano Pedro, apodado 'el dios sol'
Jorge fue un gran conquistador, pero siempre vivió a la sombra de su hermano Pedro, apodado Tonatiuh, el dios sol
De todos los hijos que tuvo el maestresala de Enrique IV y comendador de Lobón, (Badajoz), Gómez de Alvarado y Messia y su esposa Leonor de Contreras y Carvajal, el más célebre fue Pedro de Alvarado, lugarteniente de Hernán Cortes, conquistador de Guatemala y a quien la historiografía ha responsabilizado de la matanza del Tóxcatl, lo que a la postre derivaría en la emboscada de la noche triste, que estuvo muy a punto de acabar con la epopeya 'cortesiana'.
Pedro fue un personaje un tanto desmedido en todos los sentidos. De gran carácter, duro, ambicioso y valiente. Su tez muy pálida, sus penetrantes ojos azules y sobre todo su revuelta melena y barba de un rubio chillón le valieron el apodo náhuatl de Tonatiuh, es decir, «dios sol». Su fama opacó, en gran medida, la de sus hermanos. Sin embargo. Jorge, uno de sus hermanos pequeños, fue también un gran capitán, que participó en gran parte de las expediciones de Pedro y cuya biografía merece brillar con luz propia.
Los padres de Jorge pertenecían a la nobleza castellana. Alvarado y Messia era caballero de la orden de Santiago y por parte materna descendía de los señores de Grimaldo. El matrimonio tuvo seis hijos varones y tres mujeres. En el caso de los Alvarado, sin embargo, a pesar de la noble cuna, tenían una prolífica prole y poseían un patrimonio muy escaso, así que todos los chicos terminaron embarcando hacia el nuevo mundo en busca de fortuna, de honra y de aventuras.
Así, en 1510, Jorge se enrola con sus dos hermanos mayores, Pedro y Gonzalo y los menores, Gómez, Hernando y Juan, rumbo a Santo Domingo. En realidad, la fecha de llegada a La Española de los Alvarado no pudo ser más afortunada. Ese mismo año el Gobernador, Diego Colón, había encargado a Diego Velázquez de Cuellar la exploración y conquista de la isla de Cuba, por lo que el segoviano buscaba hombres para la empresa, a la que ya se había apuntado otro extremeño llamado Hernán Cortés.
Detalle del Manuscrito de Glasgow representando a Pedro de Alvarado liderando a los guerreros tlaxcaltecas en la Guerra de Cuzcatlán
En ese espíritu inquieto de búsqueda de fortuna y aventuras se enrolaron los hermanos Alvarado en 1511 y participaron en la conquista de la isla más grande de las Antillas. En 1518, Jorge será uno de los más de 200 hombres embarcados en los 4 navíos de la expedición de Grijalva. Este viaje tendrá una gran importancia porque se explora una parte de la costa muy desconocida, más allá de lo aportado un año antes por la expedición más limitada de Hernández de Córdoba, quien fallecería por las heridas producidas en uno de los enfrentamientos con los mayas chontales.
Grijalba navega desde Tulum hasta el Río Pánuco, cartografiando el litoral, entrando en contacto con mayas y totonecas y elabora un extenso informe que, a la postre, le será de gran utilidad a Hernán Cortés. Por cierto, que en esa expedición sale a relucir el fuerte carácter de su hermano Pedro, quien acaba peleado con Grijalva.
En 1519 y como parte de la alianza con Tlaxcala, que puso fin a las guerras entre otomíes y castellanos, los capitanes de Cortés se casaron, por los ritos locales, con princesas tlaxcaltecas. Así su hermano Pedro se casó con Luisa Xicohtencatl y el propio Jorge lo hará con su hermana Lucia, ambas hijas de Xicohtencatl el viejo, señor de Tizatlán. Uno de los cuatro estados que conformaban la confederación de Tlaxcala.
Jorge de Alvarado, aunque siempre a la sombra de su poderoso hermano Pedro, fue uno de los capitanes que lideró las tropas en la conquista de Pánuco, Oaxaca, Tehuantepec y soconusco. Participó en los principales eventos de aquella increíble gesta que fue la conquista de la Nueva España. Sobrevivió a la noche triste y a la imposible batalla de Otumba y tuvo un papel destacado en el sitio de Tenochtitlán. Jorge, además, llegó a ser corregidor de Veracruz.
Desde la perspectiva negro-legendaria siempre se ha insistido en que los conquistadores españoles eran, en su mayoría, plebeyos movidos por una tremenda avaricia y por un ansia desmedida de oro y piedras preciosas. Personajes crueles y sin escrúpulos que no dudaban en matar a los indios y violar a sus mujeres en esa desenfrenada búsqueda de riqueza y hacienda.
Este discurso, que ha tenido cierto existo entre personas manipulables o muy ignorantes, es totalmente trasnochado. Las pioneras Leyes de Indias y el rápido establecimiento de instituciones estatales en los virreinatos, obligaban, de la misma manera, a los súbditos de la corona, independientemente de encontrarse en la península o en las Américas, a lo que hay que sumar el freno de la denuncia de los religiosos frente a los comportamientos abusivos.
Lo cierto es que los principales conquistadores solían provenir de familias nobles o hidalgas, mientras el resto de la tropa lo conformaba un compendio de todas las clases sociales. Por supuesto buscaban fama y riqueza, pero esto no era lo único en absoluto y la mal llamada conquista de México —México nace en el siglo XIX— supone un claro ejemplo de ello, ya que tras la conquista, Cortés y gran parte de sus capitanes se convirtieron en hombres tremendamente ricos, con grandes encomiendas de las que podían vivir de rentas tranquilamente por el resto de sus vidas.
Sin embargo, la mayoría, con el propio Cortés al frente, prefirieron seguir explorando territorios desconocidos, afrontando todo tipo de riesgos y amenazas para servir a su Rey, para intentar ennoblecerse y posiblemente, también, por un incontrolable deseo de aventura.
Como si fuesen conscientes de estar viviendo un momento irrepetible de la historia en la que eran los grandes protagonistas. Recuerdo una entrevista al actor Tony Curtis sobre la película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco diciendo muy orgulloso: «…es la mejor comedia de la historia del cine y yo estuve en ella». Aunque el contexto es radicalmente distinto, no lo es en ese sentido de protagonizar algo único y ese fue el caso de los Alvarado.
Tras la caída de Technotitlán, no se quedaron a disfrutar de sus encomiendas. Jorge, por ejemplo, llegó a tener numerosísimas haciendas entre México y Guatemala y, sin embargo, siguió explorando y combatiendo. Más aún su hermano Pedro que dilapidó su fortuna en múltiples empresas de conquista y murió, de hecho, en un desafortunado accidente a caballo durante una batalla en la denominada guerra del Mixtón.
Lienzo de Quauhquechollan, representando la conquista de Guatemala encabezada por Jorge de Alvarado en alianza con los quauhquecholtecas
En 1524 Jorge acompaña a su hermano mayor a la conquista de Guatemala. En 1526 se casó por el rito católico con la noble Luisa de Estrada y tuvo descendencia por parte de ambos matrimonios. Funda, junto a su hermano, Santiago de los Caballeros y tras el nombramiento de Pedro como gobernador, fungirá como gobernador en funciones, (teniente gobernador) en las ausencias de este.
Entre 1527 y 1529, periodo en el que traslada la capital al valle de Bulbuxyá (entre las actuales ciudad vieja y San Miguel Escobar), manda un contingente a Cuzcatlán para refundar la ciudad de El Salvador (creada por su hermano Gonzalo en 1524) y aplastar la rebelión nahua. Somete a los indígenas de Jalpatagua, Las Verapaces y Huehuetenango. Retoma la gobernación en 1534, época en la que construye el palacio de Bulbuxyá y fallece en Madrid, posiblemente en 1542.
La conquista y administración de Jorge de Alvarado en Guatemala reviste, en realidad, mayor relevancia que la de su hermano Pedro. A él, más diplomático y componedor, se le debe, en mayor medida, la pacificación del territorio, que consiguió con tropas mexicas, tlaxcaltecas, pero sobre todo quahuquecoltecas, quienes relatarán pictográficamente la conquista en el valioso Lienzo de Quauhquechollan, que, por cierto, fue restaurado magníficamente por la universidad Francisco Marroquín de Guatemala en 2009.
Jorge también sentó los pilares administrativos de la denominada en 1542, Real Audiencia de los confines de Guatemala y Nicaragua. Su papel fue definido por el propio Pedro en una carta a Carlos V en enero de 1534. «Jorge de Alvarado, mi hermano, fue la principal persona que, en mi ausencia en estos reinos, la conquistó y pacificó».
Jorge de Alvarado es, hoy en día, un gran desconocido para los españoles, quizás porque nunca ostentó el título de Pedro como capitán general de Guatemala (otorgado por Carlos V en 1527). Aunque, curiosamente, su figura es apreciada y vista con cierta simpatía por muchos historiadores guatemaltecos. Posiblemente en contraposición a la más polémica de su célebre hermano el «dios sol».