RMS Titanic

RMS TitanicF.G.O. Stuart

Thomas Drake, el pasajero de origen coruñés que sobrevivió al 'Titanic'

Al ocurrir el naufragio, los Martínez-Cardeza fueron de los primeros pasajeros en ser evacuados y lo hicieron acompañados de su doncella y de su ayuda de cámara. Su operación de salvamento refleja perfectamente el caos y la desorganización que imperó en aquella tragedia

En 2012, con ocasión del primer centenario del hundimiento del buque ‘Titanic’, de entre los muchos libros que se publicaron explicando las circunstancias de todo tipo que concurrieron en su desgraciado final, hubo uno cuya lectura suscitó mi curiosidad.

Su título es Los diez del Titanic y trata sobre las vicisitudes que sufrieron los diez españoles, nueve pasajeros y un tripulante, que viajaban en el trasatlántico en su trágica travesía inaugural. Sus autores, tres periodistas-investigadores, Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero. En el capítulo dedicado a describir la vida a bordo, concretamente en la página 59 del volumen, me llamó poderosamente la atención una breve alusión que en apenas dos líneas se hacía de un pasajero llamado Thomas Drake que viajaba acompañado de su madre y del cual se decía y, cito textualmente, «que era bisnieto del gallego Juan Martínez-Cardeza, un noble (sic) español natural de La Coruña».

La referencia tan concreta a La Coruña provocó mi interés. Como desconocía totalmente al personaje citado, pregunté a la magnífica archivera de La Coruña, la investigadora Mariola Suárez, si había algún dato o referencia en los archivos locales sobre el citado coruñés, Juan Martínez Cardeza. A los pocos días me informó que en el Registro y Censo de 1808 de «Comerciantes por mayor, mercaderes y navieros matriculados que residen en La Coruña» figuraba un tal Juan Martínez Cardeza, ausente desde 1805, por haberse establecido en Estados Unidos, concretamente en la ciudad de Filadelfia. Esos pocos datos provocaron aún más mi curiosidad y comencé a indagar cuáles eran las raíces y la historia familiar que había detrás de aquellos dos pasajeros, madre e hijo, vinculados a La Coruña, sin olvidar mi nada oculta intención de que, con su presencia a bordo, una vez más podría demostrar mi coruñesista teoría de que no hay suceso histórico con el que de una forma u otra no tenga vinculación La Coruña, en este caso nada menos que con la desgraciadamente tan popular y conocida tragedia del ‘Titanic’.

Emigra a Filadelfia

Y como por el hilo siempre se saca el ovillo, al poco tiempo de mis pesquisas, conseguí reunir bastantes datos e información sobre Juan Martínez Cardeza y sus actividades como consignatario del puerto de La Coruña, desde donde envió armas y avituallamiento militar a los rebeldes americanos en su guerra de la Independencia frente a la Corona Inglesa, circunstancias que narré en un artículo anterior dedicado a la importante contribución de La Coruña y su puerto a la causa de la Independencia americana, con ocasión del 250 aniversario de su proclamación en Filadelfia el 4 de julio de 1776.

Juan Martínez Cardeza, que había enviudado muy joven, abandonó La Coruña en 1805 y se instaló en Filadelfia donde se convirtió al episcopalismo. Allí reanudó sus actividades comerciales como consignatario, aprovechando sin duda las importantes redes de contactos que había establecido con el incipiente mundo empresarial norteamericano durante la Guerra de la Independencia, así como los favores políticos que sin duda se había granjeado como proveedor del armamento rebelde.

En Estados Unidos se dedicó al comercio internacional y a la exportación. Sus actividades más importantes se centraron en las materias primas, tales como la del lino, que importaba principalmente de zonas como la villa de Foz y su comarca en la Mariña lucense, y también la de la harina, aprovechando las rutas comerciales que desde Castilla seguían los arrieros maragatos hasta el puerto de La Coruña, actividades con las que amasó una gran fortuna.

Boda

En 1820 se casó con una rica heredera, Margaret Sproule, asentándose definitivamente en Filadelfia, donde falleció en 1832. Sus descendientes, hijos y nietos, también emparentaron con importantes familias americanas, especialmente un nieto, James, que se casó con Charlotte, la hija de Thomas Drake, la familia propietaria de la firma textil proveedora de los uniformes del Ejército de la Unión en la Guerra de Secesión.

Sirva este prólogo como fuente de explicación de las circunstancias personales de los dos viajeros de origen coruñés protagonistas de este artículo y sobre todo como explicación y justificación de su muy alto estatus económico.

Sus acompañantes

Los pasajeros en cuestión eran la anteriormente citada Charlotte Wardle Drake, esposa del también citado James Warburton Martínez-Cardeza, nieto de Juan Martínez Cardeza. Viajaba acompañada de su hijo Thomas Drake Martínez-Cardeza, bisnieto por línea directa de nuestro coruñés emigrante. Madre e hijo viajaban en el ‘Titanic’ acompañados de un ayuda de cámara llamado Gustave Lesueur y una doncella de nombre Annie Ward.

Los Martínez-Cardeza ocuparon una de las dos suites más caras y lujosas, la B-51/53/55, también denominada «Suite Parlour». La otra suite la ocupaba Bruce Ismay, presidente de la White Star Line, empresa propietaria del ‘Titanic’. Ismay tendría un cobarde comportamiento en el naufragio, subiéndose a una lancha para salvarse, ignorando la prioridad de niños y mujeres.

La suite tenía dos dormitorios principales con baño, un amplio salón-comedor y una cubierta propia, que hacía las funciones de paseo privado, de unos 15 metros de largo. El billete era el más caro del pasaje: costaba 512 libras esterlinas de la época por persona, que al cambio actual serían unos 100.000 dólares. Su boleto tenía el número de cobro 17.755.

Al ocurrir el naufragio, los Martínez-Cardeza fueron de los primeros pasajeros en ser evacuados y lo hicieron acompañados de su doncella y de su ayuda de cámara. Su operación de salvamento refleja perfectamente el caos y la desorganización que imperó en aquella tragedia.

Salvación a estribor

Su bote, el número 3, estaba en la zona delantera del estribor, donde se dejaba embarcar a los hombres, siempre que no hubiera mujeres presentes sin acceder a la embarcación, mientras que en el lado de babor se aplicaba estrictamente el principio de mujeres y niños únicamente. Aunque la capacidad del bote era de 65 personas, fue arriado con menos de 40 pasajeros, junto al primer oficial William Murdoch, que dirigió la operación, y unos diez tripulantes para remar. Navegaron sin linternas en absoluta oscuridad y ateridos por el frío durante casi toda la noche, siendo rescatados al amanecer, sobre las 7.30 horas por el buque ‘Carpathia’, que fue el que recogió el mayor número de supervivientes.

Reflejo de la inmensa fortuna de la familia Martínez-Cardeza fue la cuantía de la reclamación a la compañía de seguros que por sus bienes hundidos hizo Charlotte. Su importe fue el más elevado de todos los pasajeros del ‘Titanic’. Su equipaje y su ajuar personal del viaje lo valoró en 177.352,75 dólares de 1912, que hoy representarían unos 5 o 6 millones de dólares actuales. Entre sus joyas, figuraba el famoso diamante rosa de Tiffany, que tenía 7 quilates, un anillo con un gran rubí de Birmania, un diamante indio de 4 quilates y un conjunto de collares y anillos, entre ellos un anillo de ópalo húngaro con 12 diamantes, un colgante de aguamarina rodeado de 38 diamantes y un collar de 63 perlas. El equipaje comprendía 14 baúles, 4 maletas y 3 cajas, todas de Louis Vuitton, con abrigos de piel de chinchilla, armiño, zorro, etc. Y por ejemplo nada menos que 95 sombreros, confeccionados en las mejores casas europeas de alta costura.

La doncella

Se cuenta que la doncella, Annie Ward, llevaba en el bote para abrigarse un abrigo de piel sobre el camisón, en cuyos bolsillos guardó algunas joyas y curiosamente saleros de plata, objetos que su señora le regaló. Trabajó con los Cardeza hasta su muerte y se casó con el jardinero de la mansión Montebello, residencia de la familia en Filadelfia. Estos datos son indicativos de la gran fortuna que la familia de origen coruñés, los Martínez Cardeza, acumuló en Estados Unidos.

Thomas, el superviviente del naufragio, estaba casado con una francesa, Marie Racine, descendiente de Jean Racine, el gran dramaturgo francés. El matrimonio no tuvo hijos y Thomas, fallecido en 1952, legó todos sus bienes a una fundación que lleva el nombre de la familia, «Fundación Cardeza», dedicada a temas de investigación médica en el campo de la hematología y que está vinculada a la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia. Esta fundación ha aportado grandes avances a la medicina en temas tan importantes como la leucemia, la anemia o los trasplantes de médula ósea, siendo una de las instituciones científicas dedicadas al estudio de la sangre, más antiguas y prestigiosas del mundo.

Y todo empezó en La Coruña. Y, como siempre, como resultado de la lectura de un buen libro.

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