Juan Miguel Zunzunegui
Entrevista
Zunzunegui: «Hay toda una campaña de propaganda perfectamente planificada contra España y la Hispanidad»
El escritor mexicano publica una nueva biografía de Hernán Cortés y defiende que la historia de la conquista ha sido deformada por intereses políticos contemporáneos. «Cuando a México le va mal, desempolvamos el fantasma de Cortés», afirma
Más de cinco siglos después de la caída de Tenochtitlán, Hernán Cortés continúa siendo capaz de provocar polémicas diplomáticas, debates académicos y enfrentamientos políticos a ambos lados del Atlántico. «Cortés despertó envidias en vida y despierta envidias en muerte», asegura en conversación con El Debate Juan Miguel Zunzunegui, escritor y divulgador mexicano que acaba de publicar una nueva biografía del conquistador extremeño.
Para el doctor en Humanidades, Cortés ha dejado de ser simplemente un personaje histórico para convertirse en un símbolo utilizado por corrientes ideológicas para explicar el presente.
Retrato de Hernán Cortés
Por esta razón, considera que hay que seguir escribiendo sobre él porque «nos siguen mintiendo sobre Hernán Cortés. Hay que seguir resaltando la verdad» frente a la visión de «genocida y violador terrible» que, a su juicio, intenta vender el relato negrolegendario.
Su interés por el conquistador comenzó desde muy pronto «Me encontré con Hernán Cortés cuando tenía siete años», recuerda. «Y desde entonces me fascinó». Pero aquella fascinación nació de una sensación de desconcierto.
Educado en México, escuchó durante años una versión de la historia que no terminaba de encajarle: «Pasan un año entero explicándote las civilizaciones prehispánicas. Te dicen que aquello era perfecto, glorioso... Que había millones de habitantes y una sociedad extraordinaria. Y luego llegas al siguiente curso y te cuentan que 400 españoles, además ignorantes, medievales y salvajes, conquistaron todo aquello. Pues no cuadra».
Aquella temprana intuición acabó transformándose, con los años, en una investigación permanente.
«México está loco»
Durante años, Zunzunegui ha sostenido que el verdadero problema no es Cortés, sino la manera en que México ha interpretado su propio pasado. Recuerda que desde la escuela se enseña un relato basado en una aparente contradicción.
Por un lado, se presenta el mundo prehispánico como una civilización idealizada, casi perfecta; por otro, se atribuyen todos los males posteriores a la llegada de los españoles. Sin embargo, «te dicen que España echó a perder lo que éramos. Pero te lo cuentan en español, en un país donde prácticamente todo el mundo habla español, donde la mayoría es católica y donde las ciudades están llenas de catedrales barrocas».
Desde el Gobierno nos van infiltrando esta versión histórica que nos hace estar locos
Según explica a este medio, generaciones enteras han crecido aprendiendo a rechazar una parte esencial de su propia identidad. Por ello, considera que «México está loco» porque «desde el Gobierno nos van infiltrando esta versión histórica que nos hace estar locos».
Por eso insiste en que su trabajo no consiste únicamente en reivindicar personajes como Cortés o Isabel la Católica, sino en cuestionar las narrativas que, a su juicio, han condicionado la forma en que los mexicanos entienden su pasado y su presente. «Mi objetivo es ver si podemos sanar esa locura».
El fantasma de Cortés
El escritor y divulgador mexicano sostiene que el conquistador continúa siendo útil políticamente. «Seguimos hablando de Hernán Cortés porque es un gigante», advierte, y lo compara con figuras como Alejandro Magno o Julio César, personajes que siguen generando interés siglos después de su muerte.
Pero Zunzunegui cree que existe un componente adicional: «Cuando a México le va bien nadie habla de Hernán Cortés», pero cuando al país «le va mal, desempolvamos el fantasma de Hernán Cortés».
Según su análisis, esto ocurre desde el nacimiento mismo de México independiente. «Ya en el siglo XIX había políticos diciendo que había que quemar a Hernán Cortés trescientos años después de muerto». Este rechazo responde a un mecanismo que siempre es el mismo: buscar en la conquista una explicación sencilla para problemas contemporáneos.
«La acusación de genocidio es absurda»
Preguntado por los tópicos que más han distorsionado la figura del extremeño, Zunzunegui lo tiene claro: «La estupidez del genocidio», contesta a El Debate de forma inmediata. «¿Cómo genera un genocidio un hombre que sale de Cuba con poco más de 400 soldados, con 14 arcabuces del siglo XVI, con quince ballestas? La acusación de genocidio es absurda», expresa el autor de Hernán Cortés. Encuentro y conquista.
Portada del libro 'Hernán Cortés. Encuentro y conquista'
Pero la crítica de Zunzunegui no se limita al plano historiográfico. Para él, existe una intencionalidad claramente política detrás de este tipo de interpretaciones: «Hay toda una campaña de propaganda perfectamente planificada y deliberada contra todo lo que significa España y la Hispanidad en general», considera.
Y da un paso más: «A los ingleses y anglosajones les cuesta muy poco trabajo. Ellos nos dicen una mentira y nosotros nos ponemos a repetirla». En su opinión, los propios hispanohablantes han acabado interiorizando esa visión negativa de su pasado.
«Todos los que hablamos español y nos creemos estas cosas somos los tontos útiles que propagamos la leyenda negra», asevera. Zunzunegui recuerda, además, que la conquista no puede entenderse como una guerra entre españoles e indígenas: «Hernán Cortés se alió con todos los pueblos indígenas enemigos de los mexicas».
Los que nos creemos estas cosas somos los tontos útiles que propagamos la leyenda negra
Con todo ello, subraya que «la principal prueba de que no es genocidio es que todos esos pueblos indígenas viven en México hoy».
Asimismo, resume su tesis con una frase que atraviesa su trabajo en Hernán Cortés. Encuentro y conquista: «Si él no hubiera ido a América, México no existiría».
Comprender la mentalidad de Cortés
Aunque Zunzunegui no duda en defender la relevancia histórica del extremeño, también se esfuerza por alejarse de cualquier visión idealizada. De hecho, advierte que era «manipulador, mentiroso y utilitario». Lo describe como un hombre dispuesto a utilizar cualquier recurso para alcanzar sus objetivos. «Pero precisamente por eso considera que pudo alcanzar sus objetivos: «Si no fuera así, tampoco hubiera logrado nada de lo que logró».
En este sentido, el doctor en Humanidades insiste en que la historia no puede entenderse sin comprender la mentalidad de sus protagonistas: «La psicología es lo que mueve a las personas. Sus complejos, sus anhelos, sus miedos».
De la conquista de Méjico (Otumba), por Manuel Ramírez Ibáñez
Por eso reconstruye a un Cortés marcado por su condición de hijo único, por una familia noble desprestigiada y por una educación profundamente influenciada por los ideales caballerescos.
A estas circunstancias se suma, según Zunzunegui, que «Hernán Cortés se sentía un hombre tocado por Dios». No porque existan pruebas documentales directas, aclara, sino porque todo el contexto de la época apuntaba en esa dirección.
«Venían de culminar la Reconquista. Habían tomado Granada. Acababan de descubrir un nuevo mundo. Muchos españoles sentían que Dios les había dado una misión». Y concluye: «Si alguien no siente que tiene una misión divina, no logra lo que logró Hernán Cortés».
Carlos V, Cortés y la construcción de un imperio
La admiración que Zunzunegui siente por Cortés no le impide tampoco subrayar sus contradicciones. De hecho, algo parecido le sucedía a Carlos V: «El emperador lo admira y al mismo tiempo le tiene mucho miedo», comenta.
Gran parte de la conquista que realiza el natural de Medellín se mueve en una frontera entre la audacia y la desobediencia. Cortés desafía órdenes, improvisa estructuras de poder y justifica después sus decisiones ante la Corona.
El escritor explica que, cuando ambos se encuentran en Toledo en 1529, Cortés ya es una leyenda internacional: «Es más poderoso que el emperador allá en América. Es más rico que el emperador. Y es un hombre impredecible». Por ello, aunque Carlos V quería premiarlo por todo lo que había conseguido para la Corona —lo hace dándole el título de marqués del Valle de Oaxaca—, sabe también que tiene que limitar su poder.
Esto responde a una lógica muy clara: «Los aventureros abren camino, pero no construyen». Y ahí sitúa una de las claves fundamentales de su interpretación histórica. La conquista, sostiene, no puede entenderse únicamente como una empresa militar.
Tras ella llegó una enorme estructura política, jurídica y administrativa destinada a consolidar lo conquistado. «No puedes dejar un continente en manos de aventureros. Tienes que mandar autoridades, leyes, administradores, audiencias y frailes».
A su juicio, esa decisión demuestra que la prioridad de la Monarquía Hispánica no era simplemente dominar territorios, sino consolidar un orden duradero. «La Corona quería construir».
Esa misma idea reaparece cuando compara la conquista con la independencia mexicana. Según afirma, tras la caída de Tenochtitlán comenzó un proceso de levantamiento material e institucional sin precedentes. «Al día siguiente de la conquista se empezó a construir».
Enumera ciudades, hospitales, universidades, acueductos, caminos, catedrales, estructuras administrativas y marcos legales que fueron levantándose a lo largo de los tres siglos virreinales. Por el contrario, considera que la independencia inauguró una dinámica completamente diferente.
«Al día siguiente de la independencia se empezó a destruir todo otra vez», sentencia. La comparación le lleva incluso al terreno psicológico, uno de los aspectos que más le interesa como divulgador.
«México nace como la actitud del adolescente de catorce años que está profundamente encabronado por un berrinche, se larga de su casa y no sabe qué hacer». Este símil resume una de las tesis centrales de Zunzunegui: la idea de que la ruptura con España no fue el comienzo de una construcción nacional, sino el inicio de un largo proceso de inestabilidad que todavía condiciona la forma en que México interpreta su pasado.
Las palabras de acercamiento del Rey
«Por eso, Zunzunegui señala que las polémicas sobre la conquista siguen tan presentes en la actualidad porque personajes como Cortés se utilizan más como símbolos políticos que como figuras históricas.
No le sorprenden, por tanto, los recientes desencuentros entre España y México a propósito de la memoria histórica. Sobre las declaraciones del Rey Felipe VI acerca de la conquista, cree que el monarca acertó en el fondo de su intervención, pero no en la forma: «El Rey dijo la verdad, pero la dijo mal».
A su parecer, el error fue intentar resumir una cuestión extraordinariamente compleja en una respuesta improvisada. «Le faltó vestirlo en un discurso completo y bien estructurado».
Pero, más allá de las palabras del monarca, considera que el problema es más profundo. «Lo que al Rey no le están explicando es que el Gobierno de México no está buscando acercamiento. Está buscando distancia. Está buscando conflicto».
La Malinche con Cortés por Roberto Cueva del Río
Con todo, Zunzunegui insiste en que no pretende convertir a Cortés en un héroe. «No les tiene que caer bien Hernán Cortés». Lo que le preocupa es otra cosa.
«Hoy discutimos sin reflexionar. Repetimos las sandeces que nos dijo un político o un ideólogo». Por eso espera que sus lectores no terminen el libro con una opinión cerrada, sino con preguntas.
«Amarlo no es necesario. Odiarlo no ha servido para nada. Todo lo que tenemos que hacer es aceptar todo lo que hizo y darle su lugar en la historia», concluye.