Pompeya - Panorama desde las murallas (1870)
Pompeya fue habitada en ruinas tras la erupción del Vesubio hasta el siglo V
Entre las ruinas de la ciudad, los supervivientes regresaron y la ocuparon durante siglos en condiciones impensables
Pompeya resurgió de sus cenizas mucho antes de lo que creíamos. Sepultada tras la erupción del Vesubio en el año 79, el tiempo y la vida volvieron a transcurrir por sus calles, a pesar del estado ruinoso en el que quedó.
Así lo afirma una reciente investigación publicada por el E-Journal degli Scavi di Pompei, donde arqueólogos detallan nuevos indicios desenterrados que confirman que supervivientes y forasteros regresaron a vivir entre los escombros, improvisando una existencia precaria entre las estructuras arruinadas.
En dicho estudio, los investigadores hablan de una Pompeya «gris», pero viva. Una ciudad «improvisada, casi como una favela», que perduró hasta bien entrado el siglo V.
¿Qué pasó con los supervivientes?
Para la mayoría, la historia de la ciudad termina tras la erupción volcánica, que se prolongó durante 18 horas, congelando el tiempo hasta que su descubrimiento y el inicio de las excavaciones en el siglo XVIII reanudan el relato. Sin embargo, este nuevo hallazgo sugiere que la historia del trágico desastre del Vesubio continúa con aquellos que lograron sobrevivir y reconstruir sus vidas.
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Los supervivientes tuvieron que enfrentarse a una realidad demoledora: hogares destruidos, familiares perdidos, economías arruinadas. Aunque muchos empezaron desde cero en otras ciudades —el profesor estadounidense Steven L. Tuck ha logrado encontrar pruebas de más de 200 supervivientes en doce ciudades—, hubo un grupo, con menos recursos, que decidió regresar a lo que quedaba de su hogar.
Un asentamiento espontáneo y desordenado
Los descubrimientos se han realizado en la llamada Insula Meridionalis, dentro del proyecto de restauración y consolidación llevado a cabo por el Parque Arqueológico. Estos nuevos indicios muestran cómo los ocupantes reutilizaron los restos de las viviendas. Así, plantas superiores, parcialmente visibles entre los escombros, se convirtieron en espacios habitables.
Lo que antes era la planta baja de una vivienda terminó transformándose en «bodegas y cuevas, donde se construyeron chimeneas, hornos y molinos», según informa el Parque Arqueológico de Pompeya en una nota de prensa. «Es posible que a los antiguos habitantes se les unieran recién llegados, que no tenían nada que perder. Inicialmente, vivían en una especie de desierto de ceniza, pero pronto la vegetación volvió a florecer», continúa la nota. «Además de un lugar donde vivir, Pompeya ofrecía la posibilidad de excavar bajo tierra, donde podían encontrar objetos valiosos».
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Aquella situación «un tanto improvisada, por no decir anárquica» fue, quizás, la razón por la que el emperador Tito envió a dos antiguos cónsules a la región con la misión de reorganizar las ciudades afectadas. Su objetivo no era solo redistribuir los bienes de los difuntos sin herederos, sino intentar refundar Pompeya y las demás ciudades.
«Sin embargo, el intento fracasó, ya que el sitio nunca volvió a ser el centro vital que había sido antes de la erupción. Más bien, a juzgar por los datos arqueológicos, debió de ser un asentamiento donde la gente vivía en condiciones precarias y sin las infraestructuras ni los servicios típicos de una ciudad romana», apunta el comunicado.
La nueva comunidad había nacido de la necesidad y del abandono, pero eso no «impidió que esta forma de asentamiento continuara hasta la Antigüedad tardía, es decir, hasta el siglo V d. C., cuando, quizás coincidiendo con otra erupción devastadora —conocida como la erupción de Pollena—, fue definitivamente abandonada», recoge el estudio.
Una ciudad sepultada dos veces
La narrativa de una ciudad sepultada y congelada en el tiempo «ha monopolizado la memoria», advierte Gabriel Zuchtriegel, director del yacimiento y coautor del artículo. «En el afán de alcanzar los niveles del 79, con frescos y mobiliario maravillosamente conservados aún intactos, los tenues rastros de la reocupación del sitio fueron literalmente eliminados, y a menudo barridos sin documentación», considera.
Por ello, «gracias a las nuevas excavaciones, el panorama ahora es más claro: la Pompeya posterior al 79 resurge, menos como una ciudad que como una aglomeración precaria y gris, una especie de campamento, una favela entre las ruinas aún reconocibles de la Pompeya de antaño», reflexiona Zuchtriegel.