Fundado en 1910

Francis Grutzius, artista del circo alemán abandonado en Manzanares en 1953EFE

Ficción sonora

La historia del circo alemán olvidado en España en 1953 y el héroe inesperado que jamás abandonó a las fieras

  • La compañía circense dirigida por Willi Holzmüller inició su andadura en Barcelona en 1952 y un año después quedó abandonada en Ciudad Real

  • ​Los animales permanecieron más de un año encerrados en una finca mientras morían de hambre a pesar de los esfuerzos del «enano Francis»

En el invierno de 1954 muchos periodistas empezaron a desfilar por los terrenos de la finca 'El Lazareto', propiedad de José Cabanas, en Manzanares, Ciudad Real. El presidente de la Asociación Protectora de Animales y Plantas, el conde de Sert, había hecho un llamamiento para denunciar lo que estaba ocurriendo en aquel lugar. Un circo alemán había quedado abandonado hacía más de un año en aquel terreno y los animales, los pocos que quedaban, se estaban muriendo de hambre.

El circo, propiedad de Willi Holzmüller, había iniciado una gira por España en 1952 contratado por circuitos Carcellé. España salía poco a poco de la profunda crisis económica de posguerra y el empresario Juan M. Carcellé, que entonces desarrollaba labores de gerencia en el circo Price, organizaba circuitos circenses por toda la península trayendo a las compañías más famosas del extranjero.

España no era la única que se recuperaba de las consecuencias de un conflicto bélico, Alemania había perdido la Segunda Guerra Mundial hacía menos de una década y los alemanes también tenían que rehacer sus vidas y sus negocios. El apellido Holzmüller llevaba asociada una larga tradición circense con referencias a distintas bases de operaciones en Nuremberg, Rosenaupark y Leverkusen, Bürrig. En 1952, Willi estaba empezando casi desde cero y para lanzar su propia compañía hizo un trato con un empresario dedicado a la caza y venta de animales salvajes a nivel mundial, Hermann Ruhe.

El circo Holzmüller instalado en 1948Archivo de Mannheim / Marchivum

Holzmüller había negociado con Truog, apoderado de la compañía, que debía pagar a Ruhe alrededor de 120.000 marcos a cambio de una menagerie compuesta por decenas de animales de distintas especies –elefantes, leones, osos, caballos, perros, monos, aves, cebras...– y todo el material necesario para poner en marcha el espectáculo –jaulas y vagones, lonas, estructura, graderío, vallado, transporte, equipos electrógenos–, sin contar que haría falta más dinero para pagar a los artistas.

En 1952 la compañía entró en España a través de Port Bou, en el Alto Ampurdán, y llegó a Barcelona, donde las funciones arrancaron en octubre de aquel año y fueron todo un éxito en taquilla. Según la prensa de la época, la compañía de Holzmüller tenía uno de los espectáculos ecuestres más famosos y también merecía la pena pagar por ver tan nutrida colección de animales cautivos.

El comienzo de las desventuras

El espectáculo se trasladó después a Madrid y el circo también instaló sus lonas en Valencia y municipios como Alcira, donde las cosas empezaron a ir mal económicamente. El director, Holzmüller, no tenía una buena relación con la bebida y malgastaba el dinero. Además, cuando la compañía más se adentraba en regiones con menos impulso económico, los ingresos menguaban. Holzmüller seguía acumulando deudas y sus acreedores querían quitárselo de encima para poder recuperar su dinero.

El primero en rescindir el contrato de la gira fue Juan Carcellé. El director se vio en la necesidad de encontrar algún socio para pagar las deudas y en esa búsqueda el circo alemán quedó brevemente en manos de otro teutón residente en España, Guillermo Dierssen. Y digo brevemente porque hubo de pasar, también de forma fugaz, por manos de un empresario valenciano, Pedro Pons, que se cansó de presenciar los tejemanejes de Holzmüller.

Los sueldos llegaban con irregularidad, aunque los empleados aseguraban que cuando había buenas taquillas sí repartía el dinero suficiente entre artistas y obreros para cubrir sus necesidades. Pero sus problemas con el alcohol generaban un ambiente violento y desataban escenas que él mismo protagonizaba contra sus propios empleados.

Truog, el apoderado alemán que había cerrado el trato con Willi, volvió a ponerse en contacto con Dierssen y le nombró como responsable de las deudas. Se convirtió en el único dueño, un tirano. No pagaba ni aunque se hiciese buena caja. Él y su mujer cogían las recaudaciones y desaparecían durante varios días.

Hermann Ruhe, con quien Willi Holzmüller hizo el trato de compra de las fierasArchivo Alt Alfeld

La nueva gerencia mata de hambre

Dierssen empezó a viajar con el circo por España fuera de la ley, no pagó ni autores ni se las vio con Hacienda. Además, viajaba sin documentación legal. No hizo contratos a los artistas y tampoco depositó una fianza en el Sindicato del Espectáculo, tal y como marcaban las normas de la época. Esta situación afectó a los trabajadores, ya que carecían de los visados necesarios y fueron multados por las autoridades.

De la costa del Levante español, el circo marchó de nuevo a Madrid. Entre julio y septiembre, el sucesor alemán intentó estafar a la gente montando una escuela de doma y un zoológico en la capital. Los animales seguían pasando hambre y la situación era extrema porque ya habían empezado a morir las primeras fieras. Los primeros cayeron en Murcia, una cebra y un poni; en Madrid hubo que decir adiós a una cebra y un caballo.

Los periodistas de El Caso pudieron hablar con los artistas de la compañía, quienes relataron con pelos y señales las desgracias que pasaron hasta llegar a Manzanares. Tras abandonar Madrid pasaron por Aranjuez, Toledo, Mora de Toledo, Puertollano y Daimiel.

En Puertollano, Benito Garrido Ruescas, que locutaba el espectáculo, se enfrentó con Dierssen y terminó despedido, no sin antes haber sido víctima de un intento de chantaje. El alemán solía mentir a los artistas para poner a unos en contra de otros, pero el desenlace siempre era el mismo: ninguno recibía nada de él.

Francis Grutzius en el vagón donde dormía en Manzanares después de quedar el circo abandonadoEFE

A principios de noviembre llegaron a Manzanares y aunque actuaron los días 8, 9 y 10, la situación ya era insostenible. Allí murieron dos leonas, un oso, un dálmata, un mono y los últimos elefantes, estos últimos después de haberse comido la madera de los vagones. A las muertes les siguió la desbandada de los integrantes del circo.

Francis, el héroe inesperado

Solo una persona se quedó a cuidar a las fieras que quedaban después de haber viajado desde Alemania y haber recorrido media España. Francis Grutzius, uno de los «enanos del circo», motivo por el que, después de todo, pasaría a la historia como el «enano de gran corazón». Recibía limosna de los vecinos y trataba de alimentar a los animales con lo poco que tenía. Los que iban muriendo se enterraban en la finca.

Uno de los primeros periodistas en dar la voz de alarma para la prensa española fue Luis de Armiñán, que escribía para ABC. Este se acercó hasta la finca El Lazareto, de José Cabanas, donde se encontraban los restos abandonados del circo Holzmüller. Hizo fotografías y charló con un vecino del pueblo que ayudaba a Francis, Francisco Hernánperez. Luego publicó un artículo que removió las conciencias titulado 'Cuando el hombre es la fiera'.

Un reportero que escribió para Le Patriote Ilustré llegó el día que un Policía recogió a Francis para llevarlo a un asiloLe Patriote Ilustré

Fueron otros muchos los que pasaron por la finca El Lazareto y, finalmente, Francis fue trasladado a un asilo. Sin embargo, fueron los reportajes publicados en la prensa internacional los que alumbraron el futuro de Grutzius. Un periodista de la revista Munchener Illustrierte viajó a España para repatriar al empleado del circo a su país. Allí le esperaba Kurt F. König, profesor del Instituto Zootécnico de Rotemburgo.

A Francis se le dio un empleo como cuidador de animales en la institución y alojamiento en casa de su protector. Por su valor y su buen corazón, fue reconocido con diferentes distinciones por parte de algunas sociedades protectoras de animales. Entre ellas, una estadounidense que quiso reconocerle con la medalla con la que se le nombró socio honorario.

«Ha encontrado así la recompensa que merece su devoción hacia los irracionales, por quienes estuvo a punto de dar la vida en las difíciles jornadas vividas junto a las jaulas desvencijadas de lo que fue el circo Holzmüller» (Garbo, enero 1955).

Fuentes y documentación

La mayor parte de la información está sacada de los siguientes artículos.

  • Cuando el hombre es la fiera; ABC, ​30/11/1954.
  • La agonía del circo en Manzanares; El Alcázar, 8 de diciembre de 1954.
  • El personal alemán de un circo, refugiado en una pensión madrileña; El Caso, nº 84.
  • ¿Qué ha sido del enano de Manzanares?; Garbo, enero de 1955.
  • Le Faillite d'un cirque allemand en Espagne; Le Patriote Ilustré, nº 19, 8 de mayo de 1955.
Se han consultado otros artículos de La Vanguardia, The Billboard, Time o Der Spiegel. También recortes almacenados en el Archivo del INAEM, Se ha tomado otra documentación del Archivo Municipal Contemporáneo de Barcelona, del Archivo de Mannheim y el de la Ciudad de Núremberg.

Además se ha hablado con Antonio Bermúdez García-Moreno y con Manuel Rodríguez Mazarro, vecinos de Manzanares que a su manera recuerdan o han indagado en la historia y facilitado alguno de los artículos.