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Así fue derrocada, hace 80 años, la Monarquía italiana

80 años

El referéndum que acabó con la Monarquía italiana: «Fue un voto en contra de Víctor Manuel III»

El historiador Gianni Oliva repasa para El Debate las circunstancias de la proclamación de la República

Muy inestable seguía estando Italia tras la caída de Benito Mussolini el 25 de julio de 1943 y la posterior invasión del país por parte de la Alemania hitleriana. Una invasión inevitable desde que las nuevas autoridades del país, encabezadas por el mariscal Pietro Badoglio, firmasen el 8 de septiembre un armisticio con los Aliados.

Con la mayor parte del país convertido en campo de batalla, los partidos tradicionalmente antifascistas —principalmente la Democracia Cristiana, el Partido Comunista y el Partido Socialista—, bajo supervisión aliada, se comprometieron, mediante la conocida como la svolta di Salerno, a unirse hasta la liberación total de Italia. Esto significaba, aunque este punto fue acordado algo después, aplazar la cuestión institucional, es decir, si Italia debería optar por la República o seguir siendo una monarquía bajo la batuta de la Casa de Saboya, desprestigiada por su larga colaboración con el fascismo.

Humberto conversando con Benito Mussolini en los Alpes franceses durante la invasión italiana de Francia , junio de 1940

De momento, los partidos tenían, pues, que contar con Humberto de Saboya, príncipe de Piamonte y lugarteniente del Reino desde el 5 de junio de 1944. Su padre, el Rey Víctor Manuel III, pese a haber forzado la renuncia de Mussolini, también era el que había facilitado su llegada al poder en 1922 y aprobado sus decisiones más controvertidas, como la guerra de Etiopía, las leyes raciales —antijudías— y, por supuesto, la entrada en la Segunda Guerra Mundial.

De ahí que su reputación entre los partidos antifascistas estuviera devastada. Por lo tanto, ceder sus prerrogativas a su hijo mayor se había tornado en un imperativo para salvar, si aún se podía, la Corona. Aquí anida uno de los debates persistentes de la historiografía italiana contemporánea: ¿debería haber abdicado plenamente el Rey en 1944?

Humberto emitiendo su voto en el referéndum institucional italiano de 1946

Sea como fuere, el aún príncipe de Piamonte se vio obligado a convocar el 18 de marzo de 1946 el «referéndum institucional» entre Monarquía y República. Citado por Gigi Speroni en su biografía sobre Humberto, Edgardo Sogno, héroe de guerra y monárquico acérrimo, afirmó: «Esa firma [a la convocatoria] fue un error, Humberto tenía que haber resistido; en cambio, condenó a la Monarquía al aceptar someterla al juicio popular en un momento difícil y en las condiciones en que se encontraba el país, que todavía no estaba unido, privado del Trentino-Alto Adigio y la Venecia Julia».

Mas el príncipe lugarteniente ya había dejado claro —era octubre de 1944— en declaraciones a The New York Times que «la elección entre Monarquía o República no debería depender del voto de la Asamblea Constituyente, sino del éxito de una consulta popular». Con todo, hubo dos signos anunciadores que confirmaban las inquietudes de Sogno.

El primero se produjo con motivo de la toma de posesión de los ministros del Gobierno de Salerno: no juraron fidelidad «al Rey y sus reales sucesores», comprometiéndose a «no llevar a cabo hasta que se convoque la Asamblea Constituyente actos que prejuzguen la cuestión institucional».

El segundo, más preocupante, fueron los resultados de las elecciones municipales de la primavera de 1946: 2.271 municipios para el Partido Comunista, 2.000 para la Democracia Cristiana —cuyos dirigentes eran mayoritariamente republicanos, pese a dejar libertad de voto a los afiliados— y solo 99 para los liberales, partidarios de los Saboya.

Fue en este escenario en el que, el 9 de mayo de 1946, por fin, Víctor Manuel III abdicó en su hijo, que reinaría 35 días bajo el nombre de Humberto II. «Si se hubiera apartado un año antes, quizá el resultado del referéndum habría sido diferente, porque el príncipe Humberto era una figura cercana y popular, a diferencia de su padre», explica a El Debate el historiador Gianni Oliva, autor de varios libros sobre los Saboya, entre ellos una biografía del último Rey.

Como la celebración del referéndum estaba prevista para los días 2 y 3 de junio, el nuevo Soberano apenas pudo promulgar el Estatuto de Autonomía de Sicilia, que aún está vigente. El resto del tiempo, Humberto II recorrió la geografía italiana de cabo a rabo, siendo desigualmente recibido: con fervor en Cerdeña, Sicilia y Nápoles; más fríamente en el norte del país, con insultos y abucheos en Génova.

Los primeros resultados llegaron el 4 de junio. «Procedían del sur, donde no había habido ni ocupación alemana ni guerra civil», precisa el profesor Oliva, «y eran ampliamente favorables a la monarquía, hasta tal punto que algunos periódicos del sur anunciaron su victoria la mañana del día 5; sin embargo, a lo largo del día llegaron los resultados del centro-norte y la situación dio un vuelco. De ahí el malestar, las tensiones y las manifestaciones [las más violentas se produjeron en Nápoles], acompañadas de las consiguientes acusaciones».

El vuelco dio pie a acusaciones de fraude, que Oliva desmiente. «Como dijo y escribió Luigi Barzini Jr., amigo personal de Humberto II y uno de los periodistas más destacados de la época, hubo 'errores' por ambas partes, pero no 'fraudes'. Italia acababa de salir de la guerra y reinaba la confusión: la reina María José [esposa de Humberto II, nacida princesa de Bélgica], por ejemplo, recibió dos certificados electorales».

El rey Víctor Manuel III de Italia preside la ceremonia, flanqueado por su hijo, el príncipe heredero Humberto

Oliva también rebate el argumento, muy difundido en los 50, según el cual la no participación de los prisioneros de guerra —eran cientos de miles— perjudicó a la Monarquía. «La votación, repito, fue regular». Además, «dudo que los prisioneros de guerra hubieran votado a favor de la Monarquía: más que un voto republicano, se trató de un voto 'en contra' de Víctor Manuel III, de su alianza con la Alemania de Hitler, de su complicidad con Mussolini hasta el 25 de julio de 1943 y de la gestión desastrosa del armisticio. Quienes más sufrieron —el centro-norte ocupado por los alemanes y por la República Social— votaron a favor de la república: en cualquier caso, no fueron solo los prisioneros de guerra que aún no habían regresado los que no votaron; toda la provincia de Trieste, ocupada por los británicos al final de la guerra, tampoco votó».

El 10 de junio, la Corte de Casación —máxima jurisdicción italiana— proclamó los primeros —luego serían definitivos— resultados: 12.718.641 votos a favor de la República, 10.718.502 a favor de la Monarquía. Durante tres días aumentó la tensión, con cruces de acusaciones entre Humberto II y Alcide De Gasperi.

El Rey Humberto acude a votar el 2 de junio de 1946 en el referéndum institucional

El 13, a media tarde, el Rey abandonó para siempre el Palacio del Quirinal, no sin antes haber dispensado a los guardias reales del juramento de fidelidad hacia su persona, y se dirigió al aeropuerto de Ciampino, desde donde tomó un vuelo hacia Portugal, país en el que vivió hasta su muerte en 1983. Antes del despegue, dirigió una última mirada, muy melancólica, hacia la tierra italiana.

Dejaba un país dividido. Los nuevos gobernantes lo sabían. Como señala Oliva, «De Gasperi y los demás líderes de la época gestionaron la situación junto con la Comisión Aliada de Control: Italia era formalmente independiente, pero eran los ingleses y los estadounidenses quienes marcaban la agenda. Los políticos republicanos italianos tuvieron un mérito: al tomar nota de la división del país —12 millones a favor de la República, 10 a favor de la Monarquía—, nombraron jefe provisional del Estado a un monárquico, el abogado napolitano Enrico De Nicola; y dos años después, cuando el Parlamento votó al primer presidente de la República, fue elegido otro monárquico, Luigi Einaudi». Con el tiempo, la República se ha consolidado.