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La reina Victoria Eugenia, a su llegada a París, el 15 de abril de 1931

La reina Victoria Eugenia, a su llegada a París, el 15 de abril de 1931

Así fue la verdadera salida de España de la reina Victoria Eugenia tras la proclamación de la II República

El viaje no podría iniciarse en la estación del Norte, como estaba previsto inicialmente. Según comunicó Beatriz, a esa hora estaba prevista la llegada del líder socialista Indalecio Prieto, fugado como consecuencia de su implicación en los sucesos de diciembre de 1930

En la mañana del miércoles 15 de abril de 1931, Victoria Eugenia abandonaba España. Tras la proclamación de la II República, el nuevo Gobierno Provisional permitió a la reina unas horas adicionales para organizar la salida con sus hijos. Era poco tiempo para tomar decisiones, pues se vivieron momentos de tensión y desconcierto. La reina salió del país con el príncipe de Asturias, los infantes Jaime, Beatriz, Cristina y Gonzalo. Don Juan, futuro conde de Barcelona, lo había hecho unas horas antes, desde Gibraltar. En ese momento, Alfonso XIII ya había llegado a Francia.

La reina pasó su última noche en España acompañada de sus hijas y de su hijo Jaime, reunidos en el dormitorio del príncipe de Asturias, aquejado de una crisis sangrante. Las ventanas del Palacio Real estaban cerradas para amortiguar los gritos procedentes de la calle, donde muchos madrileños celebraban el cambio de régimen. La propia reina y también la infanta Cristina de Borbón referirán la escena años después: la diferencia entre el ambiente que se vivía en el exterior de palacio, marcado por manifestaciones de júbilo en la cercana Puerta del Sol, y la atmósfera de las habitaciones reales reflejaba el vuelco que se había producido en sus vidas en apenas un día.

A primera hora, Beatriz de Orleans, Bee, prima de Victoria Eugenia y muy cercana a la Familia Real, accedió al Palacio Real tras una noche de espera en su residencia de Quintana. Había decidido permanecer en Madrid mientras su esposo, el infante Alfonso de Orleans, acompañaba al rey Alfonso XIII hacia el exilio. Beatriz llegó informada de que el rey había embarcado en Cartagena rumbo a Marsella alrededor de las dos de la madrugada, poniendo así fin a un reinado que había comenzado en mayo de 1886, con su nacimiento.

Victoria Eugenia afrontó la situación preocupada, pero con determinación. Bajo la supervisión de Beatriz, la reina reunió las joyas y objetos de valor que podrían resultar útiles en el extranjero, incluidas piezas emblemáticas como la tiara de Ansorena que el rey le había regalado por su boda, el collar de chatones o la corona de Chaumet. Era una medida preventiva habitual en contextos de exilio: la reina tenía muy presente el fatal recuerdo de los rusos exiliados y, sobre todo, el miedo a un destino similar al que había sufrido su prima la zarina Alejandra junto al resto de la Familia Imperial.

La planificación de la salida incluyó un cambio imprevisto: el viaje no podría iniciarse en la estación del Norte, como estaba previsto inicialmente. Según comunicó Beatriz, a esa hora estaba prevista la llegada del líder socialista Indalecio Prieto, fugado como consecuencia de su implicación en los sucesos de diciembre de 1930, y otros líderes republicanos. Esto provocaría multitudes para su recibimiento y hacía imposible garantizar la seguridad de la reina y de sus hijos en la estación de ferrocarril. El Gobierno Provisional sugirió entonces un desplazamiento discreto hacia El Escorial, donde sería más seguro tomar un tren con destino a la frontera francesa.

La reina se vistió de forma sobria, con un traje sencillo y un abrigo azul. Sus hijas, Baby y Crista, estuvieron cerca de ella, pero afectadas por la situación. Su hijo Juan había telefoneado la noche anterior para avisar de que se encontraba ya en Inglaterra tras partir desde Gibraltar, convirtiéndose en el primero de los miembros de la familia en abandonar el país tras los sucesos del 14 de abril.

La Reina Victoria Eugenia, sentada en una roca en Galapagar, camino del exilio

La Reina Victoria Eugenia, sentada en una roca en Galapagar, camino del exilioFundación Hispano Británica

Un par de enfermeros trasladaron en camilla al príncipe de Asturias hasta el ascensor que conducía a la llamada puerta incógnita, una salida discreta de palacio que se utilizaba en ocasiones extraordinarias. En los jardines aguardaban varios automóviles de la casa Packard. En el primero subieron la reina y sus hijas. El resto lo ocuparon los demás miembros de la comitiva. Debían salir del centro de Madrid sin llamar la atención y avanzar hacia la sierra antes de que aumentara el movimiento en la capital.

Efectuaron una breve parada en la zona de Galapagar, donde algunos simpatizantes monárquicos se acercaron a saludar a la reina. Entre ellos se encontraba Pilar Primo de Rivera, como puede comprobarse en una fotografía publicada en el ABC. El encuentro fue breve y formal. Victoria Eugenia, cigarrillo en mano, se sentó sobre una roca y charló con el grupo.

La llegada a la estación de El Escorial se produjo poco antes de las once de la mañana. Allí se encontraban otros miembros del gobierno saliente, entre ellos el conde de Romanones, Álvaro de Figueroa, muñidor del último gobierno de Alfonso XIII. La reina y su familia accedieron al coche-salón reservado para ellos; primero acomodaron al príncipe de Asturias y después organizaron el espacio para el resto de la familia.

Fue en ese momento cuando se produjo la despedida entre Victoria Eugenia y Beatriz de Orleans. Aunque Bee había desempeñado un papel fundamental en la logística de la salida, gracias a su carácter impetuoso, decidió quedarse en España junto a su hijo Ataúlfo para atender a la anciana infanta Isabel, la Chata, ya muy enferma y a la que todavía no habían comunicado la fatal noticia del fin de la monarquía. La reina abrazó a su prima y dirigió un gesto de despedida hacia los miembros de su entorno que la habían acompañado.

A las 11:50, la locomotora inició la marcha hacia Hendaya. Victoria Eugenia cerró los cristales una vez el tren comenzó a moverse. Cuentan las crónicas que el silencio en el andén fue significativo: la partida se desarrolló sin incidentes, sin discursos y sin público.

Victoria Eugenia no regresó a España hasta marzo de 1968, cuando asistió al bautizo de su ahijado y bisnieto, el hoy rey Felipe VI. Tenía ochenta años.

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