La comisión mexicana que invita a Maximiliano de Habsburgo a ocupar el trono de México en Miramar por Cesare Dell'Acqua (1867)

La comisión mexicana que invita a Maximiliano de Habsburgo a ocupar el trono de México en Miramar por Cesare Dell'Acqua (1867)

Dinastías y poder

Cuando México tuvo un emperador europeo: la historia del trágico reinado de Maximiliano de Habsburgo

Una década después de la promulgación de la Constitución liberal de 1857, la intervención francesa permitió la llegada de Maximiliano de Habsburgo, quien fue proclamado emperador de México en 1864

Hoy resulta difícil imaginar que la actual República de México, presidida por Claudia Sheinbaum, fuera durante unos años un Imperio gobernado por una de las dinastías mas poderosas de Europa. Sin embargo, entre 1864 y 1867, el archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota de Bélgica ocuparon el trono mexicano en un experimento político impulsado por Francia que tampoco tendría un final feliz.

Tras la independencia de México en 1821, el país entró en una larga etapa de inestabilidad política, marcada por constantes cambios de gobierno, enfrentamientos entre liberales y conservadores, y continuas crisis económicas.

En este tiempo perdió Texas y tras la guerra con los nacientes Estados Unidos cedió una gran parte de su territorio. Una década después de la promulgación de la Constitución liberal de 1857, la intervención francesa permitió la llegada de Maximiliano de Habsburgo, quien fue proclamado emperador de México en 1864.

Eran días de intervencionismo exterior en los que Napoleón III aspiraba a la expansión de Francia y trataba de consolidar su influencia tanto en Europa como en América. Mientras apoyaba las políticas unificadoras de la dinastía de los Saboya en Italia, el emperador de los franceses vio en México la oportunidad de levantar un gran Imperio católico que frenara el avance de Estados Unidos sobre el continente.

Napoleón III

Napoleón III

El país norteamericano acababa de atravesar una devastadora guerra civil, mientras México seguía dividido por los continuos enfrentamientos entre liberales y conservadores. Napoleón III se convirtió en el principal impulsor de esta empresa, respaldado por el rey Leopoldo I de Bélgica, cuya hija Carlota tendría posibilidades en convertirse en emperatriz.

Con este objetivo, una Asamblea de Notables mexicanos, integrada mayoritariamente por sectores conservadores favorables a la monarquía, viajó hasta Trieste –entonces parte del Imperio austrohúngaro– para ofrecer la corona de México al archiduque Maximiliano de Habsburgo, hermano del Emperador Francisco José y cuñado de la inmortal Sissí.

Tras ciertas dudas iniciales y animado por Napoleón, aceptó el ofrecimiento. El 28 de mayo de 1864, los nuevos monarcas llegaban al puerto de Veracruz. Lo hicieron acompañados de una copiosa comitiva de aristócratas, militares y funcionarios europeos que nunca terminó de encajar con el carácter autóctono.

Llegada de Maximiliano y Carlota al puerto de Veracruz

Llegada de Maximiliano y Carlota al puerto de VeracruzPicasa / Wikimedia Commons

Aunque contaban con el respaldo de buena parte de los conservadores mexicanos y con la protección del ejército francés, parte del país continuaba reconociendo como presidente a Benito Juárez, quien trataba de mantener vivo el gobierno republicano desde diferentes puntos del país.

Los nuevos emperadores se instalaron en el Castillo de Chapultepec y trataron de imponer cierto carácter reformista a su reinado. Maximiliano promovió mejoras en las condiciones laborales, limitó los castigos corporales, protegió determinadas comunidades indígenas y favoreció proyectos urbanísticos, científicos y culturales.

También mostró interés por la conservación del patrimonio histórico mexicano y por el desarrollo de las infraestructuras. Algunas de esas medidas tenían un marcado carácter liberal lo que supuso cierto desconcierto entre los que le habían aupado al poder.

Pero el Imperio dependía casi por completo del respaldo militar y económico francés. Mientras tanto, Benito Juárez continuaba organizando la resistencia republicana, pues sabía que el proyecto monárquico no sobreviviría sin el apoyo extranjero.

Fue el contexto internacional lo que terminó por decidir el desenlace. La Guerra de Secesión estadounidense había concluido en 1865 y Washington volvió a dirigir su atención hacia México, reclamando la retirada de las tropas francesas en aplicación de la Doctrina Monroe. Mientras tanto, Napoleón III comenzaba a percibir ciertas amenazas en Europa e inició una retirada progresiva de sus soldados. Maximiliano se quedaba prácticamente solo.

Carlota embarcó en 1867 rumbo a Europa, para insistir en la necesidad de auxilio. En esos días Austria había perdido en Sadowa su hegemonía en la Confederación Germánica y Prusia soñaba con el dominio de toda Europa.

La atención de Viena estaba ya centrada en su propia supervivencia política por lo que el destino de Maximiliano dejó de ser una prioridad para sus familiares Habsburgo. Carlota recorrió las principales cortes del continente tratando de convencer a los antiguos aliados de que sostuvieran el Imperio mexicano.

El fusilamiento de Maximiliano I, por Édouard Manet

El fusilamiento de Maximiliano I, por Édouard Manet

La Emperatriz se entrevistó en Saint-Cloud con Napoleón III. Pero nada consiguió. También lo hizo con el Papa Pío IX, en un intento desesperado de lograr respaldo. Mientras tanto en México, Maximiliano decidió permanecer junto a los pocos soldados que aún le eran fieles.

Cercado por las tropas republicanas en Querétaro, fue capturado tras la caída de la ciudad. Pese a las peticiones de clemencia de muchas casas reales europeas e incluso de personalidades como Víctor Hugo (una carta a Juárez en la que expresa su oposición a la pena de muerte) o Garibaldi, el 19 de junio de 1867 Maximiliano era fusilado.

En el Cerro de las Campanas. Junto a generales Miguel Miramón y Tomás Mejía. Con este asesinato desaparecía el II Imperio Mexicano y la república quedaba restaurada bajo el liderazgo de Juárez. Atrás quedaba el que había sido el último gran proyecto colonial de Francia.

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