Barcos de fuego ingleses lanzados contra la armada española frente a Calais
Así ocultó Inglaterra su mayor derrota naval: «Su historiografía está basada en construcciones ficticias»
El historiador Luis Gorrochategui ha impartido una magistral lección sobre el fracaso naval inglés de 1589: «La Contra Armada pierde más del doble de barcos y de hombres que la famosísima 'invencible'»
La gran (pero falsa) victoria contra la mal llamada Armada Invencible de Felipe II y la ocultación de la catastrófica (y real) derrota de la Contra Armada han construido la historiografía e incluso la identidad anglosajona. Sin embargo, obras como Contra Armada: La mayor victoria de España sobre Inglaterra, del historiador Luis Gorrochategui, tiran por la borda esos dos supuestos.
Y es que «la historiografía británica –en términos generales y no solo sobre este episodio– no está basada en documentos, sino que está basada en construcciones ficticias», sentenció el historiador en un coloquio organizado por la Real Orden de Caballeros de María Pita el pasado miércoles 4 de febrero, que se celebró en el Centro CEU Ángel Herrera.
Luis Gorrochategui durante su conferencia sobre 'Las consecuencias del fracaso de la Contra Armada, en La Coruña, en 1589'
Propaganda vs. realidad
Y es que la historiografía inglesa se ha esmerado por contar un relato inventado en el que «Felipe II lanza la Armada Invencible en 1588 contra Inglaterra a modo de cruzada religiosa»; sin embargo, «hoy sabemos que todo esto es una patraña ocultadora de la verdad», advirtió Gorrochategui, que también es caballero de la Orden de María Pita.
La verdad es que Inglaterra, a principios de la década de 1560, «se había convertido en una guarida de piratas» justo cuando «Isabel I de Inglaterra toma las riendas del poder». Al no poder enfrentarse al monarca español con fuerza naval, «lo que va a hacer es organizar expediciones piráticas y dejar que ocurran», expone el historiador coruñés.
No obstante, sería tras la victoria de Lepanto –en la que logró «parar en seco al otro gran Imperio de la época, al Imperio turco y al islam»– cuando Felipe II pone su atención en aquella guarida de piratas, movido también por la ayuda de Isabel I a los rebeldes flamencos, y prepara la Armada de 1588, que acaba perdiendo por la combinación de una estrategia compleja, por la inflexibilidad de Medina Sidonia y por causas climáticas, más que por causas provocadas por los ingleses, tal y como recoge el doctor en Historia y colaborador de El Debate Alberto Ayuso García en un artículo publicado en este medio.
El acto con el historiador Luis Gorrochategui en el Centro CEU Ángel Herrera
Aprovechando la debilidad en la que se encontraba España tras la derrota, la Reina Virgen decidió, en 1589, enviar a su Contra Armada, compuesta por 180 barcos y 27.667 hombres, a cumplir tres objetivos: el primero y fundamental era ir a Santander, pues Isabel era consciente de que allí se encontraba el grueso de la Armada española que regresó tras el choque de 1588, y destruir allí lo que quedaba. El segundo, tomar Lisboa y secesionar Portugal de España y entronizar a Antonio, prior de Crato. Y su tercera misión era «interceptar a la flota de Indias, el sueño idealizado de Inglaterra».
Pero «el problema de la Contra Armada es su propia naturaleza», indica Gorrochategui. Y es que «Isabel no tenía una Armada real para enfrentarse a Felipe», por lo que utilizó al famoso John Norris, conocido por su «extrema crueldad», y a Francis Drake, «el pirata que se había hecho famoso con ataques sorpresa a poblaciones indefensas españolas».
A ellos dos se les encarga fletar «una gigantesca flota de armadores privados; la Reina solo pone cinco barcos y otros 175 son de armadores privados que van en busca de botines», explica el historiador. En este sentido, Gorrochategui considera que la Contra Armada fue «la mayor flota pirática jamás zarpada de Inglaterra de una sola tacada».
Cuando zarpan, los armadores privados se niegan a ir a Santander para ir directamente a Lisboa «a hacer caja». Pero, temerosos de la furia de la Reina Isabel al desobedecer sus órdenes, pensaron en «atacar La Coruña porque era una ciudad pequeñita, estaba desprevenida y serviría de excusa para conseguir el perdón de la Reina por no haber ido a Santander», detalló en su conferencia.
La «epopeya coruñesa»
Aunque era cierto que la ciudad contaba con una defensa débil —sus murallas medievales estaban bastante desgastadas, tenía un castillo defensivo sin terminar y una guarnición muy reducida de entre 500 o 600 hombres que convertía a la ciudad en un «blanco fácil»—, lo que no tuvieron en cuenta los ingleses fue la valentía de los españoles, «que iban a defender la ciudad hasta sus últimas consecuencias, hasta el final», resaltó el historiador y divulgador coruñés.
El Revenge, buque insignia de Drake en 1589, en el momento de su captura por parte de la Armada Española
Alrededor de diez mil hombres desembarcaron en la playa de Santa María de Oza en 14 lanchones. Al carecer de defensa, el barrio de la Pescadería, situado a las afueras de los muros de la ciudad, fue arrasado. Mientras tanto, en la Ciudad Vieja, los coruñeses rápidamente se prepararon para intentar repeler el ataque de los ingleses.
A pesar de la tenaz resistencia de la guarnición española, los soldados bajo la dirección del corsario Drake hicieron explotar una mina en las murallas de la ciudad, consiguiendo abrir una brecha y comenzar la lucha cuerpo a cuerpo. «Durante ese tiempo todos los hombres disponibles participaron en las labores de defensa, mientras las mujeres colaboraban proporcionándoles piedras y reparando armas», explica la doctora María del Carmen Saavedra Vázquez en su obra sobre María Pita y la defensa de La Coruña en 1589.
Las mujeres fueron muy activas en la defensa de la ciudad. En un primer momento, su labor fue retirar a los heridos, llevar comida y agua a los hombres o ayudar en la reparación de las murallas. Más tarde pasaron a intervenir de forma más directa, recargando armas o arrojando piedras desde lo alto de los muros: «Cuando la entrada del enemigo parecía inminente, serán las mujeres las que se lancen a la lucha», prosigue la doctora en Historia.
Sería la intervención de una de ellas, Mayor Fernández de la Cámara y Pita, conocida como María Pita, lo que conseguiría derrotar a los piratas de Drake. En este sentido, Gorrochategui asegura que las mujeres se convirtieron en el «cuerpo estratégico de reserva» y que, según documentos ingleses, «a los soldados ingleses les fue imposible resistir a las piedras» que arrojaban las mujeres. Por ello, «se puede decir que la Contra Armada fue repelida a pedradas por las mujeres en la colina».
Una derrota ocultada por la ficción
Tras el famoso «Quien tenga honra, que me siga» de María Pita, que derribó a un alférez que pretendía clavar la bandera de su regimiento en lo alto de la muralla y, tras atravesarlo con una lanza, le dio muerte, la defensa española se intensificó, logrando expulsar a los ingleses.
Pero no solo fracasaron en este ataque. En su desastrosa retirada, la Contra Armada, o lo que quedaba de ella, puso rumbo a Portugal con la esperanza de cumplir al menos uno de los tres puntos de la hoja de ruta marcada por la Reina. Allí, la expedición inglesa se vio hostigada por las fuerzas españolas, entre ellas las galeras mandadas por Alonso de Bazán, hermano del mejor marino de Felipe II, en un contexto de desorganización, enfermedades y falta de apoyos que acabaría por arruinar definitivamente la empresa.
De los 180 buques que partieron solo volvieron 102 y de los 27.667 hombres que salieron de Plymouth únicamente se presentaron a la paga 3.722: «La Contra Armada pierde más del doble de barcos y hombres que la famosísima 'Invencible'. […] Esto convierte a la Contra Armada en la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra», afirma Gorrochategui.
Drake en La Coruña. Óleo de Antonio Navarro Menchon
La historia de esta derrota «ha quedado absolutamente oculta, distorsionada, desaparecida, sepultada y sustituida por un relato fantástico», comentó el historiador en la conferencia. Consciente del gran desastre, Norreys advierte al consejero de la Reina de que había que disimular esta derrota como fuese. Por ello, desde Londres salen dos panfletos, uno para consumo interno y otro externo, donde se «sustituyen las operaciones militares por una relación fantástica» y que se convertirían en «la principal fuente de la historiografía inglesa y luego universal para reconstruir estas operaciones», sentencia.
«Así lo que va a conseguir es que la 'Invencible' se convierta en un fracaso», advierte. Pero lo cierto es que en el choque de 1588 «no hay ninguna gran batalla en la mar y la que hay, los ingleses tienen más que perder que los españoles». Aun así, la Armada Invencible se convierte en el inicio de la debacle del Imperio español y su fuerza naval, mientras que «la Contra Armada desaparece sin dejar rastro».
No obstante, Gorrochategui terminaba su intervención en un tono positivo y afirmaba que «esta leyenda negra está cayendo a trozos y está siendo sustituida por el verdadero relato acerca de lo acontecido». Si la batalla se ganó a base de cañonazos, esta batalla contra la leyenda negra se está ganando a base de «documentazos», en palabras del historiador, porque «la historiografía británica no resiste»: sus ficciones acaban por desmoronarse.