José Antonio Martín Otín, periodista e investigador
Un diario inédito de Primo de Rivera cuestiona el relato sobre su figura: «Se lo han explicado mal a los españoles»
En sus páginas, el fundador de Falange Española relata «su último día en libertad y su primer día en prisión»
El periodista José Antonio Martín Otín dice ante las cámaras de El Debate que estuvo «en el sitio exacto, en el momento preciso». Fue gracias a esta «sincronicidad», más que a la «casualidad», como pudo encontrar un diario personal que el líder de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, empezó a escribir antes de ser detenido por las autoridades republicanas en marzo de 1936.
Fue «un mes crítico, porque es cuando José Antonio entra en la cárcel. Y él narra su último día en libertad y su primer día en prisión», asegura.
Según Martín Otín, hasta ahora no se había reparado en el contenido de la agenda, la cual se conservaba entre unos documentos familiares. Además, el diario tiene un tamaño pequeñísimo. «Es increíble que pueda decir tantas cosas a la vez, condensadas en tan poco espacio. Al final son las notas de diez días y la crónica de los veinte siguientes».
El diario original de José Antonio Primo de Rivera
Tras descifrar el texto, empezó un proceso de investigación que le llevaría cinco años: «Han sido infinidad de archivos de texto, algunos semiclandestinos prácticamente», detalla. Sin embargo, también advierte que ha sido necesaria «la lectura y la exigencia», porque no se puede contextualizar un «documento tan valioso» que no escribe él, sino que son palabras del propio fundador de Falange Española.
Fruto de su trabajo, publica Diario secreto de José Antonio. Un documento inédito que cambia la historia (Espasa), pues considera que no ha habido «demasiado interés en conocer al personaje en profundidad».
—¿Qué periodo cubre exactamente esta agenda?
—El mes de marzo de 1936. ¿Qué pasa en el mes de marzo de 1936? Acaba de entrar el Frente Popular; es más, todavía están esos días de transición, de cambio de gobierno, en que Portela Valladares, que es un personaje clave en este mes en la relación con José Antonio, todavía ostenta la responsabilidad en Gobernación y va a entregar los poderes.
Es el día, justo a mitad de mes, en el que José Antonio pierde la libertad para siempre; nunca vuelve a estar libre. Y ese día 13 es tremendo, de una riqueza en cuanto a emociones verdaderamente exagerada. Y ya el día 14 todo lo que escribe lo hace desde dentro de la cárcel.
—¿Qué intención tiene este libro?
—Este libro, que nace del estudio concienzudo de José Antonio Primo de Rivera, lo que pretende es explicar esa línea de comportamiento de alguien que tenía como objetivo —que tuvo como objetivo final en su vida—, yo creo, mucho más el unir que el separar.
Es la hora en la que ya estamos entendiendo lo que quería José Antonio: para todos, el perdón. Entonces, yo creo que eso es lo relevante: que se trata de unir, incluso de unir contrarios, y que, por la descripción de lo que está viviendo y de lo que no escribe —que es lo que viene después—.
O sea, de la propia agenda desaparecen, yo creo que arrancan las hojas, y desde luego todas las que van detrás de marzo, porque no sabemos si él en Alicante siguió escribiendo, si las arrancaron en Alicante o qué pasó y por qué han dejado estas. No tengo ni idea. Sería especular.
Lo que quería José Antonio era unir, incluso a contrarios
Pero sí queda claro —es una constante— y, al final, sobre todo en el estudio de su último mes de vida, todavía más: ese deseo de acercar a los españoles, que se ve también en otros españoles.
Al final del libro hablamos de discursos que tienen que ver un poco con el suyo final desde la cárcel, cuando dice: «Ojalá el pueblo español, tan rico en buenas cualidades, sepa al fin encontrar el camino de la patria, el pan y la justicia». Él dice: «Ojalá sea la mía la última sangre vertida en discordias civiles».
Portada del libro 'Diario Secreto de José Antonio. Un documento inédito que cambia la historia'
—¿Qué reflexiones podrían ayudar a desmitificar o aclarar aspectos de su vida?
—Para desmenuzar los detalles, es preciso no errar en un dato. Tienes que ir a ellos y, en el proceso, claro, tanto tiempo —cinco años— ha ayudado mucho la suma de otros inéditos que se incorporan al libro. No es el único documento inédito, la agenda de José Antonio.
Hay otros, no de tanto peso, estoy seguro, pero de una fuerza tremenda. Y, claro, para mí, sorpresas que, hasta cierto punto, cambian visiones históricas o asientan algunas teorías que se habían venido defendiendo, pero desde la intuición.
Por ejemplo, el manifiesto del 17 de julio, que rectifica los pasos anteriores dados; es decir, ante el golpe de Estado que se prepara, cautela, ningún movimiento hasta que se dé la orden, dicen los señores de la Falange a los falangistas. Y, en el último momento, el 17, ya hay un manifiesto en el que hay una orden de incorporación, además con un lenguaje un poco desesperado.
El primero que se da cuenta, yo creo que el primero en el tiempo, a principios de los 40, de que es una patraña ese documento es Manuel Aznar, el periodista, director de El Sol. Y, a partir de ahí, ya son en cadena. O sea, cualquiera que se siente, tenga delante ese manifiesto, conozca el estilo literario de José Antonio y su profundidad ideológica también, sabe que es un contradiós ese papel.
Pero hasta biógrafos muy vinculados sentimentalmente a la figura de José Antonio —era compañero de curso, amigo personal, tenía una deferencia especial por José Antonio—, como Felipe Giménez de Sandoval, también ligado al franquismo, sostuvieron ese documento del 18 de julio tal como salió, porque al franquismo le interesaba mucho.
Bueno, nosotros descubrimos en ese proceso de investigación un papelito esquinado en la Causa General, que yo no había visto en ningún lado, que es la declaración de Rafael Garcerán, donde aparece por primera vez ese documento, en un instante oportunísimo para él, porque le quita de cualquier sospecha respecto a esas causas que había después de la guerra, y que es replicado por Francisco Bravo en el libro que hace sobre José Antonio, José Antonio, el amigo, el hombre, el camarada.
—¿Qué imagen ofrece este diario de José Antonio?
—Para mí, esto que dices, que parece algo simplemente externo, formal, es definitivo. Es decir, que un tipo que está escribiendo, seguramente solo para leerlo él mismo más adelante, para que quede constancia —apuntes biográficos, autobiográficos—, tenga el cuidado que tiene, ni una falta de ortografía, no se permite un giro extraño, es totalmente leal a su estilo literario, a su forma de comunicarse, habla de su rigor y de la importancia que le estaba dando a lo que estaba escribiendo también.
Digo que lo hace, en el libro utilizo esa figura, como un miniaturista cantonés. Es una cosa pequeña, delicada, pero certera, muy precisa, y cuenta cosas que pertenecen a su más profunda intimidad. Es decir, él habla de sus debilidades, lo cual, ante mis ojos, era muy necesario para conocer verdaderamente al personaje, porque lo humaniza.
José Antonio Martín Otín en la redacción de El Debate
—¿Cambia esta visión la imagen construida durante el franquismo?
—Es que no tiene nada que ver. Claro que la cambia, pero ya había habido antecedentes en la bibliografía reciente de José Antonio que ayudan a eso.
Por ejemplo, yo creo que hay un jalón, y me tocó a mí dar ese primer paso cuando, en la Bodleian Library, en la biblioteca de Oxford —donde se rodó Harry Potter—, encontramos el legajo, en realidad una carpetilla, la última de todas las que había en el archivo de Elizabeth Asquith, que donó parte de su obra y de sus recuerdos a la Universidad de Oxford.
Allí, entre otras cosas, dimos con la carta más larga de José Antonio, la más larga que se conoce, dirigida a una mujer con la que tenía un romance sentimental, una mujer casada, un romance adúltero.
Aquello ya empezó a romper esa imagen asexuada, seráfica, irreal, inhumana, que el franquismo se había empeñado en construir y durante mucho tiempo consiguió.
José Antonio era una persona llena de emociones, que iba al baño como tú y como yo, y que tenía sus debilidades como cualquiera. Entonces, conocer sus debilidades, conocer también sus flaquezas, ayuda mucho.
Aquí muestra él las cuentas, algunas de ellas, y luego esa parte potente de saber separar amistad de orientación política. Y en eso yo creo que le ayudaba mucho Julio Ruiz de Alda.
—¿Este diario confirma tensiones con Franco?
—Bueno, quien se ha empeñado en estudiar a José Antonio desde siempre ya había detectado eso hace muchísimo tiempo.
Amando de Miguel decía en 1996 que era algo hasta sarcástico, casi hilarante, que estuvieran en el mismo cajetín de la historia dos personas que no tenían nada que ver ni en lo intelectual, ni siquiera en lo emocional —tendían a aborrecerse—, ni en lo político. Y, sin embargo, iban juntos en el mismo cajetín de la historia.
Pero había gente que había estudiado esas diferencias. Que se consoliden como un hecho, este libro ayuda desde luego, porque lo escribe él. Es que lo dice él.
José Antonio Martín Otín en la redacción de El Debate
—A la luz de este diario, ¿cree que hemos entendido mal a José Antonio Primo de Rivera durante décadas?
—Para empezar, es que a los españoles se lo han explicado mal. Intencionadamente mal, muchas veces. Unos y otros.
Las corrientes historiográficas tienen con frecuencia una carga política, y los historiadores tienden a repetir lo ya establecido. Pero lo verdaderamente revolucionario es buscar la verdad. La verdad siempre es revolucionaria.
Y, en este caso, la verdad es la que dice él. Esa es incontestable. No solo es que se haya explicado mal: es que tampoco había demasiado interés en conocer al personaje en profundidad.
Llegamos tarde. Pero trabajos como este ayudan a acercarnos a su verdadera personalidad. Un libro en el que habla él directamente, en el que cuenta su día a día, facilita mucho la comprensión.