La última monarca del Reino de Hawái, Liliʻuokalani, ascendió al trono en 1891, tras la muerte de su hermano, el rey Kalākaua. Durante su breve reinado, intentó promulgar una nueva Constitución que devolviera el poder a la monarquía y al pueblo nativo, en respuesta al creciente control político y económico de empresarios estadounidenses y europeos residentes en la isla.
Sin embargo, en enero de 1893, fue derrocada por un grupo de empresarios y colonos estadounidenses, con el respaldo de marines de Estados Unidos. Se estableció un gobierno provisional con la intención de anexionar Hawái al territorio estadounidense. Liliʻuokalani fue arrestada y encerrada en el Palacio ʻIolani, acusada de traición. Fue juzgada por un tribunal militar y condenada a cinco años de trabajos forzados y una multa de 5.000 dólares, aunque la pena nunca se ejecutó en esos términos, sino que permaneció bajo arresto domiciliario durante ocho meses y abdicó formalmente en favor de la república.