Estatua del emperador Tito situada en el Museo del LouvreSailko/Wikimedia Commons

Tito, el emperador que reconstruyó Roma tras la erupción del Vesubio y el incendio de la capital

El emperador se involucró personalmente en las reparaciones de las zonas dañadas. Fue durante una visita a la zona en el año 80 que la ciudad de Roma sufrió un aparatoso incendio que se prolongó durante tres días

Tito nació en la ciudad de Roma el 30 de diciembre del año 39 siendo emperador Calígula. Su padre fue Tito Flavio Vespasiano, un importante estratega y militar romano que en el año 69 se convertiría en emperador del imperio tras la ejecución de Vitelio, poniendo así fin a un año de revueltas civiles conocido como el año de los cuatro emperadores e instaurando así a la dinastía Flavia en el poder.

Por otra parte, su madre fue Domitila la Mayor, proveniente de Ferentium, que falleció antes de que su marido ascendiera al poder. Tito fue el hijo mayor de los tres que nacieron de este matrimonio. En torno al año 45 nació su hermana Domitila la Menor y en el año 51 nació su hermano Tito Flavio Domiciano, que tras su muerte en el año 81 se convertiría en el tercer y último emperador de la dinastía Flavia.

Tito se crio junto a Británico, hijo del emperador Claudio, con quien desarrolló una estrecha amistad. Según los relatos de Suetonio, se cree que Tito bebió del mismo veneno que mató a Británico, provocándole una molesta enfermedad. Aunque se conoce poco de su juventud, el autor de Vida de los doce césares advierte que el joven Tito destacaba en todos los ámbitos.

Se dice que era diestro con las armas a la vez que un gran estratega. Era también, como señala Suetonio, una persona culta y un ávido escritor: «He sabido también, por algunos, que se había acostumbrado a escribir con rapidez, hasta el punto de competirse algunas veces en velocidad con los más hábiles secretarios. Sabía, asimismo, imitar todas las firmas, por cuya razón decía que podía haber sido excelente falsificador», recoge el historiador romano.

Después de su tiempo en Roma como cuestor Tito volvió a dedicarse a su carrera militar, por la que fue destinado a oriente a socavar una rebelión judía, en la región de Judea, donde se unió a su padre en sus campañas. Esta contienda es conocida como la primera guerra judeo-romana y se desempeñó entre los años 66 y 73.

Tras la muerte de Nerón en el 68 y el inmediato nombramiento de Galba como emperador, Tito fue enviado por su padre de vuelta a la capital a presentar sus respetos al nuevo gobernante.

En su camino de regreso recibió noticias de la muerte de Galba y el ascenso de Otón, así como de la marcha de Vitelio, por lo que decidió regresar al lado de su padre. Fue en este momento cuando sus legiones nombraron a Vespasiano emperador y este marchó sobre Roma, dejando a Tito al mando de las tropas y encargándole que pusiera fin a la rebelión judía. Vespasiano logró hacerse con el poder rápidamente gracias al apoyo de Marco Antonio Primo y el posterior apoyo de los antiguos partidarios de Otón. Era julio del año 69.

Tito regresaría a Roma en el año 71 tras poner fin a la revuelta judía saqueando Jerusalén. Durante los años posteriores se desempeñó como la mano derecha de su padre ejerciendo el cargo de cónsul en un total de siete ocasiones.

Quedó encargado del cuidado de casi todos los negocios y dictaba las cartas a nombre de su padre, redactando los edictos y leyendo los discursos del emperador al Senado en vez de hacerlo el cuestor, siendo, asimismo, prefecto del Pretorio, funciones todas que hasta entonces sólo se había encargado a caballeros romanos.

Busto de mármol del emperador romano Vespasiano

Durante los primeros años que estuvo en puestos de relevancia al lado de su padre no fue acogido con gran entusiasmo por parte de la sociedad, quienes temían que el ya nombrado sucesor sería otro Nerón. Esto se debía a que se le consideraba una persona cruel e impulsiva, que se distraía con varios vicios y no se rodeaba de las personas más adecuadas.

No obstante, llegó un punto en el que Tito cambió su reputación radicalmente. Se volvió una persona más sensata y paciente, se rodeaba de personajes notables y atendía las peticiones del pueblo como en la ocasión en la que, muy a su pesar, expulsó a su amante de Roma, la princesa judía Berenice, hija de Herodes Agripa I.

Su buena imagen hacia la sociedad romana propició que, en el año 79, a la muerte de su padre, no se encontrará ningún obstáculo para hacerse con el mando. Fue ratificado emperador por el Senado el 24 de junio del año 79, un día después de la muerte de su padre. Era la primera vez que accedía al trono el hijo natural de un emperador anterior.

El inicio de su mandato estuvo marcado por un trágico suceso acontecido en el mismo año 79, poco después de asumir el mando. Tras varios terremotos previos, el Monte Vesubio entró en erupción causando la muerte de varios miles de personas. La erupción duró dos días y dejó a Pompeya y Herculano sepultadas bajo los restos piroclásticos durante siglos.

Joseph Mallord William Turner - 'El Vesubio en erupción'

Las noticias no tardaron en llegar a la capital. El emperador se involucró personalmente en las reparaciones de las zonas dañadas. Fue durante una visita a la zona en el año 80 que la ciudad de Roma sufrió un aparatoso incendio que se prolongó durante tres días. Este acontecimiento fue seguido de un breve episodio de peste. Ante tales calamidades, Suetonio dijo de la actuación del emperador lo siguiente:

«En estas calamidades demostró la vigilancia de un príncipe y el afecto de un padre, consolando a los pueblos con sus edictos y socorriéndolos con sus dádivas».

Envió varones consulares a supervisar las reparaciones en la Campania y repartió entre los damnificados las tierras y bienes de aquellos que habían fallecido sin dejar herederos. Se hizo cargo de fraguar los costes de las reparaciones de aquellos templos y edificios públicos que habían sido dañados por el incendio.

Asimismo, previó a los enfermos de peste todo tipo de ayudas necesarias y castigó a todo aquel que fue corrupto y buscó hacer beneficio mediante el engaño en estos trágicos tiempos.

Para levantar la moral de la sociedad tras estos episodios aprobó la elaboración de nuevas obras públicas como las de unas nuevas termas. Inauguró también antes de estar finalizado el Anfiteatro Flavio, dedicándole unas festividades que duraron cien días y en las que se celebraron multitud de espectáculos en la ciudad para el deleite de la ciudadanía.

«También allí se ofreció el primer día una exhibición gladiatoria y una caza de bestias salvajes, habiendo sido cubierta antes la laguna frente a las estatuas con una plataforma de tablones y soportes de madera a su alrededor. En el segundo día hubo una carrera de caballos y al tercero una batalla naval entre tres mil hombres, a la que siguió un combate de infantería».

Muestran a Vespasiano un modelo de del Coliseo

De la cercanía que muchos historiadores atribuyen a Tito con el pueblo romano destaca esta práctica que según el citado y mencionado Dion Casio Tito practicó durante los días de inauguración:

«Arrojaba al anfiteatro, desde lo alto, pequeñas bolas de madera con diversas inscripciones: unas con algún artículo de comida, otras de ropa, otras con una vasija de plata o a veces de oro, también caballos, animales de carga, ganado o esclavos. Quienes se hacían con una la llevaban a los encargados de la distribución de los regalos, de quienes recibían el artículo nombrado».

El resto de su mandato transcurrió de forma pacífica, mostrándose muy benevolente con sus opositores y sin llevar a cabo ninguna ejecución, como señala el citado Suetonio.

«A dos patricios convictos de aspirar al Imperio, limitase con aconsejarles que renunciasen a sus pretensiones, añadiendo, que el trono lo daba el destino, y les prometió concederles, por otra parte, lo que anhelaban. Envió incluso correos a la madre de uno de ellos, que vivía lejos de Roma, para tranquilizarla acerca de la suerte de su hijo y comunicarle que vivía. No sólo invitó a los dos conjurados a cenar con él, sino que, al día siguiente, en un espectáculo de gladiadores, los hizo colocar expresamente a su lado y cuando le presentaron las armas de los combatientes, se las pasó, tranquilamente, para que las examinasen».

La popularidad de Tito no hacía más que crecer y a pesar de los duros episodios ocurridos poco tiempo atrás, la situación y el bienestar social no dejaban de crecer. No obstante, Tito tuvo que hacer frente a algunas conjuras por parte de su hermano en su contra, aunque siempre le vio como un aliado y su claro sucesor.

Varios autores al narrar su biografía se centran en su carrera militar y en su patrocinio de obras públicas, sin hacer siquiera mención de reformas políticas. Suetonio menciona brevemente algunas de estas realizadas en el año 81.

«Con objeto de refrenar para siempre la audacia de aquellas gentes, estableció, entre otras reglas, que nunca podría perseguirse el mismo delito en virtud de diferentes leyes, ni turbar la memoria de los muertos pasado cierto número de años».

Para sorpresa del pueblo, el emperador falleció el 13 de septiembre del año 81 por unas supuestas fiebres, aunque hay quien señala a Domiciano como responsable bien por haberle envenenado o bien por no haberle propiciado los cuidados necesarios. Enfermó en su camino hacia la tierra de los sabinos tras haber finalizado las fiestas de inauguración del anfiteatro, que consagró junto a las termas al pueblo romano.

Varios relatos narran que en su lecho de muerte dijo tener un único arrepentimiento que por desgracia no llegó a pronunciar. Hay quien especula que fue su trato hacia su amada Berenice, el haber sido tan indulgente con su hermano o la relación que mantuvo con la esposa de este.

Tito murió a la edad de 41 años tras haber sido emperador 2 años, 2 meses y 20 días y fue posteriormente deificado. La noticia del suceso fue recibida con gran pesar tanto por los políticos del Imperio como por la sociedad en general.

Al día siguiente su hermano Domiciano fue nombrado emperador, quien llevó a cabo un gobierno que autores señalaron como tiránico y cruel que se prolongó durante 15 años y que terminó con su asesinato, que puso fin a la dinastía Flavia. Sería recordado como uno de los peores emperadores de Roma, junto a Calígula y Nerón.