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El portaviones estadounidense USS Yorktown al momento de ser impactado por un torpedo japonés durante la batall

El portaviones estadounidense USS Yorktown al momento de ser impactado por un torpedo japonés durante la batall

Así perdió Japón cuatro portaaviones en un solo día en la batalla de Midway

Cómo el trabajo de inteligencia y seis minutos cruciales cambiaron la guerra en el Pacífico

Primavera de 1942, el Imperio japonés parecía invencible a nivel militar. Tras el ataque a Pearl Harbor y la sucesión de victorias relámpago niponas en varias islas del Pacífico, Estados Unidos parecía incapaz de derrotar a la flota y a la aviación imperial japonesa.

Sin embargo, el 4 de junio de ese mismo año se produjo uno de los enfrentamientos más importantes de la Segunda Guerra Mundial en el frente del Pacífico: la batalla de Midway, un atolón minúsculo, pero con una importancia estratégica y militar esencial en cuyas aguas y cielo los norteamericanos cambiaron el rumbo de la contienda en la región.

Pero esta batalla no destaca por el uso efectivo de la fuerza, sino por el factor sorpresa y el trabajo de inteligencia previo que permitió a los norteamericanos combatir desde una posición mucho más ventajosa. El servicio de inteligencia y analistas logró descifrar parcialmente el código de encriptación de mensajes japonés JN25.

Mientras escuchaban la frecuencia nipona identificaron un supuesto objetivo militar bajo el código de «AF». Estaba claro que los japoneses estaban preparando un ataque a una de las bases norteamericanas, pero no sabían el lugar exacto. Se barajaron diversos nombres, entre ellos el de Midway, pero allí solo había un pequeño aeródromo militar, aunque desde el punto de vista geográfico era un lugar estratégico: el último puesto avanzado antes de Pearl Harbor.

Para confirmar las sospechas, los americanos transmitieron un mensaje falso en el que se decía que la planta desalinizadora de agua en Midway tenía una avería. Cuando los japoneses interceptaron la comunicación y redactaron un informe interno sobre el asunto los aliados descubrieron que AF era el nombre en clave para Midway. El factor sorpresa, cimiento de la estrategia nipona, se había evaporado. Los estadounidenses jugaban con ventaja y empezaron a prepararse para sorprender al enemigo.

Seis minutos que cambiaron la guerra

A las cuatro y media de la madrugada del 4 de junio, el vicealmirante Chuichi Nagumo lanzó el primer ataque contra isla. Al principio los cazas nipones arrasaron con todo, pero la situación cambió cuando Nagumo recibió el aviso de que se habían avistado varios portaviones estadounidenses aproximándose a su posición.

Los aviones que atacaban Midway llevaban bombas convencionales, pero tras el avistamiento se ordenó que cambiaran a carga de torpedos para hacer frente a los buques enemigos. Mientras se hacían los preparativos, los portaaviones Enterprise, Hornet y el milagrosamente reparado Yorktown lanzaron al ataque a sus escuadrones.

Pilotos estadounidenses del USS Enterprise se preparan para despegar en sus bombarderos en picado Douglas SBD Dauntless

Pilotos estadounidenses del USS Enterprise se preparan para despegar en sus bombarderos en picado Douglas SBD Dauntless

Lo que había empezado como un ataque mar-tierra, se convirtió en una batalla aeronaval. Los torpederos estadounidenses Devastator fueron los primeros en atacar, sin apoyo defensivo de los cazas, lo que permitió a los famosos y temidos Zero nipones acribillar las aeronaves estadounidenses. Esto se puede calificar como una catástrofe táctica, pero acabó convirtiéndose en un golpe de suerte táctico que despejó los cielos a los bombarderos en picado Dauntless.

A las 10:22, en una ventana de apenas seis minutos, los bombarderos cayeron sobre los buques japoneses. En minutos, los portaaviones Akagi, Kaga y Soryu quedaron inutilizados y prácticamente destruidos. Horas más tarde, el Hiryu corrió la misma suerte. En un solo día, la Armada Imperial Japonesa perdió cuatro portaaviones y a gran parte de sus militares más experimentados.

Desde la retaguardia, el almirante Isoroku Yamamoto, gran estratega y descendiente de samuráis, vio cómo su elaborada trampa se le había vuelto en contra. Tras el choque inicial, los combates continuaron tres días más, en los que la flota estadounidense del almirante Chester Nimitz defendió el atolón de Midway y frenó la expansión de Japón, recuperando el equilibrio de fuerzas militares en el frente del Pacífico.

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