Caricatura política de Victor Gillam de 1896 que representa al Tío Sam de pie con un rifle entre los europeos y los hispanoamericanos
Qué fue la Doctrina Monroe y cómo EE.UU. la usó para imponer su hegemonía en América
Esta política se convirtió en el argumento central para más de un siglo de intervenciones de Washington en Hispanoamérica. Desde Polk hasta Trump, la historia de una idea que marcó el destino del continente
«La Doctrina Monroe es muy importante, pero nos hemos olvidado de ella», advirtió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su comparecencia ante los medios el 3 de enero para informar de la captura de Nicolás Maduro. Esta doctrina, que surgió en 1823, pretendía impedir que las potencias europeas volviesen a colonizar o intervenir en los asuntos de la recién independizada Hispanoamérica.
Este principio no solo buscaba proteger los intereses económicos y políticos de Estados Unidos en la región, sino impulsar su papel como potencia indiscutible en América, estableciéndose el lema «América para los americanos».
Pero lo que empezó como una política de defensa pronto se convirtió en una justificación para el intervencionismo del país norteamericano en la región, muchas veces referida como el «patio trasero» de Washington.
Los inicios de la doctrina
El entonces presidente James Monroe y su secretario de Estado, John Quincy Adams, formularon este planteamiento en un momento en el que Estados Unidos buscaba asegurar su influencia en todo el continente americano con el apoyo de Gran Bretaña y su poderío naval, que también quería evitar el retorno de otras potencias europeas al continente americano.
Así, la doctrina fue expuesta ante el Congreso de Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823, donde se destacaron tres puntos clave: el primero, que Estados Unidos no interferiría en asuntos internos europeos ni en conflictos en las colonias y dependencias existentes en el hemisferio occidental (al oeste del meridiano de Greenwich y que incluye principalmente al continente americano); el segundo, que ese hemisferio quedaba exento de futuras colonizaciones; y el tercero, que cualquier intento ofensivo por parte de una potencia europea contra el hemisferio occidental se consideraría una amenaza contra Estados Unidos.
En un primer momento, las naciones recién independizadas del sur recibieron bien la doctrina Monroe, pues proyectaba un sentido de protección. Por ejemplo, según recoge la BBC, Simón Bolívar declaró en 1824 que tanto Inglaterra como Estados Unidos les «protegían».
Del mismo modo, el vicepresidente colombiano Francisco de Paula Santander aseguró que contarían con aliados «en caso de que su independencia y libertad fueran amenazadas por las potencias aliadas». Por su parte, Chile y Argentina también expresaron su gratitud. Y en México, el canciller Lucas Alamán buscaba que EE. UU. facilitara recursos de todo tipo «para el sostén de la independencia y de la libertad», según indica el medio.
Una doctrina expansionista
Desde su adopción, la doctrina ha sufrido numerosas modificaciones. James K. Polk sería el primer presidente en interpretarla como una política de expansión. Más tarde, Rutherford B. Hayes declararía a Centroamérica y el Caribe como «región de influencia exclusiva de EE. UU.». Durante su mandato, era clave el control de Nicaragua y Panamá como pasos estratégicos para el comercio entre el Pacífico y el Atlántico.
Pero uno de los momentos clave de esta doctrina como política expansionista fue en 1898, cuando Estados Unidos utilizó esta política para justificar su intervención a favor de las independencias de Cuba y Puerto Rico, colocando a las islas caribeñas bajo su tutela.
Caricatura política que representa a Theodore Roosevelt utilizando la Doctrina Monroe para mantener a las potencias europeas fuera de la República Dominicana.
Con el presidente Theodore Roosevelt se estableció una nueva enmienda o corolario a la Doctrina Monroe: ahora Estados Unidos podía intervenir en los asuntos internos de una nación hispanoamericana si esta cometía alguna «irregularidad flagrante y crónica». De este modo, tras abrirse paso como potencia mundial, Estados Unidos se erigía como «el policía americano con el pretexto de resguardar el continente», según señaló el historiador Veremundo Carrillo, especialista en relaciones panamericanas del Colegio de México, a la BBC.
Desde entonces, Estados Unidos intervendría una treintena de veces en los países de América del Sur. Durante las dos guerras mundiales, ejerció un mayor control del continente para evitar la influencia de las potencias enemigas. Estas intervenciones se intensificaron durante la Guerra Fría, periodo en el que los diferentes presidentes norteamericanos «invocaron el peligro comunista» para justificar sus acciones en Hispanoamérica.
«Se habla de muchas doctrinas: la de Truman, Kennedy, Johnson. Pero desde una lectura más panorámica, todas son reinterpretaciones de la Doctrina Monroe», aseguró Carrillo en el medio británico.
Ahora, más de dos siglos después de su implementación, Donald Trump vuelve a rescatar esta doctrina «tras años de abandono», al incluirla en su Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América: «El dominio de EE. UU. en el hemisferio occidental nunca más será puesto en cuestión», aseveró en la rueda de prensa de este sábado.