Elvira Roca Barea
«Depredación y destrucción»: así define la historiadora Elvira Roca la expansión de Napoleón por Europa
Para la autora de 'Ingrata patria', la destrucción que dejó el ejército napoleónico a su paso por España fue descomunal: «No ha habido cosa que se le pueda comparar»
Elvira Roca Barea ha desmontado el mito en torno a Napoleón: «No fue un emperador», ha advertido en el podcast Tengo un plan presentado por Juan Domínguez y Sergio Beguería. La historiadora y ensayista explicó que «no puede ser un emperador alguien que genera una expansión que se agota en sí misma y desaparece cuando él desaparece».
Y no solo eso, también subrayó que «los imperios no suelen ser acción de un individuo», sino que «es un movimiento social, político muchísimo más complejo y no suele tener un solo responsable».
Así, pone el ejemplo del Imperio romano que, según Roca, «puso las bases a una civilización», mientras que el napoleónico no es más que «una aventura generacional que se agota en sí misma». Por ello, le parece increíble que se utilice el mismo término (imperio) para hablar de «dos fenómenos históricos que son absolutamente incomparables», comenta durante su intervención.
¿Qué es un Imperio?
Pero la autora de Ingrata patria (Espasa) ya ha desarrollado esta idea en varias ocasiones. En su conversación con Ricardo Moya en el podcast El sentido de la birra, la historiadora indica que es muy importante distinguir la idea de imperio con la de expansión: «Todo imperio comienza como una expansión, pero no toda expansión termina generando un imperio».
En este sentido, para Roca Barea lo que singulariza a un imperio es, en primer lugar, su longevidad; en segundo, su replicación: «Los imperios avanzan por replicación. [...] Todos los imperios terminan siendo policéntricos: van de un punto concreto desde el que se expanden, pero luego generan nuevos centros que terminan siendo tan importantes o más que el punto de origen», argumenta.
Y lo hacen mezclándose, trasladando conocimientos, técnicas, gentes y lenguas que conviven juntas.
Y eso es lo que hizo el Imperio romano y más tarde el Imperio español, según afirma la historiadora. «Roma genera otras Romas allá por donde va. [Genera] tremendas provincias que generan también grandes capitales que replican el modelo de Roma una y otra vez. Así, en su momento, avanzó el Imperio español: generando ciudades y avanzando por replicación», sentencia en El sentido de la birra.
Además, afirma que «cualquiera de las grandes capitales virreinales era más importante que Madrid, más grande que Madrid y más rica que Madrid».
Por último, destaca que «todos los imperios se mueren hacia el interior», un proceso que se produce por una «crisis interna que los debilita y luego viene un agente exterior que se aprovecha de esa debilidad».
«Depredación y destrucción»
Estas características no las vemos en la expansión napoleónica, pues desaparece cuando Napoleón desaparece: «Produjo una expansión que realmente fue una conquista de territorio europeo muy importante, muy grande», pero «fue un arranque de expansión que se agotó en sí mismo», destaca la historiadora.
Asimismo, advierte que la fama del Gran Corso se debe, en parte, a que «tuvo enemigos que lo magnificaron» como fue el caso de los ingleses, quienes creyeron en aquello de que «cuánto más grande es el enemigo que derroto, más grande soy yo», tal y como reflexiona Roca Barea.
Y es que Napoleón no fue más que «un carnicero que, amén de convulsionar Europa poniendo todos los equilibrios en riesgo, dejó nada menos que cinco millones de víctimas esparcidas por todos los campos europeos», escribía nuestro colaborador Luis Antequera en un artículo publicado en este medio.
En este sentido, Roca Barea aseguró en Tengo un plan que «no ha habido expansión con mayor capacidad de depredación y destrucción que la que protagoniza Napoleón». Es más, subraya que «no ha habido cosa que se le pueda comparar» y que «en el caso de España fue una cosa tremenda: el robo de obras de arte, la destrucción de infraestructuras... [...] Los ejércitos de Napoleón según iban marchando, iban dejando detrás todo destruido».
'La Inmaculada de los Venerables', obra de Murillo
«Una parte grande de los mandos y oficiales del ejército francés vivieron, durante su vida y durante generaciones, de lo que se habían llevado y robado de España», denuncia. Menciona el caso de La Inmaculada de los Venerables, de Murillo, que fue robada por el mariscal francés Nicolas Jean de Dieu Soult. «La familia de Soult la vendió. Fue en su momento el cuadro más caro. [...] Ahora está en España, se consiguió recuperar. Pero Soult se llevó, en obras de arte, piezas que permitieron a su familia vivir durante muchísimo tiempo», comenta la historiadora.
Y aunque no fue el único caso, este saqueo y esta destrucción «es una cosa que se lleva con mucha discreción y se cuenta poco», critica. Ese legado de destrucción silenciosa, disfrazado durante siglos de gloria militar, es, para Roca Barea, la prueba definitiva de que Napoleón no dejó un imperio, sino ruinas.