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Esta imagen corresponde a un certamen de fotoedición con la temática gigantes

Picotazos de historia

Los gigantes de Iowa: así nació un bulo arqueológico que aún circula en internet

En 1947, un granjero de Iowa habría descubierto una pirámide y momias de tres metros de altura. El problema es que nada de eso ocurrió: se trata de una historia inventada que aún circula como si fuera real

Hoy, con su paciente permiso, quisiera contarles una historia de la que encontrarán abundantes referencias en internet. Me refiero al descubrimiento de los Gigantes de Kossuth (Iowa, EE. UU.).

La historia es como sigue. En octubre de 1947, en las afueras de Centro Kossuth, una minúscula población del estado de Iowa, un granjero local llamado Marvin Rainwater había estado cavando en sus tierras con la intención de abrir un nuevo pozo. A unos tres metros de profundidad se encontró con un lecho de roca basática. El granjero estaba familiarizado con la geología de la zona, mayoritariamente de rocas calizas, por lo que le extrañó encontrar este tipo de roca y tan cerca de la superficie. Un examen más detenido le confirmó que se trataba de piedra basáltica, muy alejada de su lugar de procedencia, y que la piedra estaba pulida, dando la impresión de tratarse de losas.

Oliéndose que podía tratarse de algo interesante, llamó a sus vecinos y les pidió que le ayudaran a limpiar la tierra por encima del descubrimiento para ver de qué se trataba. Cavaron y dejaron al descubierto un suelo formado por losas de basalto de unos 2,5 x 3 metros. Estas estaban unidas con gran precisión entre sí, ya que apenas cabía la hoja de un cuchillo entre ellas.

El señor Rainwater prefirió no jugársela y comunicó el descubrimiento al Colegio y Centro Universitario Georg von Podiebrad, de la ciudad de Zoar. El centro envió un equipo de arqueólogos que confirmó que era un descubrimiento interesante e inició las excavaciones para limpiar el área. Una vez que retiraron la tierra se encontraron con que las losas formaban un cuadrado de 57 metros de lado. Posteriormente se descubrió que en realidad se trataba de una pirámide truncada similar a las encontradas en Marietta (Ohio, EE. UU.) y que están atribuidas a la cultura Hopewell, que habitó esa zona hará unos 1.500 años.

Las dimensiones del descubrimiento obligaron a la creación de un equipo más amplio y complejo, que se puso bajo la dirección del doctor Albert Grossglockner. La excavación puso al descubierto la estructura completa. En uno de los lados encontraron una apertura de 1,8 metros de altura sellada con escombros. Se procedió a la apertura y el primero que entró fue el director de la excavación. En el interior encontró lo que en un principio tomó como unas esculturas talladas con exquisito detalle, y que estaban situadas en círculo en torno a una plataforma circular de piedra sobre la que había restos de una hoguera.

Las esculturas resultaron ser restos momificados de individuos de unos tres metros de altura. Todos ellos estaban sentados con las piernas y los brazos cruzados. Al ser posteriormente examinados se encontró que tenían doble hilera de dientes, tanto en la mandíbula superior como en la inferior. Los arcos supraciliares eran muy pronunciados, la frente oblicua, la piel áspera y oscura y el cabello cobrizo.

El posterior informe señala la similitud de los individuos encontrados con una leyenda del pueblo paiute, que habla de unos gigantes pelirrojos con los que estaban en permanente conflicto. Al final, los paiute consiguieron derrotarlos y expulsarlos, después de haberse aliado con otras tribus y pueblos.

La historia concluye que la finca del señor Rainwater fue adquirida por el Centro Georg von Podiebrad y que las excavaciones continúan.

Pues bien, todo lo que les he contado a ustedes es mentira. Falso. Invenciones. Esto es un bulo, pero lo pueden encontrar por todo internet como si fuera real.

La noticia, aparentemente, ocurre en el año 1947, pero la primera vez que se menciona es en un programa de radio de un locutor norteamericano, que se declara a sí mismo como gigantólogo, en el año 2002. Este individuo tiene una página web con su nombre y que es una auténtica delicia si es usted amante del surrealismo. Lo que queda claro es que este individuo, si no inventó la historia, al menos le dio verosimilitud y publicidad a algo que, de otra manera, no tiene ni pies ni cabeza. Pero eso sí, no ha dudado en comercializarlo.

Para empezar, no existe ninguna población —ni en Iowa ni en parte alguna del territorio norteamericano— llamada Centro Kossuth (Kossuth es el nombre de una antigua ciudad húngara, hoy parte de la moderna ciudad eslovaca de Turóczentmartonnak, y el apellido de una familia noble húngara). Marvin Rainwater fue el nombre de un cantante de música country, de éxito más que moderado, que actuó durante la década de 1950. Por supuesto, tampoco existe ninguna ciudad de Zoar ni ningún Colegio o Centro Universitario Georg von Podiebrad, que es una de las diferentes maneras de nombrar a un rey de Bohemia del siglo XV. En cuanto al doctor, profesor o sursum corda Albert Grossglockner, ni existe ni ha existido jamás. El Grossglockner es el nombre del monte más alto del Tirol, con 3.798 metros de altura.

Todo esto se lo he mostrado para decirles que no todo lo que se publica es palabra de Dios y que muchas veces las invenciones —los bulos—, al crecer, se retroalimentan, pues presentan como prueba de su autenticidad textos o testimonios que fueron inventados por el creador del bulo pero que han sido tomados como referencia cierta por otros autores. Así, el número de referencias y nombres aumenta. Aquí en España tuvimos un caso muy claro, que les conté en un artículo anterior, en relación con la falsa sociedad secreta La Garduña de Sevilla. Esta no existió jamás, pero durante un siglo se escribió sobre ella citando textos, autores y documentos que no habían existido. Tengamos la mente abierta, pero con sentido crítico.