La reina Victoria Eugenia durante la travesía hacia Nueva York, donde visitará a su hijo mayor, Alfonso de Borbón y Battenberg

Dinastías y poder

Florida, el último destino de un Borbón que pudo ser rey de España

Tras la Revolución castrista de 1959, el sur de Florida acogió a aristócratas y exiliados españoles, entre ellos al Príncipe de Asturias, nacido para ser Rey y que acabaría muriendo, casi en el anonimato, en un hotel de Miami Beach

Durante casi tres siglos, Florida formó parte de la Monarquía Hispánica. Descubierta por Juan Ponce de León en 1513 y convertida en uno de los territorios más septentrionales del imperio español en América, constituyó una pieza estratégica para proteger las rutas marítimas del Caribe y el acceso al golfo de México.

Su importancia militar fue indiscutible. Pero la presión británica, las dificultades para sostener su defensa y, sobre todo, la pérdida progresiva del poder español en América terminaron con su cesión definitiva a los nacientes Estados Unidos en 1821.

Más de un siglo después, aquel territorio que había pertenecido a la Corona española volvía a cruzarse con la historia de los Borbones a causa del primogénito del Rey Alfonso XIII. Mucho antes de convertirse en destino del exilio cubano tras la Revolución castrista de 1959, el sur de Florida acogió a aristócratas y exiliados españoles, entre ellos al Príncipe de Asturias, nacido para ser Rey y que acabaría muriendo, casi en el anonimato, en un hotel de Miami Beach.

Alfonso de Borbón y Battenberg

Alfonso de Borbón y Battenberg, Príncipe de Asturias desde su nacimiento en 1907, era el mayor de los hijos de Alfonso XIII y de Victoria Eugenia. Su vida estuvo marcada por la hemofilia, enfermedad heredada de la rama británica de su madre, nieta de la Reina Victoria, que transmitió la enfermedad por vía femenina a varios de sus descendientes masculinos.

Parece que fue el Infante Fernando de Baviera, médico y esposo de la Infanta Paz, quien primero fue consciente del «mal de la sangre» que afectaba al heredero y se encargó de hacérselo saber a la familia. Desde entonces, el Príncipe Alfonso vivió con ciertos cuidados especiales, pasando incluso temporadas distanciado de la familia en El Pardo para recibir mayor protección médica, aunque tampoco llegó a descuidar sus obligaciones institucionales.

Con la proclamación de la Segunda República en abril de 1931, la familia real española partió al exilio. El Príncipe Alfonso sufría una de sus «crisis sangrantes» cuando salió del madrileño Palacio Real con dirección a El Escorial, donde tomaría el tren con dirección a Francia. Su padre, el Rey, se había marchado de España un día antes desde Cartagena, aunque sin presentar su abdicación. Sí concedió unas declaraciones al diario monárquico ABC.

Desde entonces, se abrió para los Borbones expatriados un periodo de incertidumbre que coincidió con una democracia fallida en España y un tiempo de entreguerras que se debatía entre fascismo y comunismo. Alfonso XIII estableció inicialmente su residencia en Francia y acabó viviendo en Roma junto a sus hijas. La Reina pasó largas temporadas en el Reino Unido hasta que se decidió por Suiza, mientras que el Príncipe de Asturias, debido a su enfermedad, pasaba largas temporadas en sanatorios.

Pero en junio de 1933, el Príncipe Alfonso renunciaba a sus derechos sucesorios para poder contraer matrimonio con una cubana llamada Edelmira Sampedro, que carecía de todo vínculo con familias reales. Su padre, el Rey, aceptó la renuncia y le concedió el título de conde de Covadonga.

Boda de Alfonso de Borbón con Edelmira Sampedro en 1933

La boda, celebrada en Lausana, fue recibida con disgusto por buena parte de la familia. El matrimonio terminó fracasando pocos años después y el antiguo Príncipe de Asturias volvía a casarse, esta vez con Marta Rocafort, también cubana y con aspiraciones artísticas, aunque aquella unión apenas sobrevivió unos meses.

Ya sin responsabilidades dinásticas, Alfonso de Borbón y Battenberg abandonó Europa y se dedicó a viajar y a llevar una vida, al parecer, marcada por los excesos. Algo de ello cuenta María Dueñas en su novela Las hijas del capitán. La Habana y Miami se convirtieron en sus destinos habituales, favorecidos por los vínculos familiares de sus esposas y la creciente comunidad hispana asentada en Florida. Durante sus estancias en Miami Beach, residía en el Hotel Alamac, situado en Alton Road, un establecimiento elegante para los estándares de la época que hoy ya no existe.

El 5 de septiembre de 1938, cuando España se encontraba inmersa en plena Guerra Civil, Alfonso sufrió un accidente de automóvil en Miami. Las heridas no revestían gravedad, pero, debido a la enfermedad, cualquier traumatismo menor podía resultar mortal. Horas después comenzó una hemorragia interna y falleció al día siguiente, a los treinta y un años.

Alfonso XIII no viajó a Estados Unidos para asistir al entierro. Parece que la situación política europea y el exilio se lo impidieron. En España, el periódico del Partido Socialista y portavoz de la UGT, Nuestra Lucha, informaba: «Ha muerto en Norteamérica el expríncipe de Asturias a consecuencia de un accidente de automóvil» (8 de septiembre de 1938).

El funeral se celebró en Miami de manera discreta, lejos del ceremonial reservado a un miembro de la familia real. Quien había sido Príncipe de Asturias era enterrado a miles de kilómetros de su patria, una España que seguía desangrándose en la Guerra Civil.

Durante casi cincuenta años, Alfonso de Borbón y Battenberg permaneció sepultado en el cementerio Woodlawn Park de Miami. En 1985, por decisión de Juan Carlos I, sus restos fueron trasladados al monasterio de San Lorenzo de El Escorial para descansar junto a otros miembros de la dinastía de los Borbones.

El conde de Covadonga reposó durante casi medio siglo en una tierra que había pertenecido a la Corona española hasta comienzos del siglo XIX. Florida, convertida durante el siglo XX en refugio de miles de españoles y, más tarde, de centenares de miles de cubanos exiliados, también fue escenario del último capítulo de quien nació llamado a reinar y terminó enterrado en uno de los antiguos confines de la Monarquía Hispánica.