Fundado en 1910

Una representación de Jesús orando en el huerto de Getsemaní según Andrea Mantegna (siglo XV)

Picotazos de historia

El origen del Triduo Pascual y cómo lo transformó el Concilio Vaticano II

Las tres celebraciones claves del Triduo Pascual, que luego serán completadas con vía crucis y procesiones, son: la Misa Vespertina de la Última Cena, la Celebración de la Pasión y la Vigilia Pascual

Denominamos novena a la práctica devocional que practicamos los cristianos, consistente en el recitado de oraciones a Dios, la Virgen María, a un santo o a los difuntos en general durante un periodo de nueve días consecutivos. La palabra novena proviene del término latino novenus, que hace referencia al número nueve.

Pues bien, esta explicación previa viene a colación, como cuña introductoria, para un tiempo fundamental dentro del año litúrgico, y en concreto dentro de la Semana Santa, denominado Triduo Pascual. Respecto a la palabra liturgia o al término litúrgico, que voy a tener que utilizar en profusión en el presente artículo, es que todo lo que esté relacionado con la Eucaristía tendrá carácter litúrgico.

Los años serán litúrgicos, ya que en ellos se desarrollarán las diferentes celebraciones (litúrgicas, por supuesto); los días serán litúrgicos y unos pocos alitúrgicos, al estar prohibido celebrar la Eucaristía esos días; existen colores litúrgicos, que son los de las vestimentas del sacerdote y que sirven para señalar fiestas del calendario u ocasiones específicas y, claro está, también hay objetos litúrgicos (cáliz, patena, copón, palia, corporal, etc.).

El término triduo, del latín triduum, hace relación al periodo de tres días seguidos en los que se llevarán a cabo una serie de devociones con un propósito concreto. Por regla general, hasta la reforma del rito romano tras la aprobación del Código de Rúbricas promulgado por el Papa Juan XXIII en 1960, se practicaban como preparatorios a la Primera Comunión, a la renovación de votos o en relación con el inicio del año escolar, entre otros.

El triduo que está vinculado con la Semana Santa actualmente se denomina Triduo Pascual y se distingue respecto a la Cuaresma y el Tiempo Pascual (celebración de la Pascua del Señor antecedida por el Triduo Pascual), situándose justo entre los dos.

Con la reforma llevada a cabo por el papa Juan XXIII, y tal y como se explica en el artículo 75 del Código de Rúbricas, el entonces denominado Triduo Sagrado (denominación que sería sustituida por Triduo Pascual en las disposiciones del concilio Vaticano II) estaría formado por los días Jueves, Viernes y Sábado Santos. El concilio Vaticano II (1962-65) incluiría dentro del Triduo a la Vigilia Pascual y al Domingo de Pascua.

Estas inclusiones pueden generar confusión entre los laicos, pero tienen su lógica. El Triduo Pascual es un tiempo, dentro del año litúrgico, formado por tres días litúrgicos que se celebran a lo largo de cuatro días civiles.

El tiempo del Triduo se inicia el Jueves Santo con la Misa Vespertina de la Cena del Señor o Misa de la Última Cena, por conmemorar esta, y en la que el elemento más simbólico o destacado es el lavado de los pies a doce personas en emulación de Jesucristo. Lo continúa el Viernes Santo o de la Pasión de Nuestro Señor, siendo seguido y completado con el Sábado Santo y el Domingo de Pascua.

El motivo por el cual se denomina triduo a este tiempo compuesto por cuatro días se basa en la antigua fórmula de cálculo y cuenta de los días, que continúa utilizando la Iglesia para sus cómputos litúrgicos. Hoy los días los forman las veinticuatro horas entre la medianoche de un día y la medianoche del siguiente, pero el cómputo de los días litúrgicos se iniciaba en el anochecer.

Así, un día era el periodo de tiempo que iba de un anochecer a otro, con lo que encabalgaban dos días y variaba su número de horas en función de la época del año. Por este sistema, el primer día del Triduo se inicia al anochecer del Jueves Santo, terminando el periodo litúrgico la tarde del Domingo de Pascua.

Lavatorio de los pies

Las tres celebraciones claves del Triduo Pascual, que luego serán completadas con vía crucis y procesiones, son: la Misa Vespertina de la Última Cena, la Celebración de la Pasión y la Vigilia Pascual. En la Misa de la Última Cena no habrá saludo, bendición ni despedida, y es por disposición de la norma 170 de la Instrucción General del Misal Romano. Esta establece que, si a una misa sigue otra acción litúrgica, no proceden; en este caso, a la misa le sigue la procesión del Santísimo Sacramento.

El Viernes y el Sábado Santos serán los únicos días en los que el altar estará despojado de todo elemento y adorno (mantel, candelabro, crucifijo, etc.) como símbolo de la ausencia de misa, y es que ambos días son alitúrgicos, en el sentido de que no se permite la celebración de la sagrada Eucaristía.

El ciclo se concluirá con la Vigilia Pascual, durante la cual se encenderá la vela bendecida –el cirio pascual–, que representa a Cristo resucitado, y se bendecirá el agua de la pila bautismal.

Durante la celebración del Triduo Pascual están prohibidas todas las misas de difuntos, incluidos los funerales. En caso de no haber más remedio que celebrar el funeral, este se llevará a cabo sin misa ni Eucaristía, sin solemnidad alguna y en un horario distinto al habitual de los servicios litúrgicos. Normalmente era raro, ahora menos, que se llevaran a cabo funerales durante el Triduo debido a las limitaciones y condicionamientos que tenían.

La falta de solemnidad, Eucaristía y distinto horario de las exequias hacía que estos funerales se confundieran con los de los suicidas, individuos fallecidos en flagrante pecado mortal y miembros de profesiones consideradas indignas o réprobas (caso de Molière, cuya profesión no era aceptada por la Iglesia de Francia y en la que tuvo que intervenir hasta el rey para poder enterrarle en sagrado, pero de noche y sin solemnidad).

En definitiva, el Triduo Pascual es parte integrante y vital de la Semana Santa y, durante su tiempo de celebración, consistente en tres días litúrgicos, se celebrarán las instituciones de la Eucaristía, el ministerio sacerdotal, el mandamiento del amor fraterno (Juan 13,34), junto con la Pasión, Muerte, descenso a los infiernos y resurrección de Jesucristo.