Batalla naval del 25 de mayo de 1641, protagonizada por la escuadra del Mar Océano al mando de Francisco Díaz Pimienta

El almirante español que arrebató a los ingleses una isla clave del Caribe

Su vida de marino llevó a Francisco Díaz Pimienta de Flandes a la América española. Participó, cuando se vio obligado, en batallas en una época en la que la Monarquía Hispánica dominaba el mundo por el mar

A finales del siglo XVI, la isla de La Palma no ofrecía muchas posibilidades de gloria ni de fortuna, por lo que un joven llamado Francisco Díaz Pimienta se marchó a Garachico, entonces un puerto con mucha más actividad. Era un muchacho que siempre vivió cerca del mar, hijo de un capitán y con vocación marinera.

Cuando su padre murió, alrededor de 1610, nada lo retuvo en Canarias y se alistó en la Armada, en Cartagena. Las noticias de la gran batalla de Lepanto seguramente influyeron en su ánimo. Su vida de marino lo llevó de Flandes a la América española. Participó, cuando se vio obligado, en batallas en una época en la que la Monarquía Hispánica dominaba el mundo por el mar.

Después fue destinado a América para combatir a los filibusteros que atacaban las armadas y los puertos. Tuvo que servir en La Habana y Santo Domingo, luchar en la isla de la Tortuga y en la de San Martín, donde acudió una gran flota con varios almirantes y naves de todo tipo. Se enfrentó a holandeses e ingleses y persiguió a los piratas del Caribe.

Pero el hecho más relevante es el de la conquista de la isla de Santa Catalina. Corría el año 1641 y Díaz Pimienta se encontraba en La Habana. Los británicos, provenientes de Virginia, habían tomado las islas de Santa Catalina y Engracia y habían creado en 1631 una colonia promovida por una compañía que trasladó colonos puritanos para que poblaran las islas.

Habían estado deshabitadas, pero eran una posición estratégica para el control del tráfico marítimo, próximas a Cartagena de Indias y Portobelo. Habían sido nido de piratas, pero ahora estaba en peligro la soberanía hispana. Entre los malos resultados de los cultivos, que llevaron a los colonos a sentirse engañados, y una rebelión de esclavos, las cosas andaban revueltas y los españoles decidieron intervenir.

En esos años, las flotas españolas eran poderosas y podían enfrentarse a los enemigos extranjeros, por lo que la escuadra de la Mar Océana, a cuyo mando estaba Díaz Pimienta, puso rumbo a esos lugares para reconquistarlas.

José Wangemert y Poggio lo cuenta en el libro que dedicó al personaje: El almirante don Francisco Díaz Pimienta y su época (Madrid, 1905). Tener ocupada una parte del territorio era una afrenta insoportable. Además, servía de base a las naves que atacaban a los españoles. Los ingleses eran pocos, pero habían fortificado muy bien la isla. La expedición llevaba al mando de la infantería a Antonio Maldonado y partió de Cartagena de Indias en 1641.

Francisco Díaz Pimienta

Maldonado había fracasado unos meses antes en un empeño igual. En ese año, Portugal todavía no se había separado de España y había barcos de ambos países. Díaz Pimienta, un hombre importante en la Administración y en la sociedad americana, fue el elegido. Era almirante, pero también fabricante de barcos y negociante. Su misión era trascendental por varias razones: seguridad en la zona, castigo a los que desconocieron el dominio español y firmeza en la autoridad.

Se cuentan los sucesos en un opúsculo de seis páginas publicado seguramente en 1642: Relación del suceso que tuvo Francisco Diaz Pimienta, general de la Real Armada de las Indias en Santa Catalina: dase cuenta como la tomó a los enemigos que la poseían, echándolos della, y de la estimación de los despojos, y numero de los prisioneros.

El almirante, que regresaba de una estancia en España, sabía que la isla estaba defendida por unas cuarenta piezas de artillería y unos mil hombres en aquel momento. Sabía también que no podía atacar en invierno, por lo que esperó hasta el mes de mayo. Llegaron a la vista de las islas el 7 de aquel mes, pero hasta el 17 no se acercaron a los arrecifes por el poco viento.

Su estrategia fue clásica: elegir el mejor momento y desembarcar la infantería en el lugar más adecuado mientras castigaba las defensas artilladas con el fuego de sus barcos. El almirante no se limitó a ordenar desde la nao capitana, sino que embarcó en una chalupa y se puso al frente de sus hombres.

La batalla fue dura: «Largaron velas todas las chalupas y pataches tan felizmente que, sin hacer caso de tanta artillería como de tantas fortificaciones y baluartes, disparaban, que parecía la isla un infierno». El viento era fuerte y desarbolaba las pequeñas embarcaciones de desembarco.

Pero lo consiguieron con tanta rapidez que los británicos no tuvieron tiempo de organizar una segunda descarga. Los españoles cavaron trincheras para frenar el contraataque. Al cabo de unas horas —la batalla empezó a las siete y terminó a las tres—, los ingleses izaron bandera blanca en el castillo y enviaron a parlamentar a dos frailes dominicos que tenían presos.

El 25 de mayo, Díaz Pimienta entró a tomar posesión del castillo rendido y, por ende, de las islas. Por esta acción, Felipe IV le concedió el hábito de la Orden de Santiago. El verdadero significado de la acción estriba en volver a poner bajo la autoridad española un territorio estratégico que garantizara el control de las rutas comerciales.

Díaz Pimienta acabó en Europa como capitán general de Menorca y virrey de Sicilia. Murió en uno de los ataques al Rosellón, durante la revuelta de Els Segadors, en 1652. Años más tarde, en 1671, el Rey otorgó a la viuda el título de vizcondesa de Villareal, que se convirtió en marquesado en 1672.