Faustino Antonio Camazón, tercero por la derecha, con los criptógrafos polacos que trabajaron para el servicio de inteligencia francés
El desconocido equipo español que ayudó a descifrar Enigma, la máquina de códigos de los nazis
La historia de Enigma suele contarse con nombres británicos y polacos. Sin embargo, entre quienes ayudaron a romper el sistema de cifrado nazi también había siete españoles
Muy poca gente sabe que, junto con el equipo formado por el polaco Marian Rejewski y el británico Alan Turing, considerado el padre de la informática, trabajaron siete españoles que tuvieron un papel clave en desentrañar los códigos que los nazis enviaban con Enigma, una máquina de cifrado que los alemanes creían inescrutable.
Al frente de aquel equipo español se encontraba Faustino Antonio Camazón, científico, criptoanalista, polímata y políglota, natural de Valladolid. Según explica la historiadora y colaboradora de El Debate, María Fidalgo, en su pódcast semanal dedicado en esta ocasión a la hazaña de estos españoles, Camazón llegó a ser comisario de policía de la Segunda República y pronto ingresaría en el Servicio de Información Militar (SIM).
Durante la Guerra Civil fue nombrado jefe del servicio de inteligencia, operó en el frente del Ebro y, cuando pasó la frontera, «la Francia tan afín a la República lo recluyó en un campo de concentración», relata la historiadora. Allí fue reclutado por el servicio de inteligencia francés para liderar el llamado Equipo D, un comando integrado por siete exiliados españoles que se uniría al proyecto para desentrañar los secretos del dispositivo que los alemanes usaron durante la Segunda Guerra Mundial para codificar los mensajes con los que coordinaban sus ataques: Enigma.
El anonimato del Equipo D
«Nada se sabía de la participación de criptoanalistas españoles exiliados en el bando aliado durante la Segunda Guerra Mundial», advierte la periodista científica Elvira del Pozo en la revista Alfa. La identidad del científico y de sus compañeros españoles permaneció oculta hasta bien entrado el siglo XXI.
Aunque hubo alguna mención breve de la participación de un grupo de españoles, sin nombres propios ni más detalles de quiénes eran, no fue hasta que el profesor de Física de la Universidad de Granada, Arturo Quirantes, escribió un artículo, en 2002, haciendo eco a un libro en el que se mencionaba brevemente a un español de apellido Camazón como responsable de un equipo de seis españoles que colaboraron con un grupo de polacos que luchaban por descifrar los códigos nazis.
Máquina Enigma a bordo de un Sd.KFz 251 de Heinz Guderian
Ese artículo cayó en manos de Luis Ballarín, sobrino de Camazón, quien recordó las historias que le contaba su tío al volver a España tras el exilio: «Cuando él regresó a España, en 1968, yo tenía 34 años y me acababa de comprar un seiscientos; a mí me fascinaba escuchar a un hombre tan extraordinario, con ese cerebro y esa vida tan fascinantes».
De esta forma, Ballarín supo cómo su tío había sido «jefe del grupo de siete criptoanalistas españoles republicanos que trabajaron con el matemático Marian Rejewski y el criptógrafo Alan Turing durante la Segunda Guerra Mundial para descifrar, entre otras, la máquina de la Alemania nazi. Y que lo consiguieron», recoge Del Pozo en su artículo.
Camazón y su equipo
Natural de Valladolid, Camazón formó parte de los servicios de inteligencia de la Segunda República durante la Guerra Civil española. Terminada la guerra, huyó a Francia en 1939, donde fue recluido en uno de los campos de refugiados del sur del país.
Aunque no está claro cómo Gustave Bertrand, entonces jefe del servicio criptoanalítico francés, llegó a reclutar a Camazón —algunas fuentes sugieren que Faustino era un espía francés—, lo cierto es que él, junto a cinco oficiales y otro policía republicano, «fueron los primeros en llegar» al PC Bruno, el centro de escucha creado por Bertrand, según cuenta Paz Jiménez, profesora de teoría de las permutaciones en la Universidad de Zaragoza, las matemáticas que se esconden tras la criptografía de Enigma.
Ficha de Faustino Camazón
A estos siete españoles se les unieron quince integrantes del servicio de criptoanalistas de Polonia, huidos tras la invasión nazi del país, según explica Del Pozo. Polonia «creía prioritario conocer las comunicaciones» entre Alemania y los países del Eje. El Equipo D se dedicó «principalmente a romper códigos manuales de comunicaciones españolas e italianas, codificadas con la máquina Enigma comercial que les vendió Hitler y que era más sencilla que la versión militar alemana», explica la periodista científica.
Gracias al trabajo combinado entre españoles, franceses y polacos, el PC Bruno «acabó convirtiéndose en la vanguardia de la inteligencia militar francesa durante la guerra y consiguió descifrar, junto con la sede inglesa de Bletchley Park, donde trabajaba Alan Turing, mensajes emitidos por las potencias del Eje (Alemania, Japón e Italia) y por países afines», continúa Del Pozo.
Según Manuel Vázquez, matemático de la Universidad de Zaragoza especializado en criptografía, los dos centros de escucha, a uno y otro lado del canal de la Mancha, «estaban en contacto y se repartían el trabajo en un porcentaje de 80-20 entre ingleses y franceses». Sería en enero de 1940 cuando se cree que Turing podría haber conocido a Camazón al visitar al equipo de Francia.
Trabajar entre barcos de pescadores
Tras la entrada de Hitler en París en junio de 1940, el grupo de criptoanalistas tuvo que ser evacuado a la zona no ocupada. El nuevo puesto duraría dos años más, hasta la invasión definitiva de las tropas italianas y alemanas. El equipo de Bertrand se dividió y, mientras que los polacos se dispersaron, un pequeño grupo se trasladó a Argelia para continuar con su trabajo.
«En Argel se camuflaron en un almacén de pescadores y trabajaban entre los barcos», según relata Ballarín. Su tío le contó que en varias ocasiones las tropas alemanas que habían llegado hasta el norte de África registraron su escondite; sin embargo, «nunca les cogieron porque les daban el chivatazo antes y salían sin ser vistos por la puerta trasera», asegura el sobrino de Camazón.
En 1943 el Equipo D regresó a Europa junto con las tropas aliadas, a las que se unieron hasta el final de la guerra. Según el testimonio de su sobrino, esto le permitió a Camazón acompañar a los soldados en la liberación de los campos de concentración nazis: «Entonces pudo ver el horror del exterminio judío que tantas veces había leído en los mensajes que interceptaban», comentó Ballarín.
Al terminar la guerra, Camazón trabajó en el Ministerio de Asuntos Exteriores francés y en los años sesenta regresó a España. Pese a la importancia de su trabajo, la contribución de Camazón y de sus compañeros españoles quedó durante décadas en la sombra. Trabajos como el del profesor Quirantes y, más recientemente, el documental de Jorge Laplace Equipo D. Los códigos olvidados han devuelto el protagonismo que se merecen.
«La reivindicación última de la película es recordar que la labor que hizo este grupo como parte de los servicios secretos franceses salvó cientos de miles de vidas y acortó la II Guerra Mundial», aseguró Laplace. Una historia que, más de ochenta años después, empieza por fin a salir del olvido.