Santo Domingo

Santo Domingo, la ciudad fundada por Bartolomé Colón desde la que España comenzó a organizar América

Marcó el momento en que la Monarquía Hispánica dejó de limitarse a explorar un continente desconocido para comenzar a organizarlo, gobernarlo y poblarlo. Allí empezó un modelo político y administrativo que acabaría extendiéndose desde California hasta la Patagonia

Cada año, cientos de miles de españoles viajan a la República Dominicana atraídos por sus playas de arena blanca, las aguas turquesas del Caribe y el clima tropical, casi siempre en complejos turísticos con todo incluido, lo que implica, en la mayoría de los casos, no salir a recorrer una de las ciudades más bellas del Caribe y perderse por las calles empedradas de la Zona Colonial de Santo Domingo.

Y, sin embargo, allí ocurrió algo que cambió para siempre la historia de América y, desde luego, la de España. Es necesario recordar nuestra gran historia en un continente hermano que sigue estando muy vigente en nuestros días.

El 5 de agosto de 1496, Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal Colón, fundó la ciudad de Santo Domingo, considerada el primer asentamiento europeo permanente del Nuevo Mundo. Aquella fundación no fue únicamente el nacimiento de una ciudad.

Marcó el momento en que la Monarquía Hispánica dejó de limitarse a explorar un continente desconocido para comenzar a organizarlo, gobernarlo y poblarlo. Allí empezó un modelo político y administrativo que acabaría extendiéndose desde California hasta la Patagonia.

Hoy apenas se recuerda el nombre de Bartolomé Colón. La fama de su hermano ha eclipsado durante siglos a quien desempeñó un papel decisivo en los primeros años de la presencia española en América. Sin embargo, sin él, probablemente la historia del continente habría sido muy distinta.

El hermano menos conocido de Cristóbal Colón

Cuando Cristóbal Colón emprendió sus viajes al otro lado del Atlántico, no lo hizo solo. Sus hermanos Diego y Bartolomé participaron activamente en la empresa colombina y desempeñaron funciones esenciales en la organización de los nuevos territorios.

Bartolomé no era un simple explorador. La Corona le otorgó el título de adelantado, una institución profundamente castellana cuyos orígenes se remontaban a la Reconquista. Hoy el término apenas dice nada al gran público, pero durante siglos un adelantado representó una de las figuras de mayor responsabilidad dentro de la Administración de la Corona. El rey le confiaba amplios poderes para actuar en su nombre en territorios recién incorporados. Era gobernador, jefe militar, juez y responsable de la organización civil al mismo tiempo.

Bartolomé Colón

Su misión no consistía únicamente en conquistar un territorio. De hecho, una vez terminaban los enfrentamientos, comenzaba el trabajo verdaderamente complejo: fundar ciudades, repartir tierras, abrir caminos, garantizar el abastecimiento, administrar justicia, organizar el gobierno local y atraer población capaz de convertir un asentamiento provisional en una comunidad estable.

Recordemos que España nunca tuvo colonias, sino virreinatos que había que administrar a imagen y semejanza de la vieja Castilla. Una gesta pocas veces igualada. En otras palabras, un adelantado no solo debía ganar un territorio; tenía que hacerlo habitable.

Mucho más que soldados

Existe una imagen muy extendida según la cual los primeros españoles que llegaron a América eran únicamente soldados en busca de oro. La realidad fue bastante más compleja. Para levantar una ciudad no bastaban las armas. Hacían falta personas capaces de construir una sociedad. Junto a los expedicionarios viajaban albañiles, canteros, carpinteros, herreros, agricultores, marineros, comerciantes, escribanos, médicos, religiosos y artesanos.

Eran los primeros colonos, un término que hoy suele asociarse exclusivamente a la ocupación de un territorio, pero que, a finales del siglo XV, describía, sobre todo, a quienes iban a poblar y desarrollar un nuevo asentamiento. Porque un ejército puede conquistar una plaza, pero solo una sociedad puede levantar una ciudad. Y esa fue precisamente la diferencia entre una expedición y un proyecto de larga duración.

Una ciudad para quedarse

Los primeros asentamientos españoles en el Caribe fueron extraordinariamente frágiles. La Navidad, fundada por Cristóbal Colón durante su primer viaje, desapareció en pocos meses. También La Isabela, levantada en 1493, sufrió enormes dificultades. Bartolomé Colón comprendió pronto que era necesario buscar un lugar mejor comunicado y con mayores posibilidades de crecimiento.

Eligió la desembocadura del río Ozama, un enclave privilegiado por su puerto natural y su posición estratégica. Allí nació Santo Domingo. Lo que comenzó siendo un pequeño núcleo de población pronto empezó a adquirir todos los elementos propios de una ciudad castellana. Se trazaron calles, se levantaron viviendas, se organizaron espacios públicos y comenzaron a instalarse las instituciones que harían posible la vida cotidiana. Aquello ya no era un campamento; era una ciudad.

La capital desde la que se gobernó un continente

Con el paso de los años, Santo Domingo se convirtió en el auténtico laboratorio institucional de la América española. Desde allí se ensayaron muchas de las estructuras políticas y administrativas que posteriormente se implantarían en el resto del continente. En Santo Domingo se estableció la Real Audiencia, el máximo tribunal de justicia del territorio, antecedente de las audiencias que después se crearían en México, Lima, Guatemala o Bogotá.

También acogió la primera catedral permanente de América, hospitales, conventos y uno de los primeros centros universitarios del continente, reflejo de la voluntad de dotar al nuevo territorio de instituciones semejantes a las existentes en Castilla.

Su puerto se convirtió en el principal punto de conexión entre Europa y el continente americano durante las primeras décadas del siglo XVI. Desde allí partieron expediciones hacia Cuba, Puerto Rico, Jamaica, México, Centroamérica y Tierra Firme. En buena medida, antes de que existieran las grandes capitales virreinales, Santo Domingo fue la capital de la América española.

Construir un Estado

Uno de los aspectos menos conocidos de la expansión española en América es que, desde muy pronto, la Corona intentó trasladar al otro lado del Atlántico buena parte de sus instituciones. Cabildos, escribanos, tribunales, parroquias, hospitales, universidades, mercados o sistemas fiscales no aparecieron décadas después de la conquista.

Comenzaron a desarrollarse prácticamente desde el inicio. Esto no significa que el proceso estuviera exento de conflictos, abusos o errores. Sería absurdo sostenerlo, pero tampoco responde a la realidad presentar la presencia española exclusivamente como una sucesión de campañas militares.

Embarque de Colón por Bobadilla por Armando MenocalMuseo Nacional de Bellas Artes (Cuba)

La fundación de Santo Domingo demuestra que existía un proyecto político mucho más amplio: crear ciudades capaces de sostener una administración permanente. Ese fue uno de los rasgos que distinguió la expansión de la Monarquía Hispánica. Mientras otras potencias europeas levantaban principalmente factorías comerciales destinadas al intercambio de mercancías, España impulsó desde fechas muy tempranas un modelo basado en la fundación de ciudades, la implantación de instituciones y el asentamiento de población.

Una ciudad Patrimonio de la Humanidad

Más de cinco siglos después, buena parte de aquel legado sigue en pie. La Zona Colonial de Santo Domingo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, conserva calles, iglesias, edificios civiles y fortalezas que recuerdan los primeros años de presencia europea en América.

Quien pasea hoy por la calle Las Damas, visita el Alcázar de Diego Colón o contempla la Catedral Primada de América está recorriendo el escenario donde comenzó a organizarse buena parte del continente. Paradójicamente, millones de turistas visitan cada año la República Dominicana sin llegar a descubrir que, muy cerca de los complejos hoteleros, se encuentra una de las ciudades más importantes de la historia de Occidente.

La fundación de Santo Domingo no fue únicamente una efeméride más del calendario. Representó el paso de la exploración al gobierno; del descubrimiento a la organización; del viaje a la permanencia. Aquella pequeña ciudad fundada por Bartolomé Colón en 1496 terminó convirtiéndose en el modelo sobre el que se levantarían centenares de ciudades americanas durante los siglos siguientes. Quizá por eso su historia merece ser recordada. Porque allí, junto a las aguas del río Ozama, no solo nació una ciudad; comenzó a tomar forma una de las mayores empresas de construcción política y urbana de la Edad Moderna.

Y, aunque el nombre de Bartolomé Colón haya quedado eclipsado por el de su hermano, fue él quien comprendió que los territorios no se consolidan únicamente con expediciones, sino con instituciones, vecinos y ciudades. En definitiva, con aquello que convierte un espacio recién descubierto en un lugar capaz de perdurar durante siglos.