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La gesta del Detente: el Sagrado Corazón protector del ejército español

La gesta del Detente: el Sagrado Corazón protector del ejército español

Grandes gestas españolas

La gesta del Detente: el Sagrado Corazón protector del ejército español

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Pronto se olvidará que años ha existían en las puertas de las viviendas españolas pequeñas placas atornilladas —de latón, de cobre, de hojalata, cerámica... Exhibían a Jesucristo señalándose su Corazón. Algunos iban acompañados de «Dios bendiga cada rincón de esta casa». Una frase que a veces también aparecía sola en pequeños azulejos colgados de las paredes. Muy pocos saben que en ese objeto tan doméstico y entrañable de la intrahistoria española subyace un símbolo eterno de la milicia.

Santa Margarita y el nacimiento de un símbolo

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús constituye uno de los pilares más profundos de la espiritualidad católica. Vigente desde la Alta Edad Media, su expansión data del siglo XVII, cuando una religiosa, Santa Margarita María Alacoque tuvo unas visiones. Jesús con el corazón consumido de amor por los hombres, le decía que solo recibía ingratitud y le urgía difundir la veneración a su sagrado corazón herido y ardiente. El confesor de la santa, el jesuita San Claudio, fue el primer impulsor del culto que pronto prendió en el pueblo y la Compañía de Jesús lo expandió por medio mundo.

En Marsella, en 1720, la venerable Ana Magdalena Rémuzat tuvo otra visión: habría una grave epidemia en la ciudad, pero Dios ayudaría a los devotos del Sagrado Corazón. Con sus hermanas de congregación confeccionó cientos de corazones con la inscripción: «Oh, Corazón de Jesús, abismo de amor y misericordia, en vos confío» y los repartió por toda Marsella. Poco después la peste asolaba la ciudad, pero cesó muy rápido; la mayoría de quienes los llevaban no se contagiaron, y los que sí enfermaron salvaron la vida.

Venerable Ana Magdalena Rémuzat

Venerable Ana Magdalena Rémuzat

No era la primera vez que se usaba así una imagen. En España, el escapulario del Carmen se había utilizado contra la peste negra, al igual que la encomendación a San Roque, patrón de los apestados ese santo tan entrañable que tenía un perro sin rabo—con el que se bromeaba con quien no pronunciaba la erre. San Roque como la maravillosa Santa Bárbara, fueron expulsados de la lista de santos tras el Concilio Vaticano por su dudosa historicidad, pero su festividad se sigue celebrando de norte a sur todos los agostos.

«Detente, el Corazón de Jesús está aquí»

La guerra ha llevado siempre a los hombres a buscar refugio en lo sagrado, a aferrarse a signos que le otorgaran esperanza en el combate y no está claro cuándo el Sagrado corazón afloró en el ámbito militar. Tal vez fuera con los valientes de la Vendée contra la sangrienta Convención (1793–1796) que lo portaban coronado por una cruz y bordado «Arretez-vous, balle, le Coeur de Jesus est avec moi!» que hoy sigue presente en el escudo de los vendeanos.

«Detente, el Corazón de Jesús está aquí»

Poco después lo ostentarían los rebeldes irlandeses del XVIII, y los carlistas en sus tres guerras del siglo XIX, cuyo rey, Carlos VII, pidió personalmente al papa Pío XI que consagrase España al Sagrado Corazón. La orla del escapulario mostraba las palabras «Detente, bala», y de ahí que se le llamase en español detente. Con este nombre los cristeros lo adoptaron contra el gobierno anticlerical mexicano.

Actuaban como pequeñas armaduras en la batalla y en la muerte como enlace divino y reafirmación de la fe y no era obligatorio bendecirlos. En 1872, el papa Pío IX concedió una indulgencia de cien días a quienes lo llevaran y rezaran diariamente un padrenuestro, un avemaría y un gloria. Por ello, el detente era muy apreciado para el soldado, un amparo espiritual para quien vivía cada jornada con la posibilidad real de no regresar.

Soldado con el Detente

Soldado con el DetenteDibujo de Sainz de Tejada.

España había conseguido la consagración al reinado espiritual de Cristo, y por ello, en el centro geográfico del país -el Cerro de los Ángeles de Getafe- se levantó un monumento al Sagrado Corazón de Jesús, inaugurado por Alfonso XIII en 1919. Era majestuoso con los brazos abiertos, sobre un pedestal rodeado por esculturas alegóricas y la Santa Maravillas de Jesús, canonizada por San Juan Pablo II, fundó allí un convento de carmelitas, para ayudar a futuros peregrinos.

Alfonso XIII

Alfonso XIII

De la guerra de África a la Guerra Civil

En cada conflicto —Cuba, Filipinas, Marruecos, la Guerra Civil— los soldados llevaron consigo estos detentes. En la primera guerra de Marruecos, mujeres de Bilbao donaron setecientos cincuenta para una División Vascongada y se les atribuyeron favores, protecciones y regresos inesperados. En un fusilamiento en la guerra de Cuba, el soldado de nombre Nicanor, pese a que le habían disparado, permanecía de pie. El jefe del pelotón se acercó a ver qué pasaba y descubrió que la bala había rebotado en el detente bala que Nicanor llevaba colgado. ‘¡Milagro!’, gritó uno. Los cubanos, aunque rebeldes a España eran buenos cristianos, y no se atrevieron a rematar a los demás fusilados, que vivieron para contarlo y fueron tratados con gran consideración hasta su entrega a las autoridades españolas” Dicen las crónicas.

Mujeres repartiendo escapularios

Mujeres repartiendo escapularios

Los requetés en su cuarta guerra civil

Durante la Guerra Civil, el Detente alcanzó una enorme popularidad. Además del colgado al cuello, se llevaban en la pechera ide la camisa. En la uniformidad carlista, dado el componente religioso que les motivó a coger las armas, formó parte indisoluble de las guerreras. Para ellos, era su cuarta guerra y el símbolo de la reconquista de un orden natural y cristiano opuesto a la revolución marxista.

La carga simbólica iba unida a la emocional porque solían coserlos las madres, esposas o novias del soldado. Los bendecían en sus parroquias antes de partir al frente, o incluso eran heredados de sus ancestros combatientes en las guerras carlistas. Cuando eran capturados y ejecutados, había un especial morbo por parte de los milicianos de rematarlos atravesando el detente. A veces con escarnio decían «Mira quien te detiene ahora»

Soldado

Los Tercios Navarros llevaban además una cruz con un crucificado siempre visible portada por un sargento desarmado al que llamaban Cristóforo. Esta cruz presidia las misas diarias, servía de guía precediendo a los requetés y, en caso de ser heridos, podían encomendarse a la divinidad mirándola y orando al Cristo de la Cruz. Las margaritas carlistas, que trabajaban en la Asistencia en Frentes y Hospitales, también llevaban detentes sobre el pecho.

Presentaban diversidad formal y material. Los más modernos protegían la estampa con plástico, aparecían los colores nacionales y el Corazón de Jesús estaba coronado por una cruz, con la herida y las gotas de sangre. El texto podía variar: «El Sagrado Corazón de Jesús está conmigo», «Reinaré sobre tus enemigos, o Reinaré en España”. Este último fue el más habitual en la División Azul (1941–1945) subrayando el componente religioso de su lucha que para muchos fue tan importante como el ideológico en las estepas de Rusia.

Manual de la Entronización del Sagrado Corazón de Jesús

Manual de la Entronización del Sagrado Corazón de Jesús

Un revulsivo: profanación y destrucción del Cerro de los Ángeles

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús en la guerra civil se vio incrementada por un hecho tan increíble como casi inenarrable: la profanación y destrucción del Monumento del Cerro de los Ángeles, en agosto de 1936. Milicianos del bando republicano subieron al Cerro tras asesinar a los cinco jóvenes que lo defendían, dos de ellos menores de veinte años, que murieron dando vivas a Cristo Rey. Sacaron imágenes y ornamentos para quemarlos, como tantos desde el inicio de la Segunda República. No se limitaron a destruirlo sin más. Organizaron una parodia macabra de juicio militar frente a la estatua, con una mesa y tres jueces a modo de un tribunal castrense. Acusaron a la imagen de varios delitos: ser enemiga del pueblo, estorbo para la nueva República, símbolo de un régimen monárquico y clerical y de haber sido colocada sin consentimiento popular en un espacio público. Fue hallada «culpable», leyeron sentencia de muerte al Sagrado Corazón de Jesús e improvisaron un pelotón de fusilamiento. Una miliciana dio la orden: «¡Apuntad con odio, disparad con ira!», y así, abrieron fuego sobre el rostro, el pecho y el corazón de la imagen. Según testigos y fotografías, pese a los impactos, permaneció casi intacto.

Sagrado Corazón de Jesús situado en el Cerro de los Ángeles

Sagrado Corazón de Jesús situado en el Cerro de los Ángeles

Tras el fusilamiento intentaron derribar la estatua con cables de acero sujetos a un tractor, también sin éxito. Vinieron más milicianos armados con mazas y cinceles para demolerlo pero igualmente resistió. Al final, colocaron explosivos bajo la base y dinamiteros asturianos que iban hacia Toledo para volar el Alcázar, ayudaron a colocar la carga explosiva. Cuando la estatua cayó, uno gritó «¡Ya cayó el barbudo!», mientras la cabeza decapitada de Cristo era arrastrada por las calles atada a un caballo en una humillación ritual extrema.

Mientras los milicianos fusilaban la imagen del Sagrado Corazón, el Gobierno de Madrid proclamaba en el extranjero que en la zona bajo su dominio se respetaba la religión. La prensa del Frente Popular publicó en portada las fotografías del «fusilamiento» y celebró el hecho con el titular. «Desaparición de un estorbo» y el Ayuntamiento de Getafe, cambiaba el nombre del Cerro de los Ángeles por el de Cerro Rojo. Las carmelitas del convento pudieron salvar su vida gracias a un buen getafeño, que ayudó a que huyeran.

Milicianos

Fusilamiento del monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles por un grupo de partidarios del bando republicano

Tiempo después, el general Varela, al frente de sus legionarios, ganaba para el bando rebelde el escenario de la destrucción. Entre las ruinas levantaron una gran cruz blanca e izaron la bandera española. El capellán castrense celebró allí mismo, en un altar improvisado, el primer acto de reparación: una misa de desagravio. Con el fuego de los cañones y fusiles republicanos en retirada, jefes, oficiales y soldados se arrodillaron conmovidos para devolver al lugar, aunque fuera por un instante, la dignidad que la profanación había querido arrebatarle.

Afganistán: la tradición renace

Hoy España es jurídicamente aconfesional, pero conserva patronazgos, imágenes, himnos y fiestas gestados en siglos de su identidad católica. Y algunos más vivos que nunca, como se ha visto en la Semana Santa de 2026.

Detente para la Guardia Civil

Detente para la Guardia Civil

Las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, en su artículo 23, recuerdan que la milicia debe «conservar y transmitir el historial, tradiciones y símbolos de su unidad». Y aunque llevaban el detente de forma particular muchos miembros del Ejército, en 2012, la VIII Bandera Colón del Tercio Don Juan de Austria decidió recuperar la tradición. La Hermandad del Cristo del Perdón de Elche y el Círculo de Amigos de las Fuerzas Armadas de Jaén entregaron estos emblemas a los legionarios. Fueron bendecidos por el pater de la unidad. «Quien no lo quiera no dejará de ser un buen legionario. Aceptadlo solo si sois creyentes. No es un amuleto, es algo espiritual, entre cada uno de vosotros y Dios, y os ayudará».

Gorrillo legionario del Brigada Piñón con Detente

Gorrillo legionario del Brigada Piñón con Detente

Durante un combate en Afganistán, el caballero legionario Iván Castro —fusilero de 23 años, que esperaba su primer hijo— portaba uno de estos detentes. Una bala enemiga le atravesó ambos pulmones y pasó a milímetros del corazón, aorta, tráquea y esófago. La herida era tan compleja que el proyectil no pudo extraerse hasta días después. Los cirujanos torácicos que lo atendieron calificaron su caso de «único» y afirmaron que debería haber fallecido en los primeros diez minutos.

El legionario Iván Castro

El legionario Iván Castro

Poco después, las carmelitas descalzas de Toledo confeccionaban seiscientos detentes para los soldados desplegados en el Líbano. Prolongaban así un gesto que, desde hace siglos, acompaña al combatiente español. Porque el detente no pertenece a una época, ni a una ideología, sino a la memoria de un país marcado durante siglos por una espiritualidad que enlaza al militar con quienes lo precedieron: los que embarcaron hacia Cuba, los que lucharon con fiereza en el Ebro, los que avanzaron sobre la nieve de Krasny Bor. Desde los campos de ultramar hasta las misiones actuales, pocos emblemas poseen la carga simbólica y militar del detente- que ha sobrevivido a cambios de banderas, uniformes y ejércitos. Hoy es cada vez más visible en nuestras Fuerzas Armadas. Su valor material es mínimo; su valor emocional, inmenso.

Una explicación en redes sociales con la imagen de un guardia civil en un operativo

Una explicación en redes sociales con la imagen de un guardia civil en un operativo

Por eso, mientras España siga enviando tropas a zonas de conflicto, o haya españoles en la milicia, habrá soldados que continúen llevando consigo un pequeño trozo de tela o de metal con una oración indisoluble a nuestra historia militar y espiritual: «Detente bala, el Corazón de Jesús está conmigo.»

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