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Giulio Romano - Triunfo de Tito y Vespasiano

Triunfo de Tito y Vespasiano, de Giulio Romano (c. 1537)
Museo del Louvre

El legado cultural del emperador Tito Flavio más allá del Coliseo

Con un mandato de tan solo dos años, el emperador Tito Flavio Vespasiano, segundo dirigente de la dinastía Flavia, dejó un importante legado histórico y cultural, desde las termas y el arco que llevan su nombre a óperas de figuras tan célebres como Mozart

El emperador Tito Flavio Vespasiano –conocido como Tito para diferenciarlo de su padre– nació en la ciudad de Roma el 30 de diciembre del año 39, siendo emperador Calígula.

Su padre fue Tito Flavio Vespasiano –conocido simplemente como Vespasiano–, un importante estratega y militar romano que en el año 69 se convirtió en emperador tras expulsar a Vitelio, poniendo así fin a un año de revueltas civiles conocido como el 'Año de los cuatro emperadores' e instaurando de tal modo a la dinastía Flavia en el poder.

Estatua del emperador Tito situada en el Museo del Louvre

Estatua del emperador Tito situada en el Museo del LouvreSailko/Wikimedia Commons

Tras la muerte de Vespasiano en el año 79, su hijo Tito se convirtió en emperador del imperio, lo que supuso la primera sucesión al trono del hijo natural de un emperador anterior. Aunque su mandato duró apenas dos años, hasta el año 81, Tito dejó una gran huella en la capital del imperio, que pasó a manos de su hermano Domiciano.

A pesar de que la inauguración del Anfiteatro Flavio –conocido como el Coliseo por la estatua colosal de Nerón ubicada en sus proximidades– fue el acontecimiento cultural más significativo de su tiempo en el poder, Tito dejó un legado cultural más allá del imponente recinto que había iniciado su padre.

La respuesta a las tragedias del Vesubio y Roma

Unos meses después de heredar el imperio, Tito tuvo que enfrentarse a una verdadera prueba de fuego: atender la tragedia y crisis humanitaria derivada de la erupción del monte Vesubio, que sepultó bajo cenizas y piedra pómez a Pompeya, Herculano, Estabia, Boscoreale y Oplontis.

Pompeya y al fondo el Vesubio

Vista aérea de Pompeya y el VesubioWikimedia Commons

A esta tragedia se sumó, en el año 80, un devastador incendio que asoló la ciudad de Roma durante tres días, mientras Tito se encontraba en la Campania atendiendo los daños ocasionados por el volcán.

Las llamas, según comenta Dion Casio en Historia romana, consumieron importantes edificios públicos: el templo de Serapis, el templo de Isis, el Septa, el templo de Neptuno, los Baños de Agripa, el Panteón, el Diribitorio, el teatro de Balbo, la escena del teatro de Pompeyo, los edificios Octavianos junto con sus libros y el templo de Júpiter Capitolino con sus templos circundantes.

El emperador asumió personalmente la restauración de muchas obras públicas dañadas a partir de sus propios fondos y, en cuanto a la situación en la Campania, repartió las tierras y riquezas de aquellos que habían fallecido sin herederos, designó a supervisores para que dirigieran las obras de las que se hizo cargo y realizó varias donaciones generales de dinero a los afectados.

Estos hechos reforzaron la imagen altruista y solidaria del emperador, contraria a la de emperadores anteriores, de quienes el pueblo romano no guardaba un buen recuerdo. La generosidad de Tito contribuyó a recuperar, en el caso de Roma, el esplendor artístico perdido con el incendio.

Las Termas de Tito

La segunda obra pública más importante que promovió el emperador fueron las Termas de Tito, construidas para levantar el ánimo de la población tras los duros meses en los que se habían sucedido la erupción del Vesubio y el incendio en la capital. Para su ubicación, se eligieron los restos de los baños de la Domus Aurea de Nerón.

Grabado de las ruinas de las Termas de Tito en la Edad Moderna

Grabado de las ruinas de las Termas de Tito en la Edad ModernaWikimedia Commons

Este gran edificio, cuyos últimos vestigios se derribaron a finales de la Edad Moderna, tenía una capacidad monumental para la época. Además de los distintos baños propios de las termas, el espacio contaba con otras estancias como una biblioteca, lo que conformaba un importante espacio de encuentro social.

El Arco de Tito

Finalmente, otra de las construcciones más destacadas relacionadas con el emperador Tito, aunque posterior a su muerte, es el Arco de Tito. Este monumento, que ha perdurado hasta nuestros días, se encuentra próximo al Foro en la Vía Sacra y fue erigido por su hermano y sucesor, el emperador Domiciano, en torno al año 81, meses después de la muerte de Tito.

El Arco de Tito, erigido por orden de Domiciano

El Arco de Tito, erigido por orden de DomicianoWikimedia Commons

Este arco honorífico –que fue la inspiración del Arco del Triunfo de París– se construyó para conmemorar las victorias militares de su padre y su hermano en la primera guerra judeo-romana, así como para honrar la labor que su hermano había hecho por el Imperio.

Aunque Domiciano conspiró contra su hermano en más de una ocasión –es posible que hasta estuviera detrás de su prematura muerte–, era consciente del cariño que el pueblo romano sentía por él, por lo que tras su fallecimiento glorificaba siempre las figuras de su padre y hermano.

Inspiraciones culturales posteriores

Más allá del legado arquitectónico de Tito, es importante señalar que el emperador dejó una huella tan notable en el imaginario colectivo que le valió para servir de inspiración a artistas siglos después de su breve mandato.

El ejemplo más destacado es, sin duda, una de las óperas del célebre músico Wolfgang Amadeus Mozart, La clemencia de Tito, estrenada en 1791. Esta obra profundiza en la misericordia del emperador tras perdonar a quienes habían conspirado contra él.

Retrato póstumo de Mozart 1819

Retrato póstumo de Mozart (1819)

Asimismo, la relación amorosa de Tito con su amante Berenice –una princesa judía, hija de Herodes Agripa I, a quien Tito expulsó de Roma para mejorar su reputación– sirvió de inspiración para varios relatos y obras teatrales, como la tragedia Berenice del dramaturgo francés Jean Racine o Tito y Berenice de Pierre Corneille.

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