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Ismael López, autor de 'Sables al Viento'Ático de los Libros

Entrevista al historiador Ismael López

Ismael López: «Si hubiera habido más unidades de caballería, el desastre de Annual podría haberse evitado»

¿Se extinguió la caballería en las trincheras de la Primera Guerra Mundial? El historiador Ismael López Domínguez desmonta este mito en su nuevo libro 'Sables al viento' (Ático de los Libros)

Soldados a caballo con bazucas o granadas, cargas de caballería contra panzer. Estas escenas no son de ninguna película, sino que forman parte de una historia real y bastante desconocida. Nos montamos para descubrir la historia de la caballería moderna de la mano de Ismael López Domínguez, historiador especializado en la historia militar de los siglos XIX y XX, que acaba de publicar Sables al viento (Ático de los Libros), una historia completa sobre la caballería en la guerra moderna (1860-1945). Cabalgamos junto al escritor para descubrir qué papel jugó la caballería en la guerra de Secesión americana, las guerras indias de Toro Sentado contra el Séptimo de Caballería, la Prusia de Federico II, la guerra de Marruecos, la Guerra Civil española y las grandes guerras mundiales del siglo XX.

—¿Por qué hacer un libro sobre caballería hoy en día? Siempre se ha dicho que la Primera Guerra Mundial acabó con ella.

—Precisamente por eso, porque la historiografía suele aceptar que la caballería se extinguió con la Gran Guerra, pero al investigar las fuentes primarias esa idea se desmonta. Los informes de combate la mencionan constantemente. Fue vital y crucial en muchos momentos. Mi intención es demostrar que donde estaba la caballería solía haber una gran victoria o una gran derrota; su presencia o ausencia determinaba el resultado de las batallas.

—Aunque haces una introducción de la caballería a lo largo de la historia, el libro se centra en la Edad Moderna y uno de los primeros conflictos que tratas es la Guerra de Sucesión. ¿Qué papel jugó la caballería en ese conflicto?

—Fue un punto de ruptura respecto a la herencia napoleónica, que empleaba el choque directo. Se comprendió que la caballería no podía decidir el combate de forma frontal frente a armas modernas, por lo que empezó a usarse de forma operacional: para perseguir enemigos derrotados, rodear posiciones y, especialmente, para realizar incursiones o raids de miles de jinetes destinados a destruir suministros y líneas logísticas. Esta base fundamentaría el uso de la caballería hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

—También tratas las guerras indias. ¿Qué diferenciaba el uso del caballo entre los indios y el Séptimo de Caballería?

—Para el indio, el caballo era un elemento de subsistencia central en su vida diaria; para el estadounidense, era simplemente una herramienta de combate. Los indios eran guerreros excepcionales que dominaban el territorio y las armas (arco, lanza, tomahawk) desde la montura, poniendo en jaque constante al ejército estadounidense. Sin embargo, perdieron porque no entendieron la lógica de guerra total del hombre blanco: mientras los indios consideraban que la lucha terminaba tras un ataque exitoso, los estadounidenses no dejaban ninguna afrenta sin vengar hasta las últimas consecuencias.

—Cowboys, ranchos y rodeos forman parte de la cultura de Estados Unidos, pero el legado español en este aspecto fue fundamental…

—Es fundamental. Los españoles introdujeron el caballo en América y crearon a los Dragones de Cuera, que defendían la frontera de los territorios españoles. Ellos desarrollaron el método de «búsqueda y destrucción» y las «columnas volantes», que luego los estadounidenses copiarían para combatir a los indios. Ya en el siglo XVIII, los soldados españoles indicaban cómo sería la guerra contrainsurgente posterior contra los indios.

—Saltemos el Atlántico hasta la Alemania del siglo XIX. ¿A qué viene ese afán prusiano por la caballería cuando medían tanto sus gastos?

—La caballería seguía siendo un arma imprescindible para todos los ejércitos, independientemente de su presupuesto, por el rédito militar que daba en operaciones contra el enemigo. Prusia, tras un desempeño mediocre inicial contra Austria, aprendió en 1870 que la caballería debía ser una fuerza independiente, capaz de realizar incursiones profundas sin estar atada a la infantería o la artillería.

—¿Cómo fue el cambio del sable al rifle o al arma de fuego? ¿Y hasta cuándo se usó el sable como arma de combate?

—El proceso empezó en el siglo XVII con las primeras pistolas y tácticas como la «caracola». Sin embargo, el sable se utilizó hasta 1945. Tras la Primera Guerra Mundial, el sable pasó a ser un rasgo «tribal» de identidad para el jinete, pero se mantenía en la montura. La gran excepción fue la Caballería Roja soviética, que continuó dándole un uso constante y efectivo durante la Segunda Guerra Mundial.

—Hablemos de la Gran Guerra. ¿Qué ventaja daba la caballería en esa guerra de trincheras tan compleja?

—Lejos de extinguirse, la caballería francesa, por ejemplo, alcanzó su pico en 1915 con casi 700 escuadrones. Una vez que la artillería y la infantería abrían una brecha, los jinetes debían colarse hacia la retaguardia enemiga, que no estaba fortificada. En 1918, la caballería británica fue tan efectiva que los alemanes se rendían por el puro pánico de saber que tenían jinetes a sus espaldas, factor que Ludendorff señaló como clave en el desmoronamiento de su frente. Este hecho demuestra que la caballería seguía siendo relevante.

Carga de la caballería del Ejército Rojo soviético durante la Segunda Guerra Mundial.

—¿Los caballos iban protegidos o acorazados?

—No, las últimas protecciones desaparecieron en el siglo XVI. En las guerras mundiales iban «a pelo». Esto los hacía unidades sumamente delicadas frente a la artillería, balas o alambres de espino. Mantener una unidad así era carísimo, no solo por la compra, sino por el largo adiestramiento necesario para que el animal se habituara al fragor de la batalla.

—España también ha tenido una tradición ecuestre esencial. En el libro mencionas con especial interés a la caballería de Alfonso XIII. ¿Por qué ese enfoque?

—Para hablar de Annual o la Guerra Civil es necesario analizar el desarrollo histórico previo. Bajo Alfonso XIII existía una masa montada considerable con diversas especialidades (húsares, cazadores, lanceros), pero debido a reformas y recortes estas identidades específicas se suprimieron para crear regimientos de caballería genéricos de diez unidades.

Carga del río Igan por el Regimiento AlcántaraAugusto Ferrer-Dalmau

—¿Qué importancia tuvo la caballería en el Ejército español en las guerras de Marruecos?

—España tiene una tradición ecuestre fortísima, pero la caballería era un recurso muy caro y cuestionado por políticos tecnócratas que desconocían el ámbito militar. No daban valor a un Arma potente que, bien empleada, habría sido esencial. En Annual (1921), el regimiento Alcántara se sacrificó heroicamente para salvar a las columnas en retirada. La tragedia, según el expediente Picasso, es que no se utilizó más caballería; si hubiera habido más unidades, el desastre militar podría haberse evitado.

—¿Y durante la Guerra Civil española?

—Aunque al principio su uso fue limitado, el bando sublevado organizó una división de caballería de 3.000 jinetes bajo el mando del general Monasterio. Su gran hito fue la batalla de Alfambra (1938), donde la caballería rompió las líneas republicanas en Teruel, avanzando con tal rapidez que impidió la reorganización defensiva del enemigo y contribuyó decisivamente a partir el territorio republicano en dos. La caballería del general Monasterio es una pieza clave para entender la derrota de los republicanos en Teruel.

—El caballo seguía siendo importante, pero ¿cuándo se pasó de forma definitiva del caballo al carro blindado?

—Fue un proceso gradual que empezó antes de la Primera Guerra Mundial y se aceleró en los años 20 y 30. Para finales de los 30, caballerías como la británica o la estadounidense ya estaban totalmente motorizadas para el combate. Es más, no mandaban ninguna que no estuviera motorizada al frente. Pero luego tenemos a Polonia y a la Unión Soviética, que todavía tenían muchas brigadas y divisiones a caballo, sobre todo los soviéticos, que contaban con treinta y seis divisiones a caballo. Es muchísimo. El hecho de tener que motorizar treinta y seis divisiones hizo que tardaran mucho más que otras naciones. No obstante, las grandes unidades a caballo no desaparecieron del todo hasta 1950, y algunos escuadrones persistieron hasta los años 60.

Los soviéticos llevaban bazucas y ametralladoras en la montura del caballo para destruir los tanques Panzer

—Ahí queda la carga de los ulanos polacos contra los panzer alemanes, pero ¿fueron los únicos que usaron caballos en la Segunda Guerra Mundial?

—Es un dato muy ocultado por la historiografía actual. Relacionamos a Alemania con la motorización total, pero es mentira: dependían de cientos de miles de caballos para su logística durante toda la guerra. Los italianos protagonizaron cargas heroicas como la de Saboya en 1942, donde los jinetes lanzaban granadas desde la montura contra infantería rusa fortificada, logrando una victoria rotunda con mínimas bajas. Los franceses y los contendientes en el frente asiático también emplearon jinetes de forma masiva.

—¿Cómo participó la caballería mongola y cómo se organizó la japonesa en este conflicto?

—La caballería mongola se utilizó principalmente para la vigilancia de fronteras bajo la órbita soviética. Los japoneses, por su parte, usaron brigadas de caballería con gran eficacia desde la guerra ruso-japonesa y luego en China y Manchuria para ataques sorpresa y emboscadas, aprovechando los grandes espacios abiertos que el Arma necesita para actuar bien.

—Igual que existieron los ases del aire, ¿aparecieron también ases a caballo?

—Sí, de hecho, la aviación es la heredera espiritual de la caballería, de ahí que se divida en escuadrones. La caballería tuvo líderes pintorescos y valientes como Budionny en la URSS, Sheridan y Stuart en la Guerra de Secesión, o Zieten con Federico el Grande. Eran personajes que conocían la esencia del liderazgo y el servicio, fundamentales para el éxito de las tropas montadas.

—Según tu criterio, ¿cuál fue la caballería más completa y eficaz entre 1860 y 1945?

—La Caballería Roja soviética. Fue un arma moderna, utilizada con inteligencia y arrojo como un ariete estratégico. No solo cargaban con sables; en 1944 llevaban bazucas, cañones y ametralladoras atados a la montura para destruir los tanques panzer alemanes.

—A nivel subjetivo, ¿cuál es tu caballería preferida?

—Me fascinó investigar la japonesa de 1904, pero también casos poco conocidos como la caballería búlgara de 1912 y la turca de 1920. Tras su independencia, Bulgaria se convirtió en la «Prusia de los Balcanes», con una caballería que sufría bajas altísimas por su afán de chocar con el enemigo. Por otro lado, los nacionalistas turcos de Kemal Atatürk en 1920 crearon un cuerpo de caballería que, a pesar de las críticas internacionales al arma, fue decisivo para atravesar las líneas griegas en Anatolia. Iban equipados con revólveres y ametralladoras, basándose en la potencia de fuego para realizar cabalgadas brutales que no tenían nada que envidiar a las cargas históricas más famosas.

—Pues solo queda leer Sables al viento para seguir descubriendo esta historia… Muchas gracias.

—Gracias a vosotros.