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Escudo de José I en la iglesia de San Benito en ValladolidAyuntamiento de Valladolid

El único escudo napoleónico que se conserva en España está en una iglesia de Valladolid

Este escudo, oculto durante casi dos siglos, se ha convertido hoy en un testimonio material excepcional de la presencia napoleónica en España y de un episodio histórico tan breve como controvertido

En mayo de 1808, tras las abdicaciones de Bayona, Napoleón Bonaparte cedió a su hermano José Bonaparte la Corona española y el 7 de julio de ese mismo año aceptó formalmente la Corona y juró el Estatuto de Bayona ante una Asamblea de Notables. Sin embargo, José Bonaparte nunca fue aceptado como soberano por el pueblo español, que le apodó Pepe Botella.

A pesar de su breve reinado, José I intentó dejar su huella mediante una ambiciosa política reformista inspirada en los principios ilustrados y en el modelo administrativo francés. Pero también fomentó cambios visibles en el espacio urbano y en la vida cotidiana, como la apertura de plazas y avenidas en las ciudades, que le valieron el apodo de Rey Plazuelas.

José I retratado hacia 1809 por Joseph Flaugier

Asimismo, se esmeró en la introducción de símbolos de poder destinados a reforzar la imagen de la nueva monarquía. En ese afán por consolidar su legitimidad, la heráldica y la iconografía oficial adquirieron un papel clave.

Fue en ese contexto cuando se diseñó un nuevo escudo real, de clara estética napoleónica, llamado a representar la autoridad de José I y su vinculación con el Imperio. La mayoría de estos emblemas desaparecieron tras la Guerra de la Independencia, destruidos como recuerdo incómodo de la ocupación francesa, que se cobró la vida de miles de personas, además de provocar daños materiales y un expolio artístico desolador.

Sin embargo, de forma excepcional, uno de estos emblemas ha llegado hasta nuestros días y constituye el único escudo de época napoleónica conservado en España, situado en Valladolid, en la iglesia de San Benito. Aunque «tales armas pueden encontrarse en monedas y documentos oficiales correspondientes a su reinado, su supervivencia en una fachada puede considerarse como excepcional y única», asegura Rafael Domínguez Casas, profesor de Arte de la Universidad de Valladolid y experto en heráldica y emblemática, en su estudio Escudo de Felipe III con las armas de José Napoleón I en el Monasterio de San Benito el Real de Valladolid.

Presencia napoleónica en Valladolid

Valladolid sufrió con parecida intensidad los estragos de las tropas napoleónicas. Su situación geoestratégica era esencial para garantizar el aprovisionamiento del ejército francés y su posible retirada desde el sur y el oeste a través de la frontera del País Vasco, tal y como señala el historiador. Así, Valladolid se convirtió en ciudad de paso, hospital y cementerio para los soldados, así como sede del cuartel general de la zona.

Moneda de 80 reales de oro acuñada en 1812 durante el reinado de José Bonaparte

Como señala la catedrática de Historia del Arte María José Redondo Cantera en Transformación del patrimonio arquitectónico y urbanístico en España durante la Guerra de la Independencia, el caso de Valladolid, «aunque la ciudad no fue escenario de enfrentamientos bélicos significativos, su riqueza arquitectónica fue sometida al profundo desgaste que supuso la casi ininterrumpida presencia militar».

Uno de los lugares elegidos para acantonar las tropas fue el Monasterio de San Benito el Real y, tras el decreto del 18 de agosto de 1809, se desamortizaron sus bienes, «garantizando de facto la utilización de los conventos como cuarteles», advierte Domínguez Casas.

El único escudo napoleónico en España

Permaneció oculto durante casi dos siglos hasta que en 2001 finalizaron las obras de restauración de la fachada del templo, apareciendo dicho escudo de armas en el pórtico de la edificación. Según indica el Ayuntamiento de Valladolid, el escudo de José I «lo recuerda como rey de España y de las Indias, territorios representados en su heráldica por las viejas armas de los reinos históricos de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, además de un sexto cuartel referido a las Indias».

Iglesia del monasterio de San Benito el Real en ValladolidAyuntamiento de Valladolid

El conjunto se remata con dos detalles que, por la ausencia de color, no se aprecian con claridad: un escusón de azur y el águila imperial de oro, ambas señas dinásticas que indican su pertenencia a la familia de Napoleón.

Según recoge Domínguez Casas en su estudio, el heraldista Menéndez Pidal de Navascués indica que en aquellos días Juan Antonio Llorente propuso ante la asamblea de notables reunida en Bayona dos modelos de escudo para José I como rey de España y de las Indias. El primero se componía de «gules con el Viejo y Nuevo Mundo acostados de las Columnas de Hércules y el jefe de azur cargado de un sol radiante, mueble este último que era habitual en la heráldica napoleónica». Este modelo prescindía de los antiguos cuarteles medievales, «a fin de borrar toda distinción geográfica y jerárquica dentro de España y entre la metrópoli y los territorios de ultramar», explica el historiador.

El segundo modelo propuesto era «un cuartelado de Castilla, León, Aragón y Navarra, entado en punta de las Indias (de gules, los dos Mundos entre las Columnas) y cargado, al modo napoleónico, de un escudete de azur con el águila imperial de oro».

Escudo que luce la fachada de la iglesia de San Benito

No obstante, Pepe Botella aprobó un tercer modelo, según Real Decreto fechado en Vitoria el 12 de octubre de 1808. «Es un escudo partido de un trazo y cortado de dos. Sus seis cuarteles contienen, sucesivamente, las viejas armas de los reinos de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, con un nuevo cuartel en sexto lugar que alude a las Indias y es de gules con los dos hemisferios del mundo sobre tierra y ondas de azur y plata, acostados entre las dos Columnas de Hércules, cuyas filacterias llevan el lema Plus Ultra; cargado en abismo de un escusón brochante de azur con el águila napoleónica de oro», detalla el experto en heráldica de la Universidad de Valladolid.

Originalmente, el escudo del pórtico de la iglesia de San Benito, edificada entre 1499 y 1515, era el escudo de Felipe III, del cual «fueron picadas» sus armas y «sobre la superficie lisa resultante se pintaron otras armas reales que corresponden a José Napoleón I Bonaparte, hermano mayor del emperador de los franceses», indica Domínguez Casas. Por otro lado, «del tiempo de Felipe III se conservó la superficie del escudo y el collar del Toisón de Oro, orden a la que pertenecía el llamado 'rey intruso' desde 1805».

Así, este escudo, oculto durante casi dos siglos, se ha convertido hoy en un testimonio material excepcional de la presencia napoleónica en España y de un episodio histórico tan breve como controvertido, cuya huella aún pervive en la piedra.