Consuelo González Ramos, renacida para luchar por los derechos de la mujer
Tras enterarse de la infidelidad de su marido con su hermana y tener que abandonar a sus hijos, tomó un vapor y desapareció durante tres años. Reapareció en Madrid, reencarnada en un nuevo seudónimo, Celsia Regis, para fundar La Voz de la Mujer y liderar el feminismo en España
Consuelo González Ramos
Consuelo González Ramos sufrió una gran evolución personal y profesional al conocer la traición de su marido y de su hermana. Esto supuso una ruptura total para su carrera periodística y su compromiso social.
Su etapa en Melilla (1910-1913) la vio escribir bajo el nombre de Doñeva de Campos. En este período se consolidó como colaboradora habitual de El Telegrama del Rif y de El Heraldo de Melilla.
Sus artículos, que a menudo ocupaban las primeras páginas, reflejaban la alta estima que el editor tenía por su trabajo. Durante este tiempo, abordó temas como la Misión social de la mujer, donde defendía una visión tradicional del rol femenino, centrado en la educación de los hijos y el ámbito doméstico. Entonces criticaba abiertamente el sufragismo y abogaba por un matrimonio donde la mujer, con inteligencia y perseverancia, podía influir en el hombre.
En esta primera etapa, Doñeva de Campos también ejerció como voluntaria de las Damas de la Cruz Roja en el Hospital Docker durante la campaña de Kert (1912). En sus crónicas desde el hospital, detalladas y emotivas, se mostró como una mujer observadora y comprometida con el sufrimiento de los heridos y la dedicación del personal médico.
Los últimos artículos que escribió desde Melilla se publicaron en La Opinión de Santa Cruz de Tenerife en junio de 1912. En estos nuevos artículos, «Educación moral de la mujer», Doñeva de Campos, absolutamente fiel a sus principios católicos y tradicionalistas, empezó a dar más importancia a la individualidad femenina, la independencia económica y la capacidad de la mujer para tomar decisiones propias.
Este cambio de perspectiva cobró un sentido más profundo al descubrirse que, Consuelo González Ramos, Doñeva de Campos en Melilla, tuvo que afrontar una traición devastadora: su hermana, Gregoria, mantenía una relación con su propio marido desde 1908.
Este hecho, unido a la imposibilidad de conservar a sus hijos tras conocerse la situación, pudo haberla sumido en una profunda crisis, una especie de «muerte en vida» de su identidad anterior. La partida de Melilla en julio de 1913, «acompañada de su hermana», sugiere el final de su convivencia matrimonial y el abandono de sus funciones naturales de madre y esposa.
Fue cuando se abrieron paso los cambios en sus ideas sobre la misión de la mujer, más sabiendo que dos de sus hijas eran mujeres.
La «muerte» de Doñeva de Campos con su partida de Melilla hacia Barcelona, en julio de 1913, dejó un vacío biográfico de más de tres años. Es en 1917 cuando reaparece en Madrid, transformada en Celsia Regis, fundadora de la revista La Voz de la Mujer.
La vida de Consuelo González Ramos, y sus dos alter egos periodísticos, Doñeva de Campos y Celsia Regis, nos ofrecen un retrato fascinante de una mujer que evolucionó hacia un feminismo más combativo y comprometido con la transformación social. Es un gran testimonio de capacidad de adaptación y reinvención en un período de profundos cambios para las mujeres en España.